Un Conejo Blanco | Montevideo
@|Evidentemente, la conjunción político-sindicalista del PIT-CNT y el FA está sufriendo una crisis de responsabilidad.
Obnubilados por la pérdida del poder han pasado a ocupar un papel que deberían tener conocido, pues fueron opositores durante 35 de sus 50 de vida, gobernando 15 con mayorías parlamentarias, a su capricho, proponiendo y obteniendo leyes que sin ser prioritarias respondían a la planificación estratégica de sus dogmas ideológicos.
Así fueron dejando de lado temas acuciantes que requerían la atención imperiosa por su innegable “interés nacional”, quedando omitidas, por desinterés, olvido u omisión, el estudio de leyes impostergables.
El gobierno de coalición, desde la promulgación de la LUC y posteriormente atendiendo uno a uno esas omisiones, se abocó a su atención para luego de largas discusiones alcanzar la aprobación de leyes que, atendiendo esos temas, ordenaban y mejoraban el funcionamiento socioeconómico de la sociedad.
Y siempre con la cerrada negativa de esa oposición, sin siquiera pensar que si se actuase con mayor racionalidad, podrían estar trabajando en mejorar la calidad de vida de todos los uruguayos; como el estudio de nuevas leyes o la mejora o complementación de algunas actuales para proponerlas en el Parlamento. O si se diese una alternancia en el gobierno, incluirlas en su plan de gobierno.
Sin embargo, nada de eso sucede pues es más fuerte su rencor social (que íntimamente los domina), la sesentista lucha de clases que el sindicalismo exacerba y alimenta, o la necia nueva versión de los “cuna de oro o malla oro” con que las minorías radicales justifican su ideología.
Me provoca temor pensar que nuestro país pueda sufrir un colapso al ser dominado por populismos destructivos, como el que está sufriendo nuestra vecina Argentina y la ideología y actitudes del PIT- FA, nos hacen temerlo.
La ciudadanía espera de sus políticos actitudes constructivas que de alguna forma mejoren su calidad de vida, así como de quienes deban administrar con responsabilidad el dinero del erario público.
El FA debería pensar en ello si aspira a ganar las próximas elecciones, con lo cual satisfaría a sus adherentes y beneficiaría a toda la sociedad. Su actual actitud no es lo que las mayorías esperan de una democracia republicana, en la cual gobierno y oposición, defendiendo sus ideas, trabajen con honestidad para llevar el país a un futuro mejor. Y no es con negaciones o mezquindades que ello se pueda lograr.
Por lo expuesto, sería deseable soplase una ráfaga de lucidez que, entendiendo los deseos ciudadanos, diese a su colectividad una fórmula de cambio, si no de apoyo, consenso o positivismo por lo menos de convivencia dejando hacer, y sin arriar sus banderas, respetando la alternancia, actuar con la dignidad ética de la democracia.