Acercamientos y complicidades

Parecía que la cumbre CELAC-Unión Europea se desangraría en la guerra que está destruyendo a Ucrania. Sin embargo, el resultado final fue alentador en lo referido al tan postergado acuerdo económico entre los dos bloques.

Francia ha sido un duro obstáculo para el ensamble de las economías de Europa y el Mercosur, pero algo ha comenzado a cambiar. La UE empieza a mostrar más interés por los vínculos económicos con Latinoamérica. Ese interés, más las consecuencias del Brexit, hicieron que la cumbre dejara en la declaración final una mención al gusto argentino sobre la cuestión Malvinas.

La cumbre CELAC-UE sobrevivió a los campos de batalla donde está corriendo sangre eslava. Pero estuvo cerca de fracasar por esa guerra. Ocurre que los regímenes de Cuba, Venezuela y Nicaragua volvieron a actuar a favor del presidente ruso y la delegación nicaragüense rechazó incluso la versión suavizada del cuestionamiento a la invasión que incluyó la declaración final.

En la cumbre, castrismo, chavismo y orteguismo volvieron amostrar su afinidad con Vladimir Putin, bloqueando la participación de Volodimir Zelenski y obstruyendo la inclusión de un párrafo condenando duramente la invasión rusa.

En medio de esa batalla se vieron diferencias entre las izquierdas latinoamericanas. Diferenciándose del eje La Habana-Caracas-Managua, el presidente de Chile, Gabriel Boric, exigió una condena más enérgica a la agresión rusa contra Ucrania. El joven mandatario centroizquierdista volvió a mostrar que él no tiene las ataduras que sujetan las posiciones de otros liderazgos latinoamericanos.

También asumió una posición diferente el presidente argentino. Distanciándose moderadamente de la posición funcional al Kremlin, Alberto Fernández dijo que “la invasión de Rusia sobre Ucrania desató un conflicto delicadísimo que nos condujo a una situación dramática…”

Al hablar de “invasión de Rusia sobre Ucrania”, el presidente argentino dejó en claro quién fue el iniciador del conflicto.

Pero la Unión Europea pretendía que la declaración final incluyera una condena explícita a la decisión de Putin que causó una guerra catastrófica. Esa condena debía expresarse en los términos planteados por Naciones Unidas. En ese punto encontró la resistencia de Caracas, Managua y La Habana.

Finalmente, las delegaciones de Cuba y Venezuela aceptaron incluir un cuestionamiento a Rusia por la invasión, que es una versión muy suavizada respecto a la que proponía la UE.

Aún así, la representación nicaragüense rechazó suscribir la declaración final.

La pulseada fue reveladora de una oscura contradicción. Los tres regímenes, igual que las dirigencias populistas de izquierda que los apoyan, se auto-perciben “progresistas”. Sin embargo, el líder ruso al que defienden es un ultraconservador que impone una legislación retardataria contra la diversidad sexual además de practicar el expansionismo territorial por la vía militar.

El belicismo expansionista de Putin se puso en marcha tras la cumbre de la OTAN del 2008 en Bucarest, al atacar a Georgia para quitarle Abjasia y Osetia del Sur, a pesar de que la alianza atlántica había rechazado el pedido de incorporación del país caucásico.

Tampoco había aceptado la petición de Ucrania, pero Rusia invadió. Por eso a las peticiones de Suecia y Finlandia, la OTAN las aceptó del mismo modo que había aceptado incorporar a los ex soviéticos países bálticos, a los que Rusia no atacó.

Cuba, Venezuela y Nicaragua fueron funcionales a Putin en los mismos días en que Rusia abandonó el acuerdo sobre la exportación de granos, generando peligro de hambrunas en regiones de alta vulnerabilidad alimentaria. También en los mismos días en que el líder ruso dio otro paso en dirección retardataria en materia de diversidad sexual.

Rusia había avanzado positivamente en ese terreno con la legislación aprobada por la Duma en 1993, durante la presidencia de Boris Yeltsin. Pero con Putin, retrocedió a los tiempos oscuros de la marginación y el estigma.

La política ultraconservadora comenzó en el 2013 con la prohibición de la difusión entre menores de cualquier información sobre diversidad sexual. Y en los años siguientes se amplió a todas las edades esa prohibición.

Las leyes homofóbicas usan los mismos términos utilizados por los sectores más recalcitrantes de las religiones. Por ejemplo, trata de “degenerados” a los homosexuales, retrotrayendo la situación a los tiempos en que existía el “delito de sodomía”.

En los mismos días en que los autoritarismos de izquierda le cubrían las espaldas en la cumbre CELAC-UE, Putin daba un paso más contra la comunidad LGTBQ, al prohibir todo tipo de intervención médica para cambio de sexo.

Un liderazgo belicista y ultraconservador es apoyado por líderes que se auto-consideran “progresistas”. ¿Por qué? Porque lo sustancial es lo que tiene en común Putin con los déspotas latinoamericanos y los populismos de izquierda que los secundan: el desprecio a la democracia liberal.

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