Siguiendo una tendencia que es común en el mundo, las encuestas sobre las próximas elecciones en Uruguay son confusas y contradictorias. Para algunas, pese a que la popularidad del Presidente no disminuye con el paso del tiempo, la coalición frentista, de realizarse elecciones de forma inmediata obtendría alrededor del 44% de los sufragios, adelantando a la oposición oficialista en alrededor de cinco puntos. Para otras la situación es la inversa y la coalición republicana mantiene la delantera por un porcentaje similar.
Razón por la cual, admitiendo que en el Uruguay las encuestadoras son técnicamente confiables -en general casi siempre sus vaticinios han sido correctos- puede inferirse que la voluntad ciudadana permanece fluida, con oscilaciones en plazos breves, lo que dificulta las predicciones.
Una diferencia entre uno y otro grupo de alrededor de 5 puntos bien puede deberse a que los cambios de decisión de pequeños conjuntos, que se trasladan de una coalición a otra apenas alcanzan menos del 3% de los futuros votantes. En total menos de cien mil votos. Esa exigua cantidad, demuestra el poco calado ideológico de ambas alternativas que, con variaciones menores, terminan sosteniendo en lo esencial el mismo modelo productivo.
De hecho, ambas coaliciones coinciden en una economía de mercado de tipo capitalista, basando su confrontación sobre si la misma es congruente con una mayor o menor intervención estatal.
Para la izquierda frentista, sin violar los fundamentos últimos de tipo mercantil, el estado debe primar o, por lo menos, mantener una presencia activa en todas las áreas de la producción, sin atención a su costo. Para su opositora el Estado debe cuidar sus intervenciones, procurando restringirla donde no sea necesaria, de manera de no gravar en exceso la economía privada.
Un claro ejemplo de ello -quizás hasta grosero-, se da en las diferencias sobre la producción de portland en Ancap. Mientras los sindicatos con anuencia del FA, sostienen que el Estado, pese a la pérdida constante que esa actividad le genera, no puede abandonarla por ser emblemática de un modelo progresista de sociedad, la coalición republicana busca asociarla con gestores privados, de modo tal que se adecue al mercado. Un mercado regido por la competencia donde la regla es la utilidad de sus actores. En síntesis, mientras unos piensan en una economía de tipo liberal, donde el Estado cumple funciones de supervisión, pero salvo en áreas como la energía, no participa directamente en su gestión, sus oponentes adhieren a la idea de un Estado interventor apto para regular el mercado.
Por más que en el Uruguay, este esquema ideológico, que opone a izquierdas, centro y derechas, conserva de los tiempos de la guerra fría y la confrontación capitalismo-socialismo, una particularidad que le es propia.
Los sindicatos agrupados en una central obrera poderosa, así como la sociedad civil prácticamente en su conjunto, han avanzado sobre el campo político, logrando que sus esquemas colectivistas, anclados en la vieja izquierda marxista, incidan en éste. Una supervivencia que no es común en el mundo.