ISIS: el regreso del monstruo

El mundo se había olvidado de ISIS, el grupo terrorista que difundía videos decapitando personas atadas y de rodillas junto al yihadista que usaba cuchillos pequeños para incrementar la saña sanguinaria de la ejecución. Esa organización creada y liderada por Abú Bakr al-Baghdadí, que logró ocupar un territorio equivalente al de Bélgica entre Irak y Siria, atacaba a los alauitas y al ejército sirio de Bashar al Asad, mientras intentaba la aniquilación completa de la minoría yazidí, y masacraba a kurdos y chiítas sirios e iraquíes, llegó a aterrorizar al mundo con su brutalidad.

Pero cuando perdió el territorio en el que había proclamado un Califato y donde lo vencieron el ejército norteamericano, los peshmergas kurdos y el ejército iraquí, además de matarse en el 2019 el “califa” Al-Baghdadi, jaqueado por fuerzas estadounidenses en la localidad siria de Barisha, se extendió la impresión de que esa pesadilla llamada Estado Islámico Irak-Levante, cuya sigla es ISIS, había terminado.

Sólo parecían activas las ramificaciones africanas del grupo terrorista, muy activas en los países del Magreb y del Sahel. Pero la detonación de dos poderosas bombas masacrando más de cien personas en la ciudad iraní de Kermán, le anunciaron al mundo que ISIS aún existe.

Si pudo perpetrar un atentado de semejante magnitud contra la peregrinación hacia el mausoleo de Qassem Soleimani, al cumplirse cuatro años de la muerte de la máxima figura militar del régimen chiíta, es porque la organización del sunismo ultraislamista recuperó fuerzas y capacidad de operar.

En realidad, ISIS ya había mostrado que no lo extinguió su derrota en Irak y Siria. En agosto del 2021, perpetró un atentado en el aeropuerto de Kabul que causó ochenta muertes y cientos de heridos. Trece soldados norteamericanos figuran entre las víctimas fatales de los yihadistas que se detonaron en la multitud que pretendía abordar aviones para huir de Afganistán por el retorno de los talibanes al poder. Y es posible que la masacre perpetrada en Irán tenga que ver con el llamado ISIS-K, que causó la masacre en el aeropuerto de la capital afgana.

¿Qué es ISIS-K? La letra K que se añade a la sigla Estado Islámico Irak-Levante significa Khorasan, que en farsi quiere decir “donde sale el sol” y es la denominación que el antiguo Imperio Persa dio a sus confines de Oriente.

En la actualidad, el Khorasán abarca el Este de Irán, parte de Afganistán y Pakistán y parte de las actuales repúblicas de Turkmenistán, Uzbekistán y Tadyikistán.

El ISIS-K se incubó dentro del movimiento talibán paquistaní. Entre 2014 y 2015, los miembros más jóvenes de Terik-e Talibán, uno de los grupos armados pashtunes que dominan el valle del río Suat, se separan y se autoproclaman ISIS, cuestionando a los talibanes afganos y paquistaníes ser demasiado moderados y demasiado blandos para atacar y castigar a quienes ellos consideran infieles, apostatas, herejes y pecadores.

Al incorporarse a ISIS, asumieron el proyecto del Estado Islámico que surgió como desprendimiento de Al Qaeda. Lo que se llamaba Al Qaeda Mesopotamia y había fundado el jordano Abu Mussab al Zarqaui, se transformó en ISIS para extender su accionar bélico a la guerra civil Siria.

Pero ISIS mantuvo el objetivo fundacional de Al Qaeda: construir un califato que abarque lo que fue el imperio otomano y aún más, porque Osama Bin Laden proclamó la construcción de un estado religioso que se extendiera desde Al-Andaluz (la antigua España mora) hasta Bujará y Samarkanda, dos ciudades emblemáticas del antiguo Khorasán, hoy en territorio uzbeko.

De tal modo, una diferencia clave entre los talibanes y el ISIS-K, es que los talibanes tienen por proyecto un emirato, y el ISIS-K, como el resto de ISIS, aspira a construir un califato. El emirato equivale al Estado en un país, mientras que el califato es equivalente a un imperio.

La masacre en Irán demostró que hasta el régimen de los ayatolas había olvidado a ISIS. De hecho, hasta que esa organización del terrorismo sunita se adjudicó el ataque en el cementerio de Kermán, la teocracia iraní acusaba a Israel y Estados Unidos por la masacre.

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