Mucha gente está podrida de escuchar hablar de la crisis del periodismo y de los medios de prensa, debido a los cambios tecnológicos. Es razonable, los periodistas han pecado por años de exceso de primera persona, y de ponerse en el centro del universo. Tal vez por eso, una interesante actividad realizada esta semana para analizar propuestas para la viabilidad económica de la actividad periodística, que contó con los referentes de los principales medios del país, apenas tuvo la presencia de dos diputados, los frentistas Olmos y Etcheverry. ¡Y eso que se realizó en el anexo del Palacio Legislativo!
Pero, intereses personales aparte, déjenos decirle que eso es un error. Y en la misma semana ocurrió un hecho que deja en evidencia por qué esta crisis de los medios, le afecta a usted, amigo lector, en su vida diaria. Ni que hablar a la “clase política”.
Resulta que los titulares de las ediciones web de los principales medios del país estuvieron dominados el pasado sábado por unos “violentos incidentes”, según las crónicas, entre la policía y un grupo de manifestantes que cortaron 18 de Julio. Se trataba, según se informó, de integrantes del colectivo “Ni todo está perdido”, que conmemoraban el “Día internacional de las luchas de las personas en situación de calle”.
Si bien Subrayado fue el primero en mostrar videos de estos choques (parciales y poco esclarecedores), todos los “portales”, incluido El País se encargaron de “viralizar” los mismos, y reflejar la visión victimista de los “reprimidos”. Eso ante el silencio del Ministerio del Interior que no quiso hablar, vale la pena aclarar.
Y la cosa quedó ahí. A nadie, de ningún medio, le llamó la atención el hecho, ni de que haya un “colectivo” que aglutine a gente que claramente en su mayoría no gusta de aglutinarse. Sin embargo, era tan simple como poner en Google el nombre del grupo para recibir al instante información muy interesante.
Por ejemplo, que este “colectivo” se formó a partir de un incidente que tuvo bastante prensa en 2018, cuando se supo que un grupo de 90 personas que vivían en la calle, usaban las instalaciones de la facultad de Ciencias Sociales para dormir, ir al baño y navegar por internet en las computadoras destinadas a estudiantes.
El problema “saltó” porque funcionarios se quejaban de tener que limpiar deposiciones de estas personas en los salones, y acoso y violencia de parte de algunos de los mismos. A tal punto que el decano reconoció el problema y dijo que se tomarían medidas.
Sin embargo, un grupo de docentes y estudiantes dijeron que estos ocupantes tenían tanto derecho como cualquier uruguayo a usar las instalaciones de una universidad pública. Y decidieron ayudarlos a organizarse, vincularse con grupos similares de otros países, y darles un sustento ideológico a sus planteos. No hay que aclarar mucho el tipo de sustento ideológico en cuestión.
“Las cárceles están llenas de pobres, las ciudades se llenan de personas en situación de calle”... “Este es un problema social y político, no es individual”. “Cuando somos tantos es cuando somos un problema, ya llegaron golpean e incendian a personas en situación de calle”, dijeron los activistas en la marcha.
Vale decir que en Uruguay el único episodio de “incendio” de alguien que dormía en la calle, fue una vendetta por drogas, y lo de los famosos “comandos anti pasta”, que ha tenido tanta prensa, no se ha podido demostrar nunca.
No hace falta ser muy imaginativo ni tener una mente muy conspiranoica, para darse cuenta que hay un interés político por agitar este problema. Como sucedió cuando en pleno debate sobre la LUC hubo aquel episodio en la plaza Seregni, donde un grupo que bebía y prepoteaba a la gente en la plaza, se enfrentó con la policía, pero a los cinco minutos todo se había convertido en un caso de cruel violencia policial. Ni hablar de lo de las “ollas populares”.
A nadie escapa que es parte de la estrategia de grupos radicalizados el generar “colectivos”, que dicen representar a grandes sectores de la sociedad, y usarlos para disputar la legitimidad a las autoridades democráticas.
Ahora bien, ¿no es relevante desde el punto de vista informativo quiénes son estos activistas? Porque si usted se queda en el titular de lo que pasó en Plaza Cagancha, bien puede “comprar” esa versión. Incluso en un país con casi 60% de tasa de empleo, que crece a cifras históricamente altas, con salario real en crecimiento, y un consumo que vuela, la noticia de que hay bolsones de gente empobrecida viviendo en la calle, y reprimida por una cruel policía y bandas filofascistas con bates, tendrá un impacto político.
Cuando quienes se encargan de traducir la realidad del día a día al resto de la sociedad, están tan débiles o tan pendientes del click simple, cuando no permeadas por activismo político, este tipo de “omisiones” se vuelven cosa habitual. ¿Quién cree usted que es el más perjudicado?