Hoy es fecha patria en Argentina y hace algunas semanas una inteligente columna de Danilo Arbilla (“uruguayos venid”) dejó planteado un tema muy relevante: ¿cómo hará el FA para captar votos de uruguayos en Argentina, cuando el resultado gubernativo del kirchnerismo es desastroso y el vínculo entre el FA y el kirchnernismo ha sido tan potente como evidente?
La dimensión del desastre económico y social argentino es difícil de aprehender de este lado del Río de la Plata. Primero, porque nuestra idea más comúnmente extendida es que nuestro vecino es un país inmensamente rico en materias primas y en oportunidades para salir adelante. Segundo, porque nuestra experiencia del último medio siglo ha sido la de ver caer a Argentina en desórdenes inauditos, para luego levantarse con gran vigor, al punto de lograr borrar, para muchísimos argentinos, los sinsabores de la caída previa. Y tercero, porque la aproximación vivencial que tenemos de Argentina, con las visitas recurrentes de tantos miles de uruguayos, o incluso con la interrelación estrecha de todo nuestro Litoral, no logra percibir la hondura de la pobreza y la marginalidad que sufren millones de argentinos.
Pero el desastre está ahí e importa describirlo someramente: es un país con cerca del 40% de pobres -aun cuando el umbral de pobreza es, además, muy bajo-; con una decadencia de largo plazo en sus ingresos per cápita que siembra una desesperanza duradera por la imposibilidad de salir adelante (aquello de Argentina como una trampa de la que hay que zafar emigrando); con un desequilibrio macroeconómico gigantesco que impide a los agentes económicos formarse expectativas ciertas que potencien inversiones y ganancias; y en particular, con una inflación galopante que corroe los ingresos de los más pobres y de las clases medias.
Desde la lógica más elemental, tiene razón Arbilla cuando se pregunta cómo hará el FA para seducir votantes uruguayos que residen en la vecina orilla, cuando el responsable evidente de tamaño fracaso es la fuerza política que ha gobernado la mayor parte del tiempo desde hace 20 años ese país, y que tan cercana es ideológicamente al FA. La respuesta es sencilla: la lógica no importa nada; la seducción y el convencimiento operan igual, y los uruguayos afines al FA que residen en Argentina, y que también son afines al kirch-nerismo, están convencidos de un diagnóstico de la realidad que es completamente diferente al que Arbilla (o yo) podemos hacernos y argumentar.
Para el kirchnerismo, detrás del desastre argentino no está su propia responsabilidad, sino una conjunción de razones que le es completamente ajena: una crisis mundial causada por la guerra en Europa y la pandemia; una conjura de grandes capitalistas que se benefician con el aumento de los precios en detrimento del pueblo; y, en general, la perversión que trae consigo un sistema económico injusto como el capita-lismo y la economía de mercado, con sus infames expresiones interna- cionales -FMI, empréstitos internacionales, etc.- que dañan a la Argentina.
Los uruguayos frenteamplistas que residen en Argentina son así de kirchneristas. Numerosos, intentarán incidir en el resultado de 2024 en Uruguay.