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190 años después...

Adrián Antes | Montevideo
@|Los partidos Nacional y Colorado hunden sus raíces en el siglo XIX y forman parte esencial de la construcción histórica del Uruguay. Figuras como Fructuoso Rivera, Manuel Oribe, Timoteo Aparicio, Aparicio Saravia y José Batlle y Ordóñez, entre tantas otras, desempeñaron un papel decisivo en la formación de nuestras instituciones, nuestras tradiciones políticas y, en definitiva, de la democracia uruguaya.

Pero reconocer y honrar esa historia no significa quedar atados indefinidamente a ella. Aquellos hombres, aquellas luchas y aquellas circunstancias pertenecen al patrimonio histórico de la República. Cumplieron su función en su tiempo. Hoy estamos en 2026, enfrentados a una realidad política, económica y social profundamente diferente.

La política es dinámica. Los partidos, las ideas y las sociedades evolucionan. Incluso en democracias históricas como la de Estados Unidos, los partidos Demócrata y Republicano actuales son profundamente distintos de aquellos que existían en sus orígenes. Lo mismo ha sucedido en Europa y en buena parte del mundo: las antiguas divisiones políticas han ido transformándose a medida que cambiaban las sociedades y aparecían nuevos desafíos.

Desde mi perspectiva, la gran discusión política contemporánea se encuentra fundamentalmente entre dos concepciones diferentes de la sociedad y del Estado: por un lado, aquellas que depositan en el Estado una responsabilidad creciente sobre la economía y la vida social; por otro, aquellas que defienden la libertad individual, la iniciativa privada, la propiedad, la responsabilidad personal y un Estado limitado a aquellas funciones que verdaderamente le corresponden.

Es dentro de esta segunda tradición —la tradición liberal— donde entiendo que deberían reencontrarse las fuerzas políticas uruguayas que comparten esos principios.

Si quienes discrepamos con el actual rumbo socialista del gobierno aspiramos a ofrecer una alternativa real en las elecciones de 2030, considero necesario superar definitivamente divisiones partidarias que tuvieron enorme importancia histórica, pero que hoy pueden resultar insuficientes para interpretar los desafíos del presente.

Esto no implica negar la historia del Partido Nacional ni la del Partido Colorado. Por el contrario: significa reconocer que ambas colectividades contribuyeron decisivamente a construir la República y que precisamente por ello deberían ser capaces de dar un nuevo paso histórico.

Uruguay necesita, a mi juicio, una gran fuerza liberal y democrática capaz de reunir a quienes, provenientes de diferentes tradiciones partidarias, comparten determinados principios fundamentales: respeto irrestricto por la democracia republicana, separación de poderes, libertad individual, propiedad privada, iniciativa empresarial, responsabilidad fiscal, igualdad ante la ley y limitación del poder del Estado.

Para alcanzar ese objetivo será necesario dejar de lado intereses menores, cálculos electorales y la defensa de cargos legislativos, institucionales o administrativos. La discusión debe estar por encima de las conveniencias personales y partidarias.

Las nuevas generaciones no deberían sentirse obligadas a reproducir enfrentamientos políticos heredados del siglo XIX. Deben conocer aquella historia, respetarla y comprenderla, pero también sentirse libres para construir las herramientas políticas que exige el siglo XXI.

Por eso entiendo que ha llegado el momento de pensar en una nueva etapa: una fuerza política amplia, liberal, republicana y democrática, capaz de integrar a ciudadanos provenientes del Partido Nacional, del Partido Colorado y de cualquier otra corriente que comparta esos principios. La historia debe ser recordada y honrada. Pero el futuro debe construirse mirando hacia adelante.

Y si quienes defendemos una concepción liberal de la sociedad pretendemos presentar en 2030 una alternativa sólida frente al socialismo y al populismo, considero que esa alternativa deberá construirse alrededor de un proyecto común, con una identidad política clara y con la capacidad de unir, bajo un mismo lema, a quienes compartimos una misma concepción fundamental de la libertad y de la República.

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