Estamos ya prácticamente en un período preelectoral, es decir, tiempo en el cual la dinámica de la política pasa a estar influenciada o teñida por preocupaciones electorales. No han sido formalmente proclamados todos los posibles concurrentes a las internas pero ya se sabe quiénes serán y son visibles los aprontes.
Paralelamente en el tiempo se han desatado algunos conflictos sindicales de características singulares. La primera, que esos conflictos se dan en dos empresas del estado, más que a nivel de empresas particulares de los diversos ramos. La segunda, que esos conflictos en OSE y en Ancap no estallaron por reivindicaciones laborales propiamente tales sino por oposición a políticas de estado en ambas empresas públicas, es decir, asuntos que no son de competencia sindical. En un caso el emprendimiento Arazatí y en el otro la decisión sobre la planta de pórtland de Paysandú.
No es un invento sacado de la manga sospechar que, dada la inminencia de la campaña electoral y siendo que el presidente del Frente Amplio es un dirigente sindical, algunas conversaciones y alguna coordinación se esté manteniendo entre ambas dirigencias, la sindical y la política.
Podría ser que, en la cabeza de algunos dirigentes de ambos lados, el político y el sindical, apareciese como electoralmente prometedor para el Frente el hostigamiento al gobierno: un gobierno acorralado, a la defensiva y apaleador (en sentido real o figurado) se va a desprestigiar frente al pueblo, va a ser menos atractivo electoralmente. Esa es la suposición.
Este cálculo electoral -que sin ser muy bicho parece probable- va a terminar siendo un resonante tiro por la culata: va a terminar perjudicando al Frente Amplio y favoreciendo a sus adversarios. En estos tiempos que corren no va a resultar un factor de atracción electoral la defensa de una planta de pórtland que da pérdidas siempre y beneficios nunca, ni la oposición a solucionar rápido y definitivamente el problema del agua en Montevideo.
Pero, además, un sindicato como el de Ancap, que sabotea la empresa, que ha dicho que no colaborará en las operaciones de necesario service de la planta, lo cual generará pérdidas y riesgos, no representa un atractivo del que se pueda esperar aprobación y votos. Tampoco resultará una máquina de atraer votos un sindicato como el de OSE, cuya dirigencia se expresa tirando bombas de humo adentro del local y negándose a hacer horas extras en la emergencia hídrica que sufre todo Montevideo.
En otras épocas y otras circunstancias esta política de confrontación sin medir consecuencias dio el resultado que esperaban sus promotores: hoy los tiempos son otros y va a ser contraproducente, va a ahuyentar votos, sobre todo aquellos votos no cautivos, flotantes, que desconfían de los extremos y son, en definitiva, quienes deciden el resultado final de las elecciones. El Uruguay demostró en la epidemia del Covid que aprecia a gobernantes y políticos serios y tiende a desconfiar de los apurados en cobrar al grito o medrar con las desgracias. Lo registraron las encuestas.
Carolina Cosse va a estar encantada en la estrategia conjunta de agitación sindical. En la interna le va a ir bien. Orsi, que es otra cosa, sabe que tiene que mostrar otra cara, pero no tiene tanto temperamento y va a terminar cediendo a la estrategia planteada.
Esas coincidencias entre la dirigencia sindical y la dirigencia frentista terminarán siendo electoralmente beneficiosas para el Partido Nacional, para Manini, y para el Partido Colorado. Lo vamos a ver.