Defiendo a Milei con una metáfora mileísta

“Un país que fue violado. Argentina es como una mujer que fue abusada”, dijo Alejandro Lerner en el programa de Mirtha Legrand. La gran repercusión que tuvo esta frase no tiene que ver con su autor, cuya fama construyó como compositor de temas que fueron hits en su momento. Lo que sorprendió y agigantó el impacto de la frase es la figura que eligió para apoyar la gestión de Javier Milei.

Igual que el presidente con el que se identifica, la imagen elegida por Lerner a modo de metáfora de lo sufrido por Argentina alude al sexo violento.

Las imágenes morbosas de violencia sexual dominan en lenguaje del jefe de Estado argentino. Muchas de las metáforas usadas públicamente por Milei, tanto como diputado nacional como en la función presidencial, habrían sido motivo de pedidos de impeachment en una democracia que funcione con normalidad. Por ejemplo, haber explicado su convicción de la necesidad de abolir el Estado diciendo que “es como un pedófilo en un jardín de infantes rodeado de niños enjabonados y encadenados”.

Que una imagen tan perturbadora y repugnante haya quedado impune parece un síntoma de debilidad crónica de la institucionalidad del Estado de Derecho.

Por cierto, a esa institucionalidad la debilitó durante décadas el kirchnerismo durante las presidencias de Néstor Kirchner y después de su esposa, Cristina Fernández de Kirchner. Pero esto no justifica la continuidad de ese proceso de debilitamiento institucional, ni el agravante del lenguaje presidencial cargado de obscenidad y violencia sexual convertido en un sello del discurso oficialista.

Perón había creado una estigmatización zoológica para llamar a sus críticos y sus opositores: “Gorila”. Con el mismo manual de retórica autoritaria, pero con acento en la sexualización y la procacidad, Javier Milei recurrió a la figura del mandril para descalificar a críticos y opositores, aludiendo a la violación anal.

Alejandro Lérner podría haber defendido al gobierno de muchos modos, pero el que eligió exhibió esa marca de identidad mileísta al describir el país que dejaron los gobiernos anteriores como una mujer violada. La alusión al sexo y, específicamente, al sexo violento, repudiable, es lo que hizo de esa acotación del talentoso músico argentino una señal de consustanciación por el liderazgo que expresa Javier Milei.

La consecuencia no puede haber sido positiva para Lerner, más allá del “núcleo duro”, que apoya a Milei, no a pesar de sus formas sino precisamente por sus formas. Adhiere a la violencia verbal del presidente y no se escandaliza ni con la procacidad del presidente ni con la crueldad de sus voceros en los medios y en las redes, influencers y streamers que llaman mogólicos a los opositores y a los críticos, además de proponer lanzar Napalm en los barrios pobres del conurbano bonaerense y hacer campañas de esterilización para que los pobres dejen de procrear en Argentina.

El autor de temas muy exitosos como “Volver a empezar” y “Todo a pulmón”, podría haber tomado distancia de todas las voces, empezando por la del propio presidente, que promueven la codicia y esparcen el odio político en una sociedad intoxicada de violencia retórica y gestual. En lugar de eso, lo que hizo fue explicar su apoyo a Milei recurriendo a una metáfora oscura porque refleja lo que en el discurso del presidente parece una obsesión patológica.

Lerner habló en esos términos poco después de que el mandatario causara estupefacción al hablar en el ORT, un prestigioso colegio de la comunidad judía, haciendo interpretaciones estrambóticas sobre la Tora y pronunciando sentencias absurdas, como que “Marx era satanista”, además de incitar a los adolescentes que lo escuchaban en esa escuela secundaria a deleznar a los periodistas y a todos los que cuestionan sus políticas.

Con su viscoso comentario, Lerner corrió del centro del debate lo dicho por el presidente ante una audiencia adolescente en el ORT. Y para suerte del desubicado músico, apareció Messi anunciando que deja la selección, lo que de inmediato se convirtió en tema único y excluyente, además de una noticia muy triste para todos los argentinos.

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