En las elecciones de octubre de 2019, los porcentajes de votos de los partidos que conforman la Coalición Republicana (CR) fueron: Partido Nacional (PN) 28%, Partido Colorado (PC) 12%, Cabildo Abierto (CA) 11%, y Partido Independiente (PI) y Partido de la Gente (PG) 1% cada uno. ¿Es razonable pensar que el PN mejore su performance en octubre de 2024 dentro de una CR que se mantenga más o menos estable con respecto a 2019?
La pregunta es pertinente porque los diferentes escenarios de encuestas comparadas con cinco años atrás dan que es posible que el PN mejore su votación, y porque el 28% de 2019, que fue menor al resultado de 2014 (con el mismo candidato a presidente) y que al de 2009, resulta algo bajo con respecto a las votaciones de 1984, 1989, 1994 y 2004 que superaron el 30 y pico por ciento. Además, el importante peso que ha ganado la figura de Lacalle Pou en estos años podría jugar a favor de su partido; y el vigor de una interna que se anuncia polarizada entre Delgado y Raffo también potencian al PN para octubre.
Las evoluciones de los socios más relevantes de la CR pueden estar convergiendo igualmente en este sentido. Por un lado, el PC enfrenta la difícil circunstancia de tener que formar liderazgos nacionales nuevos, para quienes el mero hecho de asegurar la performance del 12%, obtenida tanto en 2019 como en 2014, ya implica un importante desafío. Por otro lado, para CA seguramente también sea difícil consolidar el 11% de su primera votación nacional obligatoria, ahora que ya ha vivido tiempos de desgastes y experiencias desilusionantes que son propias del ejercicio del poder y que no existían en 2019. Para el caso del PI, es claro que hay un potencial de crecimiento electoral con relación a cuatro años atrás, y también es claro que difícilmente sea en gran desmedro de la votación del PN. El PG sin Novick me resulta francamente una incógnita; aunque, como para el PI, no creo que su peso electoral vaya a debilitar al del PN.
Un PN que hoy empieza a avizorar que seguramente terminará en 2024 agrandado electoralmente con respecto a 2019 se enfrenta a un enorme riesgo político. En efecto, la actual diabólica tentación consiste en desdeñar el protagonismo de sus partidos-socios con el argumento que, de todas formas, ellos deberán seguir formando parte de la CR; y que, además, sus pesos relativos pueden llegar a disminuir si toda la CR no crece (o decrece algo) con relación a 2019.
Si el PN quiere ganar nuevamente la presidencia, lo que debe ocurrir es exactamente lo contrario. Porque si el PN se agranda para octubre de 2024 habrá llegado a una especie de techo electoral propio que, obviamente, hará evidente su insuficiencia para construir mayoría parlamentaria solo blanca y para ganar luego el balotaje contra la izquierda. Es precisamente por causa de esa evidente debilidad, que sus socios de la CR, quizás a su vez disminuidos en sus votaciones con relación a 2019, serán mucho más importantes que hace cinco años para lograr reunir una mayoría que venza en noviembre a la dupla izquierdista. Porque, además, en unos PC y CA disminuidos pesarán mucho más sus núcleos duros identitarios y politizados (y para nada blancos).
Ojo con agrandarse y perder la visión coalicionista: el PN iría así directo al fracaso.