Sergio Abreu
Sergio Abreu

Elecciones en América

México celebra hoy sus elecciones en un escenario marcado por la vecindad. La situación política en frontera, la división de las familias de inmigrantes y la relación comercial que registra que más del 80% de las exportaciones mexicanas van a los EE.UU., son temas que afectan la relación bilateral con el vecino del norte. La actitud del presidente Trump se resume en desprecio, discriminación y persecución a los mexicanos en un nacionalismo extremo con fines electorales.

Andrés Manuel López Obrador es el candidato con mayores posibilidades de ser electo Presidente; su partido, el Morena, una segunda escisión del histórico PRI, no es la primera vez que lo postula a la Presidencia: AMLO tiene un discurso populista antisistema, es crítico de la apertura comercial del Nafta y cuestiona a la inversión extranjera y a las grandes empresas y empresarios; promete como lo han hecho todos antes luchar contra la corrupción y el narcotráfico.

México fue gobernado por el PRI durante casi un siglo y por el PAN doce años seguidos hasta el 2012; el voto popular colocará en Los Pinos un nuevo gobierno comprometido con propuestas que para cumplirse requerirán mayorías parlamentarias que las respalden. Una cultura del acuerdo que tiene como enemiga, entre otras cosas, la trágica realidad que arroja la muerte de 132 candidatos asesinados por la corrupción y la intolerancia. Esa inseguridad va camino a condicionar la vida institucional de México en todos sus aspectos si el nuevo gobierno no logra el apoyo político para erradicar el doble discurso.

Por otro lado, la elección presidencial en Brasil tendrá lugar, si se pasa a una segunda vuelta, el 7 de octubre. La situación política y económica del gran vecino es frágil, aunque el tema que predomina es la corrupción y sus estragos extendidos a todo el sistema; desde que volvió la democracia dos presidentes fueron destituidos luego de ser acusados por corrupción ante el Senado; empresarios y políticos de todos los partidos fueron procesados y condenados por delitos cometidos contra la administración pública.

El "lava jato" y otros escándalos llevaron a la cárcel por acción de la Justicia, a ministros, legisladores, gobernadores y altos jerarcas, entre los que se destacó José Dirceu, exguerrillero, fundador del Partido de los Trabajadores y Jefe de Gabinete de Lula. Dirceu, con su nueva cara producto de una cirugía plástica en Cuba, fue procesado y condenado a más de quince años de prisión; y según se ha sabido ¡hace cinco días se encuentra en libertad!

Las Fuerzas Armadas brasileñas gozan de una buena imagen en la opinión pública, entre otras razones, porque son la columna histórica que preserva la integridad territorial del Brasil. Eso explica que un candidato como Jaír Bolsonaro (ex capitán paracaidista) en búsqueda de mayor apoyo electoral reivindique el gobierno militar y prometa ser "du-ro" con todos los corruptos sean políticos o empresarios.

También da sentido a que la candidata de izquierda Marina Silva, una afrobrasileña ex ministra de Medio Ambiente de Lula, tenga posibilidades de llegar a la segunda vuelta denunciando la corrupción y la conducta de los principales dirigentes del Partido de los Trabajadores.

De todas formas, tanto Jair como Marina necesitan saber, junto a los demás candidatos como Ciro Gómez y el gobernador de San Pablo Geraldo Alckmin, si Luiz Inácio Lula da Silva, puede ser candidato. Un tema en manos de la Justicia y del Supremo Tribunal Electoral.

Más al Pacífico, las incer- tidumbres del continente aumentaron con el resultado de las elecciones en Colombia. Iván Duque fue electo Presidente con el apoyo del expresidente Álvaro Uribe, ya anunció que "va a alterar el proceso de Paz con las FARC" y que su gobierno tendrá "tolerancia cero" con el gobierno venezolano del Maduro; a esto se agrega la confirmación de que el narcotráfico se extendió a las regiones que dejaron libres la guerrilla y el ejército y que aquel tiene conexiones con importantes sectores de las Fuerzas Armadas Bolivarianas.

En el Caribe hubo elecciones en Cuba y Venezuela dos regímenes autoritarios enemigos del pluralismo político. El primero, de partido único, eligió como Presidente a Miguel Díaz Canel poniendo en juego la "mosqueta" institucional castrista; el segundo impulsó la reelección del presidente Maduro a pesar de que el fraude electoral fue denunciado y la comunidad internacional no reconoce los resultados.

Finalmente, el presidente Ortega que ganó las elecciones con su esposa de vicepresidente, ha demostrado ser un crudo fascista violador de los derechos humanos. Su ex compañero sandinista, el escritor Sergio Ramírez se le enfrenta, la Iglesia intenta mediar y hasta los emblemáticos cantores populares Mejía Godoy cerraron su popular casa "llenos de horror ante el asesinato de más de 200 hermanos nicaragüenses". Ortega alcanzo una indecente fortuna y compite con el régimen de Maduro por el número de presos políticos, desaparecidos, muertos y heridos acumulados por sus respectivos terrorismos de Estado.

El Uruguay no puede tener doble criterio para defender derechos fundamentales en tiempos en que la democracia es acechada. Un pronunciamiento sobre lo que sucede en Venezuela y Nicaragua no de-be dejarnos a mitad del camino. ¿no era que los derechos humanos integran el jus cogens y que el principio de no intervención no los alcanza? El tema no debe verse, entonces, como un problema ideológico; sino como la posición que los ciudadanos deben tomar en defensa de todos los derechos humanos haciendo valer el Derecho contra la violencia y el terrorismo.

El Pit-Cnt, Verdad y Justicia, las abuelas de Mayo y ni el propio Foro de San Pablo dicen una palabra en defensa de algunos Derechos Humanos. Cualquier argumento intenta ocultar que los derechos para la izquierda clasista, y los socialismos de partido único son más ideológicos que humanos. Bien podrían decir: "esos muertos algo habrán hecho; esas abuelas no son co-mo las nuestras. ¡Mire que parir hijos enamorados de la libertad! No entender el compromiso con el pueblo de los Castro, Chávez y Maduro y Ortega es propio de un explotador de la clase proletaria".

En conclusión, la tradición y nuestra historia diplomática no merecen estar sumergidas en el doble discurso. Las libertades fundamentales no pueden conculcarse en nombre de una utopía. Los autodesignados salvadores del mundo deben ser denunciados por actuar a favor de un populismo autoritario que sacrifica la libertad. No se trata de una discusión teórica. Se trata del prestigio del Uruguay y de la dignidad de las personas. Pero parece que no todas son tan iguales ni tienen los mismos derechos.

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