Un Conejo Blanco | Montevideo
@|Cuando el actual gobierno asume luego de las elecciones, el panorama político ofrecía una singularidad. Al desaparecer de la escena el candidato frenteamplista Martínez, luego de ser derrotado en las presidenciales y más tarde en las municipales, el partido de oposición queda acéfalo o quizás descabezado.
El Partido Nacional lógicamente tiene como líder al electo Presidente, el Partido Colorado a Julio María Sanguinetti, el Partido Independiente indiscutiblemente a Mieres y Cabildo Abierto a Manini.
El Frente Amplio, en tanto, ante la deserción de Martínez, se siente desorientado y sin una figura preponderante con un liderazgo que oriente el rumbo, encara cual toro de lidia, un programa de ataque sistemático contra todo lo que propone o lleva a cabo el gobierno de coalición.
Es así que se turnan en la vana crítica destructiva Bergara, Carrera, El “Pacha’’, Olesker, Andrade, Michelini, Astori (hasta que su salud se lo permitió) o Núñez (mientras tuvo credibilidad); pero sin destacar un político referente con carisma y personalidad para actuar como interlocutor válido ante el gobierno electo.
Tras casi 2 años de reiteradas actitudes, sin alcanzar logros esperados, perdiendo el referéndum por la LUC y frustradas todas sus pretensiones populistas, agotados los pretendidos retadores por desgaste de su reputación, resuelven contratar a una figura dispuesta para actuar en representación del partido en la preestablecida y metódica prédica opositora contra el gobierno actuante. Y eligen entonces una persona que no tiene mucho para perder en su simple papel de vocero, a cambio de una retribución económica que le compense el poco agradable papel que deberá representar.
Y la estratégica procesión, sigue su marcha. Ahora con la persistente diatriba negativista del vocero contratado, mientras su partido persiste acéfalo, sin una figura de peso que lo encabece, añorando tal vez a Seregni, Tabaré y Mujica, en su momento líderes indiscutidos, que más allá de sus aciertos o sus errores supieron ser cabezas de su partido, cuando el FA era una coalición confiable y ordenada.
Hoy el panorama político, mirado objetivamente, nos muestra en el gobierno a una coalición republicana, encabezada sabiamente por un Presidente con estatura de Estadista, firme en sus convicciones y fiel a su programa. Y enfrente, una oposición populista, heterogénea mezcla de política, ideología y sindicalismo, acéfala o descabezada, intentando ocultar (con frazada corta), celos, envidias y codiciosas narcisistas ambiciones entre sus integrantes; inconsolables ante la pérdida del poder y poseídos por su recuperación, aún al precio de la mentira, el engaño y la pérdida de la dignidad y la ética democrática.