En medio de los ataques a Irán, quizás para muchos pasó desapercibida una noticia del jueves pasado. Jack Dorsey, fundador de twitter y actual CEO de Block -empresa de pagos a través de celular- publicó en sus redes el comunicado de despido de más de 4000 empleados, casi la mitad de su plantilla. Y aclaró que la empresa no está en problemas. Es más, está en uno de sus mejores momentos en beneficios y crecimiento esperado. Lo hace porque cree que puede hacer más con menos gente y mejores herramientas. Más aún, cierra el comunicado diciendo “creo que la mayoría de las empresas van con retraso”.
¿Cuál fue la respuesta de los mercados? Las acciones subieron más del 23 % al cierre del mismo día.
La IA está redefiniendo rápidamente el paisaje empresarial, tanto para empresarios como para inversores, y la rentabilidad y la eficiencia le están ganando la pulseada al empleo. Dicen que a la larga la cantidad de nuevos empleos van a ser más que los que van a desaparecer. El problema es cómo pasamos la transición.
La necesidad de rentabilidad a corto plazo para seguir siendo competitivos pone en jaque la estabilidad laboral y nos interpela respecto a qué hacemos con la fuerza laboral. Porque Dorsey tiene razón, es muy probable que en breve muchas empresas decidan hacer reestructuras similares. Y cualquier medida de resistencia que haga más rígido el mercado, como la obligación de anuncios anticipados de despidos, sólo empeoran el problema. Poner a las personas en el centro de los negocios no pasa por volverse más rígidos y que el país pase a ser menos competitivo. Pasa por darle oportunidades a los trabajadores para que se reconviertan. Pero es una realidad que no todos lo puede hacer y eso es lo que hay que solucionar.
En un mundo perfecto, cada trabajador debería asumir la responsabilidad de su desarrollo profesional. Pero no todos tienen la oportunidad, incluso si lo quisieran. A eso se suma que hoy no se trata solamente de aprender a usar las nuevas herramientas, como en este caso la IA, sino que además implica desarrollar competencias como la resolución de problemas y el espíritu crítico, que complementen el conocimiento técnico. Todo esto vuelve más difícil reconvertirse.
Del otro lado, la crítica a las empresas que buscan la eficiencia para poder sobrevivir, tampoco es justa. Porque si no se reconvierten, no sólo dejarán sin trabajo a algunos, sino que a todos sus empleados. Y si las condiciones no están dadas en nuestro país, la respuesta va a ser que se van ir a legislaciones más amigables para operar.
La IA está potenciando algo que ya pasaba pero que ahora se hace más evidente que nunca. La brecha entre los que se pueden capacitar y reconvertir, y los que no, es el gran problema en el mercado laboral. Si no comenzamos a abordar esto, la desigualdad de oportunidades sólo va a crecer. Qué condiciones generamos como país desde la legislación, la promoción de inversión en capacitación, la generación de oportunidades para personas con menos recursos y, ni que hablar, en la educación formal para la formación de aquellos que estarán en el mercado laboral en el futuro, es donde tienen que estar los esfuerzos porque es donde está el verdadero desafío.