Dr. Carlos Sarroca Solé | Montevideo
@|Al odio. Sus raíces entroncadas al enfrentamiento clasista, ¿a dónde llevan? A implantarlo, destruyendo la democracia. Basta atender actitudes, dadas con el brazo extendido, el puño cerrado y el odio en sus caras. Complacientes en justificar las drogas y prácticas violentas. Así también el sexo se transforma en “género”, lleno de vericuetos e interpretaciones inentendibles. Se van sumando, a su fin, la decadencia intelectual. No existe la lógica, sino el grito de viejos eslóganes vacíos, con la idea de agregar leña al fuego.
Si se pretende un buen futuro en lugar de seguir igual, ¿quiénes son esos oponentes?
Buena parte, sujetos cómodos con empleos inamovibles, problema endémico del resentido social que nada hace, ni por sí mismo. Manera de incentivar al vago. Suficiente con recordar los carros tirados por caballos, el limosnero vagando, o con un trapito en las esquinas; finalmente calificados “trabajadores”. Una táctica para disfrazar la pobreza intelectual y social, desdibujando la caída del trabajo en general y los rehenes a quienes adoctrinan. Pero, ¿qué hay de producir?
El trabajador, forzosamente mantiene el desquicio nutriendo la desgracia, ya que esos gastos y quienes lo pagan no cuentan. Pan y circo es igual a votos.
Una situación político/ideológica de mantener condiciones miserables, fundamento para volver al poder. Hoy, el 95% de la población carcelaria es analfabeta. ¿Se pensó cómo se llegó?, ya que no nació de un día para otro.
Para evitar ese odio el progreso es la vía, pero el tiempo corre en contra favoreciendo a quienes quieren hundir en la inacción a la población.
No es pedir más sino dar más y mirar adelante; no aprovecharse de las flaquezas humanas. Terminar con la novela. La historia está llena de esos avatares que solo finalizan con la concordia y el trabajo eficiente.
Los educadores venidos de esos tiempos, ¿tienen capacidad y deseo de enfrentar el desafío del presente?, ¿o son necesarios mejores profesionales en la enseñanza? No es más plazas, huelgas y pedir, sino demostrar que aquí también se puede, cumpliendo.
En realidad, no priorizar la enseñanza es un delito ya que daña a la nación profundamente en su presente y futuro.
Es el pueblo quien quiere el progreso, no el circo menesteroso de ideólogos que ocultan su odio a la Patria Oriental. ¡Basta de mentir, a trabajar!