Francisco Faig
Francisco Faig

Michelinada y Bombita

"Si no hay ampliación del plazo, nosotros vamos a juntar las firmas a los barrios y nos aglomeraremos. Actuará la policía, nos pondrán presos”; y más tarde, atajándose, “estoy advirtiendo que puede haber problemas. Ahora que se advirtieron, estoy seguro que no van a pasar”: Rafael Michelini.

Unos dirán que lo importante del episodio es la rápida reacción del Frente Amplio, que decidió sacar a Michelini de su secretaría política; y otros dirán que lo relevante es que el referéndum contra la ley de urgente consideración va camino al fracaso. Pero lo que resulta interesante de esta nueva michelinada es que ilustra bien cierto talante de izquierda que, hasta ahora, parecía disimulado.

Lo de Michelini es la vieja política de la extorsión a la democracia a través de la acción directa. En este caso, si no hay mayoría para violar la Constitución de forma de hacer lo que el Frente Amplio quiere, entonces se amenaza con que se irá contra la salud pública promoviendo aglomeraciones, y con que se desafiará el orden público apostando secretamente a que la represión se salga de cauce y genere así algún mártir de la causa izquierdista.

¿Acaso ella es novedosa? Aléjese de la propaganda zurda que envuelve al engaño mitológico de los llamados mártires estudiantiles, y verá que esa política, y no otra, fue el origen de la muerte del eterno estudiante comunista Líber Arce en 1968. Analice al FA en el Filtro, con su apoyo a los terroristas de ETA en agosto de 1994, y verá que se tra- ta de la misma política extorsiva, cuyas viejas raíces pueden encontrarse incluso, por ejemplo, en la marcha sobre Roma de 1922 del exsocialista Mussolini.

Todos sabemos que desde que se inició la epidemia el FA ha promovido distintas aglomeraciones: la más grave, por la coyuntura que estaba atravesando el país, fue sin duda la manifestación del pasado 8 de marzo.

Y todos sabemos que, para el caso del referéndum contra la LUC, en vez de optar por juntar unas 56.000 firmas antes del 9 de diciembre de 2020 para habilitar una votación, la izquierda eligió el camino largo de procurar 700.000 firmas en un año: gran gimnasia militante en plena epidemia.

El asunto no es entonces tanto la novedad de la michelinada, como su sorprendente sinceridad: hasta ahora ninguna autoridad del FA había declarado, sin pudor alguno, que no le importa nada la salud pública. “Nos aglomeraremos”. Y chau.

Se trata del mismo FA que plantea disparates como el de la renta universal de costos imaginados por Daniel Oles-ker; que en un momento clave del Mercosur decide alinearse con el presidente argentino Fernández, “clase A de la política” según Yamandú Orsi, contra los intereses nacionales; que dice querer una concertación nacional, pero que en verdad lo que busca es deslegitimar el rumbo actual del gobierno; y que por declaraciones de Lacalle Pou en Argentina posa de ofendido, en un video formidable en el que Javier Miranda se imbuye de una estética entre dictador caribeño acalorado (sin bigote) y lector adusto de informativo norcoreano, para iniciar su perorata con un estreñido “respete, respétese, respete”: ideal para la selección de “Tiranos Temblad” 2021.

Algún cínico dirá que este FA parece un guión absurdo de “Bombita Rodríguez”. El drama es que representa, legítimamente, al 39% de los uruguayos.

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