Roberto F. Oliver Riveros | Montevideo
@|En marzo de 1951, entré al IAVA por la puerta de acceso de Eduardo Acevedo, como alumno a cursar 1er. año de Preparatorio. Un señorial hall de acceso con una hermosa escalera de mármol y hermosas molduras en sus paredes.
En 1992, transité otra vez por esa entrada el día que me despedí de funcionarios y colegas por acceder a la jubilación como docente.
El hall mantenía su aspecto señorial, sólo mostraba un desgaste en la escalera, producto del tránsito de miles de estudiantes y docentes.
Durante esos años el acceso por la calle Rodó no estuvo nunca habilitado.
Afirmar que esa entrada fue refugio de estudiantes es un poco exagerar y desconocer la verdadera historia de la resistencia de los jóvenes y sus manifestaciones durante esos años; el Instituto siguió funcionando y el acceso siempre fue por Eduardo Acevedo. Por él entré y salí de dar mis clases.
Sería de interés, por la verdad, que se aclarara en qué momento se entregó esa entrada a los estudiantes y cómo se gestionó esa cesión.