María Guillermina Coolighan | Montevideo
@|Leyendo el editorial del Dr. Leonardo Guzmán, siempre un deleite para los lectores por su excelente manejo del idioma español así como también por su rico y amplio vocabulario, titulado “A 90 años de Brum”, me gustaría, aparte de felicitarlo por ello, hacer algún comentario a partir del último párrafo del mismo.
En él, el Dr. Guzmán señala textualmente: “Si debemos rescatar lo que Brum nos enseñó! No murió en vano!”.
El artículo en cuestión discurre sobre la necesidad de volver a la concordia, al debate profundo, a las batallas de ideas para ser nuevamente un pueblo inspirado por el ideal de justicia y no encharcado en discusiones vanas, vacías, guerras de clases, etc.
Discrepo lamentablemente con el Dr. Guzmán cuando expresa que Brum no murió en vano.
Ojalá pudiéramos decir que es así. No lo veo claro por el momento. Por tomar solamente un ejemplo sin mayor importancia en lo que hace a nuestra sociedad; ¿cómo es posible que ante la realización de un partido de fútbol entre los llamados “grandes” de nuestro país, Nacional y Peñarol en este caso, se haya discutido y analizado durante días y días sobre si podrían las dos hinchadas asistir a la fiesta y convivir en paz? Dejó el fútbol de ser una fiesta para convertirse en un escenario peligroso, al cual asistir con la familia o en soledad; ¿puede devenir un riesgo demasiado grande para enfrentar?
Si este pequeño ejemplo y que por supuesto y con prudencia se dirimió por la no asistencia de los hinchas del cuadro rival, ¿qué podemos esperar en otras áreas de la vida cotidiana? ¿Cómo es que llegamos a esto? ¿Cómo es posible que estudiantes que asisten a los liceos con el afán de estudiar y superarse, sean agredidos o se provoquen y peleen con violencia entre ellos por algo, seguramente, menor?
¿Desde cuándo perdimos, como expresa el Dr. Guzmán, la necesidad de rescatar el espíritu y la función de pensar?
Urgen soluciones. Como escuché decir estos días a alguien vinculado al quehacer docente, la violencia no está en los liceos, está en las familias, en las calles, en el fútbol y hasta ha llegado al basquetbol en donde lo último que se comenta es cómo jugaron los deportistas y lo primero, la guerra entre las hinchadas.
Por todo ello y muy a mi pesar porque, sinceramente quiero mirar “el vaso lleno”, hoy pienso que Brum, por lo que está a la vista, sí murió en vano.
Entreguemos cada uno desde el ámbito en el que le toque actuar lo mejor de nuestros valores para servir de ejemplo y faro; y frenar estas situaciones no deseadas por la inmensa mayoría y que terminan muchas veces en tragedias irredimibles.
No todo está perdido si el compromiso se hace carne en todos nosotros y luchamos para ello. Que la inmolación generosa del Dr. Brum no sea en vano. Por ahora, los hechos no auguran lo que el Dr. Guzmán proclama…