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Por Fabiana Culshaw
El sacudón global a partir de la quiebra del Silicon Valley Bank (SVB) y la venta del Crédit Suisse, entre otros bancos en crisis, llevan a preguntarse sobre si realmente el mundo se enfrenta a una crisis del sistema financiero, y qué puede pasar en Uruguay con ello.
Sobre esto versó el conversatorio “¿Estamos ante una nueva crisis financiera internacional?”, con el exsuperintendente de Servicios Financieros del Banco Central (BCU) y actual director de Riesgos de banco Itaú Fernando Barrán, el expresidente del BCU y actual asesor de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, Julio de Brun y el economista uruguayo con más de 25 años de experiencia en Wall Street, Arturo Porzecanski. El evento fue organizado por la Academia Nacional de Economía y la CFA Society Uruguay, en el WTC anoche.
La conclusión fue casi unánime: no se trata de una crisis bancaria ni estamos en la antesala de alguna crisis, pero sí existen vulnerabilidades en el sistema financiero global.
En cuanto a Uruguay, mientras exista la posibilidad de recurrir a liquidez en los mercados internacionales (todo indica que seguirá siendo así), se podrán paliar las dificultades, aunque hay que estar atentos a si la inflación y las tasas de interés de la Reserva Federal (Fed) siguen siendo altas, por el impacto mantenido.
La tarea de evitar las corridas bancarias
Porzecanski considera que se puede prevenir gran parte de las crisis bancarias, pero no todas. “Los bancos reflejan las presiones de las economías, de las políticas fiscales, de las políticas públicas. El negocio bancario es riesgoso por definición”, afirmó. Agregó que, más allá de los errores del SVB que lo llevaron a la quiebra, la Fed también se equivocó con sus proyecciones y medidas contra la inflación. Toda esta complejidad de causas se suman en contra de evitar las corridas bancarias.
Vulnerabilidades
¿Por qué no estamos ante una crisis como la de 2008? Porzecanski (execonomista jefe del Republic National Bank de Nueva York y actual investigador de American University en Washington D.C.), consideró que, a diferencia de aquel momento, los bancos están mejor capitalizados y supervisados (“más que nunca, salvo excepciones”, afirmó). Por eso, los problemas de los mencionados bancos de este año (entre otros) no implican, a su entender, una crisis del sistema bancario en sí. No obstante, la situación ha puesto en evidencia las dificultades bancarias ante la suba de las tasas de interés (para amortiguar una alta inflación que ya lleva dos años) y el hecho de que los depósitos de gran cantidad de bancos superan los montos asegurados, lo que constituye otra vulnerabilidad preocupante. De hecho, señaló que, actualmente, existe un 40% más de depósitos no asegurados en Estados Unidos que en 2019.
Según sus proyecciones, existen otros bancos en riesgo de quebrar si los depositantes retiran su dinero masivamente (sin llegar a ser esto un riesgo generalizado), y también algunos sectores tendrán dificultades para saldar sus deudas.
De Brun coincidió al afirmar que “esto no es una crisis bancaria, sino bancos en crisis”.
Una de las diferencias más grandes en relación a 2008 es que en ese momento primaba un deterioro patrimonial importante de los bancos; algo similar -en cuanto a crisis- sucedió con la deuda de los años 80, que tuvo arrastre bancario.
“Ahora hubo retiros de depósitos de algunos bancos, pero esos dineros no se quedaron en el colchón como en (Uruguay en) el 2002, sino que se depositaron en otros bancos, se reciclaron en el resto del sistema”, afirmó De Brun.
“Hay mecanismos regenerativos de los flujos que pueden recomponer la situación. Los bancos centrales deben poner los bypass correspondientes”, agregó.
Cabe recordar que en el 2008 el sistema estadounidense, el europeo y el británico tuvieron que llegar a acuerdos para que los dólares fluyeran, lo que ahora no fue necesario.
“Estamos lejos de la crisis de 2002 y de 2008, pero se requiere una respuesta rápida y coherente para evitar temores en los mercados”, advirtió De Brun.
Razones
Por su parte, Barrán dedicó gran parte de su exposición a las causas de la quiebra del SVB en 2023 versus la del Royal Bank Scotland (RBS) en 2008.
El economista analizó las variables que generalmente están comprometidas (una o varias de ellas) ante situaciones de quiebra: poca capitalización del banco, excesiva dependencia del financiamiento institucional y a corto plazo (riesgo de liquidez), baja calidad de los activos, pérdidas en las actividades de trading, crisis del entorno en las que los bancos más débiles son los más fáciles de caer, entre otras razones.
Barrán hizo énfasis en que la banca ha aprendido mucho de gestión de 2008 a la fecha, y que en el caso del SVB no tenía debilidad patrimonial, pero sí desde el punto de vista de su dinámica.
Se trataba de un banco “con un apetito al riesgo impresionante” y que sufrió la corrida de US$ 42.000 millones en un solo día (el 20% de sus activos), “algo que ningún banco puede aguantar”.
En ese contexto, tanto De Brun como Barrán observaron graves problemas de gestión en el SVB, “una cartera de bonos que se llevaba todo el capital, a pesar de que era el doble del regulatorio” (afirmaron) y también errores del regulador que vio venir el problema durante 16 meses “y no actuó a tiempo”. “De todas maneras es fácil ver el problema con el diario del lunes”, expresó De Brun.
Lo cierto es que las crisis de este y otros bancos de EE.UU. y Europa de los últimos tiempos sirven de alerta para tratar de corregir -si esto es posible- vulnerabilidades en el sistema, sobre todo en relación al grado de capacidad que tienen los bancos de soportar potenciales pérdidas de capitalización ante entornos inciertos y de alta inflación, como los actuales.
“Uruguay está en agua tibia, por su acceso a liquidez”
Los expertos afirmaron que Uruguay no tiene problemas bancarios en este momento por la situación internacional, pero “no somos la Suiza de América”, aclaró Barrán.
El no tener “este tipo de problemas” (aunque se pueden ver afectados algunos activos) se debe a que los bancos nacionales prácticamente no tienen títulos de deuda uruguaya, sí Letras en pesos y activos líquidos de alta calidad, con buena correlación de riesgo. “Llegado el caso, los bancos tienen dólares para cubrir la necesidad en moneda nacional”, dijo.
Para Porzecanski, si los bancos de América Latina -incluyendo a Uruguay- resistieron las crisis de 2008 y 2009, también van a resistir los próximos meses, fundamentalmente porque están más fortalecidos que en aquella época. También dio una recomendación a los ahorristas: “Los beneficios de la diversificación de los portafolios de inversión, aplican a las cuentas bancarias”, afirmó. Otra alternativa que manejó es depositar el dinero concentradamente en alguno de los bancos “gigantescos” del sistema, que son los llamados “bancos de importancia sistémica” (que acreditan un mínimo de US$ 250.000 millones de activos), ya que pueden soportar mejor los vaivenes del entorno, de las economías y políticas públicas de los países.
Según proyectó, la tendencia de pocos bancos con gran concentración de la torta del mercado irá en aumento. “En Estados Unidos, en 1990 había cinco grandes bancos que concentraban gran parte de la torta, y en 2019 llegaron a 45”, afirmó Porzecanski, desde Washington D.C. vía videoconferencia.
De Brun fue claro al afirmar que “Uruguay está en agua tibia (como en un estado intermedio), porque tiene liquidez, acceso a liquidez y métodos de pago, por eso hay circunstancias normales de funcionamiento en el país” (aunque sí hay impacto en el nivel de la deuda si las tasas de interés siguen altas). “El agua se pondrá caliente si este problema a nivel internacional -de alta inflación y altas tasas- se mantiene”, concluyó.