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Los dos problemas de la economía uruguaya difíciles de solucionar y que las elecciones pueden empeorar

Temen que cuentas públicas se deterioren hacia el final de la administración. El desafío es bajar el déficit y aumentar la competitividad del país en medio de una pugna política que tentará a elevar el gasto público.

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Elecciones, circuito electoral, urnas
Persona vota en circuito electoral.
Foto: Fernando Ponzetto

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Existen dos problemas de la economía uruguaya de difícil solución: el déficit fiscal, que se viene deteriorando mes a mes desde setiembre pasado (subió 1,4% del Producto Interno Bruto -PIB- hasta junio), y la competitividad con un dólar planchado que se niega a remontar. En ambos casos, no se ve fácil solución, ya que no está previsto recorte del gasto en lo que queda de este año preelectoral, ni suba de impuestos; y en cuanto a la falta de competitividad parece haberse vuelto estructural.

El País consultó al economista José Antonio Licandro, exintendente de regulación financiera de la Superintendencia de Servicios Financieros del Banco Central (BCU), quien defendió: “Si miramos con atención los informes del Consejo Fiscal Asesor, el resultado fiscal estructural y la deuda de estos años, no han evolucionado mal, todo lo contrario. Se ha hecho un trabajo fuerte en retención del déficit estructural. Lo que estamos viendo en estos meses es el impacto de la sequía y de la situación en Argentina”.

El economista reconoce que la caída de los ingresos fiscales va más allá de lo que han sido las reducciones impositivas que han operado (del IRPF y del IASS, a las que califica de “muy menores”), pero que la situación “no es preocupante”, al tiempo que observó que los gastos públicos crecieron dentro lo establecido.

“En la medida en que los gastos no crezcan más que lo que crece el PIB en términos tendenciales, eso ayuda a que el déficit fiscal estructural no suba”, agregó.

Gabriela Mordecki, profesora e investigadora del Instituto de Economía de la Universidad de la República (Udelar), en entrevista con El País, coincidió en que el crecimiento de la economía se enlenteció y el déficit aumentó por factores coyunturales, como por los gastos extraordinarios debido a la crisis hídrica, pero señaló que la recaudación también se vio afectada por la recuperación del salario real (perdido durante la pandemia), una promesa realizada por el gobierno durante su campaña, que ahora quiere cumplir por lo que se viene en el terreno político.

“Se advirtió que no era momento para una baja de impuestos (del IRFP y el IASS), pero el gobierno la llevó adelante igual”, afirmó.

En esa línea, también con El País, la economista Florencia Carriquiry, socia de la consultora Exante, fue más categórica al decir que “no es tan grande el riesgo en el frente fiscal, pero sí luce negativo en las cuentas públicas”.

Año electoral

“La situación fiscal no me preocupa, repito, pero tengo temor de que la política le gane a las reglas en 2024, que no se respete la regla fiscal por ser año electoral”, dijo Licandro.

“Es un hecho no solo en Uruguay sino otros países, que los partidos de gobierno tratan de hacer cosas para ser reelectos, y ese hacer cosas implica subir gastos y desaprovechar oportunidades de dejar las cuentas fiscales ordenadas”, acotó. A eso se le suma otro temor: que si hay cambio de gobierno, hay que ver si el nuevo respetará o no la regla fiscal. “Es un temor que tenemos todos”, acotó.

En esa línea, Carriquiry observó que ya en la Rendición de Cuentas el objetivo de déficit fiscal estructural de 2,5% se movió a 2,7%, y que el gobierno pidió una excepción para aumentar el tope del endeudamiento (por los gastos extraordinarios para hacer frente a la crisis hídrica ya mencionados). “Todos los gobiernos de Uruguay tuvieron mayor predisposición a gastar en período preelectoral”, agregó (ver aparte).

En todo caso, es muy probable que la regla fiscal sea cumplida (dado que la creó el actual ministerio de Economía y Finanzas, y sería contradictorio y grave que no se cumpliera), pero tal vez lo haga con “perforaciones”, utilizando un término de Carriquiry.

Por su parte, Mordecki recordó que las obras de infraestructura generalmente son aceleradas para inaugurarse antes de las elecciones, lo que genera más desembolsos.

“Juicio” a exportadores

Licandro fue directamente en contra de la posición de los exportadores que demandan un dólar más alto: “Los exportadores usualmente se quejan. Cuando el dólar estaba a $ 46 hace dos años, no se quejaban. Pero ahora están diciendo ‘bajó la inflación, pero nosotros somos los que pagamos los costos’. Entonces, ¿habría que decir que cuando el dólar estaba a $ 46, eran ellos los que ganaban y la gente perdía? Esa no es una buena postura”.

Y prosiguió: “Hace un año y medio había adelanto cambiario, el dólar estaba por encima de su fundamento, y nadie decía nada al respecto. En los módulos económicos es normal que las variables se alejen del valor de equilibrio por arriba o por debajo. Hay gente que lo lee de manera equivocada, quizás por sus intereses o sesgos. Los que dicen que el desequilibrio actual del tipo de cambio real es atribuible a la política monetaria, tendrían que probarlo”.

A su entender, una reducción de la inflación bastante mantenida ajustará el tipo de cambio real, y eso es lo que se proyecta para los próximos meses.

Mordecki recalcó que las exportaciones están afectadas por otros factores más allá de la caída del dólar, como una menor demanda china, precios internacionales más bajos y menos producción nacional.

En todo caso, Carriquiry fue quien le dio más peso al retroceso en el valor relativo del dólar sumado a los pobres niveles de competitividad, lo que podría llevar a mayores costos en la actividad económica.

“La baja de la inflación es un objetivo compartible, eventualmente la duda es a qué velocidad y con qué costo. Tal vez el BCU está procurando un descenso más rápido, que termina teniendo costos en materia de competitividad relativamente importantes sobre todo cuando la política salarial y fiscal no acompañan en ese esfuerzo”, agregó Carriquirry.

“Las empresas pueden convivir con esta situación de baja competitividad, pero solo un tiempo”, concluyó.

además

Deterioro de las cuentas hacia el final del período

“La norma en todos los gobiernos luego del regreso a la democracia en 1985 -salvo el de Jorge Batlle que estaba en una situación muy compleja-, tuvieron un deterioro de las cuentas públicas en la segunda mitad de la administración, y muy probablemente no escapemos de esa situación este año”, proyectó Carriquiry, sumándose a una advertencia que también realizan otros analistas y políticos.

“Argentina operó para que China no avance con nosotros”

Licandro llevó el tema de la competitividad a los grandes “debes” del país: el alto costo interno que surge de ineficiencias sobre todo en mercados internos, lo que requiere reformas microeconómicas; y particularmente al tema de la apertura al mundo.

“Como dijo el presidente de Argentina (Alberto Fernández), el Mercosur para nosotros es un lastre”, lanzó Licandro.

“De hecho, en los últimos días, Argentina ha tomado nuevamente medidas que están por fuera del Mercosur y nadie les dice nada”, afirmó en referencia a la resolución en el vecino país a fines de julio de que todas las importaciones de bienes -salvo excepciones- estarán gravadas con un 7,5% de “Impuesto PAIS” (Para una Argentina Inclusiva y Solidaria), lo que afecta las exportaciones desde Uruguay.

“También es claro que Argentina no solo viola las reglas del Mercosur, sino que Argentina y Brasil han operado para que China no haga el acuerdo bilateral con nosotros. No es descabellado pensar que lo hayan hecho”, arriesgó.

La oportunidad que se abre para Uruguay ahora es la del Acuerdo Transpacífico, donde entran en juego otros requisitos que van más allá de Brasil y Argentina, por lo que el gobierno está avanzando con la ley de patentes.

“El tema de los acuerdos comerciales es como el tango, son dos los que bailan. Y a esta altura para mí es claro que el Mercosur a nosotros nos va en contra, los grandes no bailan con nosotros. Sería más bien partidario de repensar nuestra situación, cambiar de categoría en el bloque y pasarnos a miembros asociados, como son pacíficamente Chile y Bolivia”, opinó.

El economista descentró el tema de la política monetaria, al consultarle qué más se podría hacer para impulsar la economía. “Lo que empuja la economía básicamente es la inversión, la acumulación de capital, porque es lo que genera empleos, riqueza, la que trae nueva tecnología y genera progreso”, resumió.

proyecciones

Para 2024 se espera un mayor crecimiento

Todo indica que la economía va a crecer levemente este año (en el orden algo superior al 1%).

Los economistas consultados por El País afirman que la caída en la recaudación impositiva se revertirá el próximo año, no así el impacto del tema salarial que va seguir pesando en las cuentas, con el aditivo del impacto de las pasividades, que se ajustan por el Índice Medio de Salarios Nominales.

Los economistas afirman que se verá mejora de los salarios reales y el empleo, lo que ya está ocurriendo.

“La baja de la inflación va a pesar más en las cuentas públicas”, agregó Mordecki, quien puso foco también en que la fuga del consumo de los uruguayos hacia Argentina (por el diferencial cambiario), seguirá afectando negativamente en los puestos de trabajo y la recaudación en Uruguay.

No se esperan mejoras sustantivas en la economía argentina (más allá del resultado electoral del próximo octubre), y existen expectativas en relación a Brasil, desde el punto de vista cambiario y financiero; ese país acaba de empezar a bajar la tasa de interés de referencia.

“Por ahí, en ese contexto, podría haber un camino de recuperación del precio del dólar en Uruguay”, dijo Modecki.

Según Carriquiry, las cuentas fiscales tendrán alguna mejora en 2024, dado que es probable que no se repitan las inversiones de este año o las de fines de 2022”, agregó.

Sobre la inflación, Carriquiry explicó que es buena noticia su baja, pero que, en el combate a la inflación, la política monetaria “quedó muy sola”, al tornarse más expansiva la política fiscal y una política salarial que tiene por delante el ajuste de los salarios; “todo eso no ayuda”, dijo.

“A medida que el descenso de la inflación se consolide, deberíamos ver una política monetaria que se siga flexibilizando con tasas de interés bajando, lo que podría contribuir a que el dólar suba”, agregó.

Lo cierto es que con salarios creciendo más del 8%, la inflación es probable que se consolide en 5%, según las proyecciones.

La baja competitividad será un factor que continuará en 2024, por lo que los economistas consultados esperan que se tomen resoluciones para que al menos no se profundice.

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