Álvaro Ahunchain
Álvaro Ahunchain

Arturo Ui

Mi colega y amigo Franklin Rodríguez —actor, director y dramaturgo— ha sido declarado persona no grata por la Institución Teatral El Galpón. Mi también colega y también amigo Héctor Guido —actor, director y gestor cultural— justificó esa decisión en unas declaraciones que Franklin formuló al semanario Voces, criticando el emprendimiento promocional llamado Socio Espectacular.

Creo pertinente opinar sobre este conflicto, no solo por el aprecio que me une a ambos compañeros, sino especialmente por lo que esto significa en el debate cultural del país, que va más allá de la anécdota puntual.

No había leído la extensa entrevista que Franklin concedió a Voces. Recomiendo hacerlo. En su peculiar estilo, que no ahorra malas palabras y sarcasmos corrosivos, expresa su desilusión con el gobierno del Frente Amplio. No lo hace desde un punto de vista opositor —como acostumbra opinar quien esto escribe— sino a partir de una adhesión frenteamplista de toda la vida.

La verdad es que lo que Franklin dice contra Socio Espectacular es lo más suave. Discrepa con la idea promocional, a la que acusa de menospreciar el profesionalismo de los artistas teatrales, en beneficio de las instituciones que lo idearon. Esta crítica no es nueva ni se le ocurrió a él: es una discusión que se da en el medio teatral desde que nació ese proyecto (y de esto puedo hablar con propiedad, porque como creativo publicitario me correspondió crear su campaña de lanzamiento).

Donde Franklin se pone muy duro, incluso con adjetivos insultantes, es cuando se refiere al Frente. La verdad es que no comparto la forma en que lo expresa, pero sí su contenido. Evoca cuando él mismo fue la cara de una polémica campaña del Nuevo Espacio: "Yo votaba al Frente, creía en el Frente. El año pasado me llamaron para hacer lo mismo y dije que no lo hacía, porque no creía en absolutamente nada de todo eso. No hay chance de que crea en un proyecto que fracasó. No me quiero pelear con mis amigos, porque muchos siguen creyendo en esto, pero creo que fue todo una gran mentira, un falso amor (…) Aunque ahora no soy del Frente, tengo mis raíces en la izquierda y me duele mucho".

Además de sus responsabilidades en El Galpón, Héctor Guido es dirigente del MPP, sector mayoritario del Frente Amplio, y fue director de cultura de la Intendencia de Montevideo. La verdad es que declarar persona no grata a un compañero del teatro independiente por criticar a Socio Espectacular, en la misma entrevista en que opina de esta manera del partido de gobierno, es inevitablemente significativo.

El Galpón podía haberse limitado a redactar una declaración en defensa de su promoción de socios. Lo que decidió es de una desproporción insólita. Y más aún de parte de una institución que sufrió en carne propia, de una manera trágica, la presión del poder contra el ejercicio de su libertad de expresión y creación.

Sinceramente, no recuerdo un evento semejante a esto desde los años 80, cuando empecé a hacer teatro. Más bien evoco lo contrario. Rememoro un programa de Tevé Ciudad en que Mauricio Rosencof, Ruben Yáñez y Jaime Yavitz hablaron sobre el teatro Solís. Eran un extupamaro, un comunista y un batllista, que no renegaban de sus respectivas ideas políticas, pero compartían la pasión por el arte y su ejercicio en libertad.

No comparto lo que piensa Guido políticamente, pero aplaudí de pie su memorable interpretación de Arturo Ui, el año pasado, en una excelente requisitoria contra el ejercicio prepotente del poder. Si no entendemos que los artistas teatrales —y más los que pertenecemos al área independiente— estamos todos del mismo lado, realmente no entendemos nada.

Por eso, en este momento en que un colectivo de artistas impide a un colega el ingreso a su sala, por el pecado de expresar una opinión discrepante, es cuando más tenemos que combatir toda forma de macartismo, sea de derecha o de izquierda.

En la misma entrevista, Franklin contó que el precandidato blanco Luis Lacalle Pou asistió a su teatro pagando entrada. Aclaró que podía haberlo invitado, como podía haber invitado también a cualquier dirigente frenteamplista. Proféticamente dijo "¿Yo le voy a decir a una persona que no puede entrar a un teatro porque piensa distinto?".

Lo más grave es que este tipo de medidas draconianas parecen motivadas en el deseo de emitir una señal, que infunda temor y acalle otros disensos. Los reyes del respeto a la diversidad terminaron vomitando insultos homófobos contra Petru Valensky desde el cobarde anonimato de las redes sociales, porque también osó expresar una discrepancia al absolutismo oficialista.

Mi solidaridad ante este atropello no se limitará a estas líneas. He decidido que no volveré a entrar a El Galpón hasta que no se levante esa medida discriminatoria contra el colega. Me da pe-na, porque allí trabajan artistas a quienes admiro, varios de los cuales son además amigos entrañables.

Pero como no fui cómplice de la dictadura que los prohibió a ellos, tampoco lo seré de quienes censuran y discriminan a sus compañeros.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)