Francisco Faig
Francisco Faig

Cultivo una rosa blanca

El próximo domingo hay elecciones. Sería muy llamativo que Martínez, Lacalle Pou y Sanguinetti no ganaran sus respectivas internas.

Más allá de énfasis sectoriales y preferencias por candidatos, y más allá también de una campaña interna blan- ca por momentos muy subida de tono, y hasta ridícula en sus escenas de infantiles forcejeos, lo cierto es que seguramente la participación electoral será menor a la de las internas de 2014. Por tres causas.

La primera es la fuerte tendencia a la baja que se verifica desde 1999, cuando votó el 53% de los habilitados. En 2014 fueron a votar solo el 37% del total. Además, para el próximo domingo ella se ve reafirmada por el siguiente dato: a inicios de este mes de junio, el 39% de los entrevistados por Factum declararon que no sabían que habría elecciones el domingo 30. Difícilmente alguien termine yendo a votar a una cita electoral que no es obligatoria, si 20 días antes ni siquiera sabía que ella estaba prevista. Y en esa situación están 4 de cada 10 uruguayos.

La segunda razón es que la elección ocurre en plena Copa América de fútbol, el deporte-pasión del país y que, además, seguramente tenga a la celeste como protagonista de algunos de los cuartos de final que se juegan en los tres días previos al próximo domingo. La gente está con la atención puesta en Brasil, y no en la vida interna de tal o cual partido. Y el tercer motivo concierne al Frente Amplio, partido mayoritario de todo el sistema. La izquierda condujo una campaña sin mayores sobresaltos, con su perspectiva de que lo más relevante es conservar el poder y que eso no se define ahora sino en octubre-noviembre. Sin nervio, su movilización decae. Más si se tiene en cuenta el antecedente del bajón importante en su interna de 2016: de 170.000 votantes en 2012, pasó ese año a solo 90.000 en total.

En esta particular circunstancia, cuyo significado político y electoral debe ser bien asumido, los partidos tradicionales parecen mostrar distintos matices de entendimiento de qué se juega el próximo domingo. Por un lado los colorados, con el oficio de Sanguinetti en la cancha, seguramente ya tengan el rumbo marcado y la noche misma del 30 de junio cierren su fórmula presidencial. Se concentrarán así de lleno en el objetivo de votar por encima del 20% en octubre.

Por otro lado, algunos blancos parecen en extremo fascinados por sus peripecias internas que a nadie realmente importan fuera de su mundillo. Hay como una distorsión, quizá por causa de una sobrerrepresentación de cierto ADN propio de pueblo chico del Interior, que impide ver que lo que quiere el ancho país no frenteamplista que clama por una alternancia, es poder votar tranquilo a un partido serio y capaz de gobernar. Un partido que podrá mostrar matices y diferencias, pero nunca desorden, y al cual se le exige profesionalismo en la tarea, es decir, rápida capacidad de acordar internamente primero y con su principal aliado colorado después.

Cuando el encierro partidista agobia y turba el frío razonamiento, queda la poesía. José Martí ilumina el sino blanco: “Cultivo una rosa blanca / en junio como en enero / para el amigo since- ro / que me da su mano franca. / Y para el cruel que me arranca / el corazón con que vivo, / cardo ni ortiga cultivo; / cultivo la rosa blanca”.

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