“Fraternité”

Hoy 14 de Julio, se cumplen 234 años de la toma de la Bastilla. Símbolo del fin del absolutismo, punto de partida de la Revolución Francesa, solo seis semanas después la Asamblea Nacional declaraba los Derechos del Hombre y el Ciudadano.

Hasta hoy se proyecta su inspiración en la Declaración Universal de los Derechos Humanos que, tras la patética experiencia nazi-fascista, acuñaron las Naciones Unidas en 1948. Como todo el Derecho, sus mandamientos establecen normas generales y abren esperanzas abstractas, pero no garantizan su cumplimiento porque obedecerlas o transgredirlas depende del ajuste práctico con que se las aplique, del lenguaje persuasivo con que se las divulgue y, sobre todo, de la cultura de los gobernantes y los gobernados.

Bien sabemos que está de moda atribuir las quiebras del Derecho a causas socioeconómicas. Esa visión determinista proviene de los materialismos crudos, de izquierda y de derecha, que, en su cruza con la inmediatez pragmática, viene empantanando a la persona y a las sociedades.

La dolorosa experiencia actual muestra que no hace falta dictadura para que surjan violaciones de los derechos cometidas por la sociedad espontánea sin que el brazo del Derecho pueda detener la caída radical de los sentimientos.

Lo que hoy en nuestro Uruguay se puntea en las encuestas como “inseguridad” indica la medida en que no se ha realizado el ideal que inspiró a la Ilustración, la Enciclopedia y el republicanismo artiguista: cultivar el espíritu de las personas y los pueblos, bajo el lema “Liberté Égalité Fraternité” que encendió a Europa y a América.

La inseguridad que nos angustia es el fruto de graves desviaciones del sentimiento y el pensamiento, de insuficiencias del corazón y la materia gris… en pocas palabras: de carencia de apetito por la educación y la filosofía. No la filosofía que habla griego difícil para especialistas, sino la que se transmite con la espontaneidad del amor al prójimo. Mirando ya cómo vuelve a agitarse el ofertorio preelectoral, uno pensaría que está solo en estas ideas si no hubiera tenido el regocijo de leer “La Fraternidad y los Derechos Humanos”, obra singularísima recién publicada por el Prof. Dr. Raúl Gamarra, que repasa con metódico escalpelo el vínculo del Derecho y el ideal de fraternidad, el cual -como muy bien observa- es menos atendido que la libertad y la igualdad, pero es en estos tiempos el más urgente -y el más turgente.

Desgranando doctrinas, repasa nombres venerados y muestra el abanico de posibilidades que se abrirá para el Uruguay, el bendito día en que el Derecho se enseñe desde sus bases humanas rumbo a su ambición sobrehumana, no solo como técnica para especialistas, sino como pasión fraternal para el hombre común.

Nos enseña Gamarra: “La Fraternidad es un concepto estructural de los Derechos Humanos, ya sea como categoría, valor, principio o deber, por ser clave en la esencia del hombre. El ser humano es un ser relacional y por tanto no se realiza solo sino con sus semejantes, con los que debe comportarse fraternalmente.”

Desarrollada la fraternidad en “la corriente que toma en cuenta su pasado religioso y la corriente secular”… “es posible alcanzar acuerdos prácticos para el común desarrollo y su aplicación a la realidad actual”. ¡Claro que sí!

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