El trance inédito que sacude a Israel

Las dos caras contrapuestas del dios Jano israelí chocan en la Kenesset y en las calles. Como en la efigie de la deidad mitológica, hay una cara que mira en una dirección, con una contracara mirando en la dirección opuesta.

La cara del Israel secular y liberal-demócrata contiene la centroderecha, el centrismo y la centroizquierda. La otra cara es la de los partidos religiosos y ultraconservadores. También está la derecha dura que decidió alejarse del origen del Estado y se alió con los partidos del fundamentalismo religioso para recuperar el poder y avanzar en su proyecto geopolítico de anexionar Cisjordania.

Desde hace semanas el país secular y liberal-demócrata se ha levantado en rebelión contra la reforma judicial del gobierno extremista. La situación es tan grave que Thomas Friedman, lúcido analista, profundo conocedor del Oriente Medio como lo demostró en su libro “De Beirut a Jerusalén”, y consustanciado con Israel por pertenecer al judaísmo, escribió una carta a Joe Biden pidiéndole que interceda ante Benjamín Netanyahu para salvar la democracia israelí del proyecto dictatorial y fundamentalista en marcha.

Entiende que los demócratas norteamericanos, que defienden la solución de dos Estados para la cuestión palestino-israelí, deben oponerse a la anexión de Cisjordania que pretende Netanyahu porque desestabilizará al Reino de Jordania, iniciando un efecto en cadena que afectará también el vínculo estratégico con los sauditas y otras monarquías árabes. Por eso, Washington debe actuar como actuó el gobierno de Nixon para socorrer a Israel cuando, en la guerra de 1973, se quedó sin municiones y bloqueado por Siria y Egipto: tendiendo un puente aéreo para abastecer los arsenales del ejército judío.

Ahora, Friedman reclama a los Estados Unidos que socorra la democracia israelí que intentan destruir Netanyahu y sus socios ultra-religiosos.

Si bien el primer ministro aborrece los acuerdos de Oslo y lleva mucho tiempo asfixiando a la Autoridad Nacional Palestina (cuya debilidad también tiene que ver con sus propias truculencias y corrupciones) y plagando de asentamientos Cisjordania, su prioridad al formar la actual coalición de gobierno es detener el avance de los procesos judiciales en su contra por actos de corrupción.

El líder del Likud parece estar convirtiéndose en la versión judía de Erdogán, el presidente de Turquía que está reformulando la república creada por Atatürk, para someterla a un poder personalista y despótico.

El Israel secular y liberal-demócrata está en las calles desde que el gobierno proclamó la reforma judicial, a la que ve como un ariete para derribar la democracia y reemplazar las leyes seculares por una jurisprudencia inspirada en el Talmud y demás textos sagrados.

El partido de los sefaradíes ortodoxos, Shas, ya había integrado coaliciones de gobierno. Pero la actual coalición que formó Netanyahu incluye a fuerzas extremistas como Judaísmo Unido de la Torá, Sionismo Religioso, Noam y Poder Judío.

Integran del gabinete el ultranacionalista Bezalel Smotrich, el racista anti-árabe Itamar Ben Gvir y el homófobo Avi Maoz, además de una caterva de fanáticos religiosos.

El Israel secular y demócrata liberal, donde muchos entienden que la cuestión Poder Judicial debe debatirse, sabe que no es un gobierno extremista de perfil teocrático, encabezado por un derechista con menos escrúpulos que codicia, el que construirá un equilibrio de poderes mejor que el que ha existido en los 75 años de historia israelí. Todo lo que haya para discutir respecto al Poder Judicial no debe permitir una reforma que pone en peligro la libertad y la democracia que tiene el pueblo israelí desde la fundación del Estado.

Por eso las calles se colmaron de protestas desde el anuncio mismo de la reforma judicial. Enfrentando represiones, lograron que Netanyahu la congelara y, cuando usó una operación militar anti-terrorista en la ciudad cisjordana de Jenin como cortina para tapar el relanzamiento de la embestida contra el Poder Judicial, las manifestaciones volvieron a inundar calles y plazas.

El mundo nunca había visto protestas de esa envergadura en Israel. Jamás se habían producido presiones internacionales contra políticas internas que no estuvieran referidas a la cuestión palestina pero, esta vez, potencias occidentales se pronunciaron contra la reforma judicial.

No es común que los militares se expresen contra una política de gobierno, sin embargo está ocurriendo. También hay huelgas de médicos y de otros sectores.

La novedad de la cual son consecuencias tanto las masivas protestas como la dura respuesta represiva, es que por primera vez en la historia del Estado judío hay un primer ministro embistiendo contra las barreras institucionales para gobernar como autócrata, y un gobierno intentando reemplazar la democracia secular por un régimen autoritario de carácter religioso, ultranacionalista y ultraconservador.

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