Diego Fischer
Diego Fischer

Che, ¡quién hubiera dicho!

El mes próximo se cumplirán sesenta años de la conferencia del Consejo Interamericano Económico y Social (CIES) de la OEA, celebrada en Punta del Este. 

La reunión convocó a los ministros de Economía y Acción Social del continente y en ella el gobierno de John F. Kennedy lanzó la Alianza para el Progreso.

Punta del Este se transformó en el epicentro informativo mundial y todo lo que allí acontecía fue portada en los diarios y en los informativos de televisión del planeta. Dos figuras convocaban la atención de los periodistas del mundo entero que llegaron a cubrir la reunión y también de los agentes de inteligencia de todas partes: el ministro de Industria y presidente del Banco Central de Cuba, Ernesto Guevara de la Serna “el Che” y Douglas Dillon, Secretario del Tesoro de los Estados Unidos y presidente de la delegación norteamericana.

Dillon presentó la Alianza para el Progreso que se traducía en una ayuda a los países más pobres de América Latina de 20 mil millones de dólares, para inversiones en infraestructura a través de créditos pagaderos a cincuenta años a muy bajo interés. En contrapartida se pedía la adhesión política a Washington.

Eran tiempos de la Guerra Fría y aquella apuesta del gobierno de Kennedy pretendía neutralizar la creciente presencia de la Unión Soviética que, ahora, contaba con Cuba como aliado en la región. Había fracasado bahía de Cochinos, el último intento de invasión norteamericana a la isla y Fidel Castro había sorprendido al mundo proclamando que el camino de Cuba “era el socialismo”.

“Están cambiando autodeterminación por letrinas”, clamó el Che en su intervención en el Hotel Nogaró y agregó: “Esto no es ayuda, ni crecimiento para nuestros pueblos. Esto nos condena a la pobreza. Eso sí, …con letrinas”…

Castro y Guevara vivían el auge de su popularidad en el mundo entero. En el Uruguay la revolución cubana era aplaudida y admirada por mucha gente, incluso por dirigentes de primera línea de los partidos tradicionales. Había terminado con una dictadura corrupta que encabezó por siete años Fulgencio Batista. Aquellos jóvenes barbudos y carismáticos que hablaban de justicia social e igualdad eran muy bien vistos por los intelectuales del Río de la Plata y por los jóvenes universitarios. Aún no había llegado el tiempo en que las violaciones a los derechos humanos y a las libertades más elementales trascendieran fuera de La Habana. Tampoco Castro y su régimen habían comenzado a entrenar guerrilleros en su isla y a exportar la revolución por el resto de América Latina.

De aquella reunión que marcó un antes y un después para la historia de Punta del Este, ya que su imagen trascendió mucho más de la región, queda una foto icónica que estos días ha circulado por las redes. La sacó un fotógrafo de la agencia de noticias UPI y muestra al entonces presidente del Consejo Nacional de Gobierno, Eduardo Víctor Haedo mateando con el “Che”, en su casa, la emblemática Azotea en Maldonado. Al pie de Guevara, Poncho el perro de Haedo le olfatea las botas al guerrillero. Cuentan que la conversación fue antológica y que Haedo con ironía le habló de las bondades de la democracia uruguaya.

Quién hubiera dicho que sesenta años más tarde de esa fotografía, el mundo se consternaría al ver al pueblo cubano manifestando por las calles en reclamo de pan, medicinas y libertad. Y siendo reprimido duramente por la Policía.

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