Siria está girando entre dos vidas a contramano

De joven, uno era taciturno, hablaba poco y en tono amable, estudiaba mucho y no se interesaba en la política, mientras que el otro era un ferviente islamista que soñaba con restituir a Siria el territorio que Israel le había arrebatado en la Guerra de los Seis Días.

Bashar al Assad estudió medicina y se radicó en Londres a trabajar como oftalmólogo. En cambio Ahmed al Shara fue a Irak y, tras la caída de Saddam Hussein, fue reclutado por Abú Musab al Zarqawi convirtiéndose en miembro de Al Qaeda Mesopotamia y en jihadista en lucha contra norteamericanos y chiitas.

Cuando murió su hermano mayor en un accidente automovilístico, su padre, Hafez al Assad, le ordenó regresar a Siria a prepararse para ser su sucesor, al haber muerto el primogénito. Bashar se resistió, no quería gobernar.

Los sirios lo conocían poco, pero tenían de él un buena imagen, que contrastaba con la de su hermano Bassel, presuntuoso y agresivo como el padre.

Hafez al Assad le impuso a su hijo abandonar la medicina y volver a Damasco para formarse como futuro dueño del poder. Bashar debió regresar y, al morir el dictador, asumió la presidencia.

Al principio impulsó reformas democráticas y liberó presos políticos, pero la llamada “Primavera de Damasco” fue obstruida por la nomenclatura que rodeaba a su padre, planteando que la democracia llevaría al poder a la mayoritaria etnia sunita, y ésta se tomarían venganza con la minoría alauita, a la que pertenece el clan Assad y el régimen creado entre 1970 y 1971.

Bashar al Assad debió conformarse con reformas económicas que terminaron con el estatismo de sistema de planificación centralizada impuesto por su padre, pero en lo político terminó siendo un dictador, o la máscara con rostro amable de una brutal dictadura.

La duda que deja su caída es si ese joven taciturno que atendía pacientes en una clínica de Londres fue realmente quien ordenó las represiones que hicieron correr ríos de sangre para sofocar la “Primavera Árabe”, o si la nomenclatura que manejaban el ejército y la mujabarat (aparato de inteligencia) logró encapsularlo hasta que quedó desconectado de la realidad, viviendo un universo paralelo.

Al menos eso sugiere el hecho de que no le hicieron nacer canas en el pelo ni los peores momentos de la guerra civil, cuando a su régimen lo rescataron los bombarderos rusos, los comandos iraníes del general Qassem Soleimani y los combatientes de Hezbollah.

El hecho es que con Bashar al Assad hubo igual o mayor cantidad de asesinatos, masacres y torturas que con su sanguinario padre.

En 1982, Hafez al Assad aplastó a sangre y fuego la rebelión sunita en Hama. El creador del régimen era tan brutal que bombardeó el feudo de Rifaat al Assad, su propio hermano en Latakia, cuando lo enfrentó reclamando más cuotas de poder.

Superar tanta bestialidad parecía difícil. Pero lo hizo el oftalmólogo de buenos modales que regresó de Londres con intenciones democratizadoras y quedará en la historia como un feroz dictador.

A contramano de Bashar marchó el jihadista que en Irak fue reclutado por Abú Mussab al Zarqawi, lugarteniente de Osama Bin Laden en Afganistán.

También pasó por las filas de ISIS, la milicia que grababa videos decapitando gente encadenada y arrojando homosexuales de terrazas de edificios, antes de regresar a su país para comandar Jabhat al Nusra, el brazo de Al Qaeda en Siria.

En 2016, Abú al Golani rompió con Al Qaeda y cambió su discurso ultraislamista por una posición tolerante y moderada. En pocos años pasó de promover limpiezas étnicas contra alauitas, kurdos, drusos, jazidíes y cristianos, a garantizarles paz y convivencia. También pasó de despreciar a Occidente, a Israel y a Turquía, a garantizarles buenas relaciones con la Siria pos Assad.

La metamorfosis incluyó volver a su nombre real, Ahmed al Shara, ya que Al Golani hace referencia a las Alturas del Golán, el territorio sirio donde vivía su familia y debió abandonar en 1967, cuando fue ocupado por Israel.

¿Puede alguien que usó como seudónimo una suerte de declaración de guerra a Israel, garantizar convivencia al Estado judío?

Se sabrá en los próximos capítulos de una trama colmada de giros inesperados y sorprendentes.

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