Sobran advertencias

Vivimos tiempos de alta complejidad y enormes desafíos.

El conocimiento científico, como nunca antes, se ha encaramado como un pilar fundamental, sostén de la planificación y la gestión de nuestros países.

Por eso debemos estar muy atentos a las advertencias que emiten los organismos de la ONU.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) presentó el informe “El estado del clima en América Latina y el Caribe”. En él destaca que los fenómenos meteorológicos extremos y los choques climáticos se están agravando en la región, acelerando el calentamiento a largo plazo y elevando lentamente el nivel del mar.

Los hechos demuestran que las sequías, las inundaciones, los deshielos de los glaciares, los incendios forestales, los ciclones se presentan con mayor frecuencia. Son manifestaciones cada vez más obvias en la región latinoamericana y caribeña, encendiendo las alarmas por sus elevados impactos sociales, económicos y ambientales.

La OMM propone actuar sobre lo que considera las áreas prioritarias: la agricultura, la seguridad alimentaria y la energía. De esa manera tratar de desactivar un círculo vicioso que retroalimenta la aceleración del calentamiento global en una zona del planeta especialmente vulnerable a la crisis climática (la nuestra).

Debido a la histórica sequía que ha puesto en jaque a nuestro país nos hemos interesado más en conocer los fenómenos de El Niño y La Niña. Son dos eventos sucesivos cuya génesis se ubica en las aguas superficiales del océano Pacífico a muchísimos kilómetros de nuestro país. El primero calentándolas -causando lluvias intensas en una amplia región de Sudaméri-ca-, el segundo enfriándolas -provocando sequías. Suelen repetirse cada dos años o más y su duración normalmente varía entre un año o dos.

Estos fenómenos son independientes del calentamiento global, el cual está en permanente ascenso debido a las actividades humanas desplegadas a lo largo y ancho del planeta. Pero, para desgracia de las comunidades, sus efectos adversos se suman.

Los pronósticos de la OMM son desalentadores. Predice que en las próximas cuatro décadas se van a producir eventos climáticos cada vez más intensos y frecuentes en América Latina y el Caribe. Por lo tanto, insiste en subrayar la importancia de que todos los países de la región encaren programas de adaptación al cambio climático más serios y comprometidos. Deben instalar y fortalecer sistemas de alerta temprana, capaces de detectar los múltiples peligros que la situación entraña, incluyendo los riesgos meteorológicos, hidrológicos, geofísicos y oceánicos.

Tener éxito significa prever y minimizar el impacto de estos fenómenos en la agricultura, el transporte, la salud pública, el sector energético y en los ecosistemas. No debemos caer en el engaño de que estas advertencias puedan resultar exageradas, debido a que hace un tiempo las venimos escuchando. Hasta los hechos hablan por sí mismos y en la misma dirección, demostrando comportamientos extraordinarios de los eventos naturales.

Debemos tener muy presente que adaptarnos a la nueva realidad puede salvar vidas. Pero es seguro que la calidad de nuestro futuro -a corto y mediano plazo- dependerá de cuán en serio nos tomemos este problema.

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