Volver a Montevideo luego de una recorrida por el interior llevó a preguntarme qué maldición ha caído sobre la capital. Y no encuentro respuesta. Esta vez anduve por la ciudad de Rocha, había estado hace poco más de un año, y si algo define a la capital departamental es el estado de cambio y mejora permanentes.
La pulcritud de la ciudad impacta. Calles, avenidas y veredas se barren diariamente y los vecinos, como un rito sagrado, baldean las veredas. En las zonas céntricas hay papeleras a razón de tres por cuadra, y tienen la peculiaridad de contar con un cenicero en la parte superior y, debajo, el depósito para los residuos con su respectiva bolsa. Son 31 los funcionarios municipales responsable de la limpieza y el cuidado de las áreas verdes.
Creo que nadie se atreve a tirar un papel en la calle, si lo hiciera, seguramente, recibiría la reprobación de sus vecinos. Porque eso tiene una ciudad limpia y cuidada en la que las autoridades cumplen con sus obligaciones, son los propios habitantes que fiscalizan las normas de urbanidad.
No se ven grafitis en paredes ni muros y tampoco en las cortinas de los comercios. La ciudad está bien iluminada y la gente puede caminar por las veredas sin temor a tropezarse y caerse por la falta de baldosas.
La Plaza Independencia, que el año pasado estaba en obras, hoy luce completamente remozada con espacios para que todos la disfruten. Hay bancos, juegos para niños, y frondosos árboles que resguardan del inclemente sol del verano. En las noches se ilumina aggiorno y aún así la Intendencia proyecta aún mayores mejoras. En su entorno se encuentra el Teatro 25 de mayo que, en ente período, será remozado. Al lado, una cuidada sala de exposiciones exhibe, en estos días, una magnífica muestra antológica de Osvaldo Leite.
Rocha, fue gobernada por el Frente Amplio entre 2005 y 2020. En esos 15 años se sucedieron Artigas Barrios (dos períodos) y Aníbal Pereyra (un período). En las elecciones de 2020, resultó electo Alejo Umpiérrez por el Partido Nacional. Al asumir el gobierno se encontró con un déficit de US$ 6,5 millones, deudas -sin aval legislativo- por más de US$ 27 millones y las arcas vacías. También había una serie de juicios contra la Intendencia, que al día de hoy se siguen pagando. La ausencia total de obras y el caos era lo que imperaba en Rocha.
En cuatro años, Pandemia y sequía histórica de por medio, Umpiérrez revirtió la situación. Los resultados comenzaron a verse en poco tiempo. Finanzas saneadas, obras largamente demandadas empezaron a concretarse, sin dejar de lado la asistencia social reconvertida en trabajo para la gente. Los logros están a la vista, no solo se le ha cambiado el rostro a la capital, sino que también las mejoras son evidentes en muchos de los balnearios de su privilegiada costa.
En 2024, Umpiérrez fue reelecto para un nuevo periodo por el 51% del electorado, el 34% votó al FA. Obtuvo un récord histórico de ediles en la Junta Departamental. La gente valoró la gestión y los proyectos.
Por eso, cuando uno vuelve a Montevideo y comprueba en las calles las consecuencias de un nuevo paro de Adeom y la total inoperancia del gobierno de Mario de Bergara, surge la pregunta: ¿qué maldición ha caído sobre Montevideo?