El plan de UTE para ampliar redes de transmisión, la inversión de US$ 1.100 millones que viene, y el rol privado

En el marco de la segunda transformación energética, el gobierno toma riendas en el asunto, con la participación de empresas, como Teyma, Siemens Energy, Black & Veatch y CSI Global, entre otras.

Presidenta de UTE, Andrea Cabrera, rodeada por Gonzalo Casaravilla (Represa de Salto Grande) y Christopher Clement (Siemens).jpg
Presidenta de UTE, Andrea Cabrera, rodeada por Gonzalo Casaravilla (Represa de Salto Grande) y Christopher Clement (Siemens).
El País.

Uruguay inició su segunda transformación energética centrada fundamentalmente en ampliar las redes de transmisión de UTE, habiendo culminado la primera, enfocada en la generación de energía. Esto significa que si bien continuará con los planes de generación, pero el énfasis estará en la distribución.

La mayor parte de la demanda energética, que va en fuerte aumento, está en el sur del país, en especial en Montevideo, así como en las zonas costeras, mientras la generación está en distintas partes del territorio. En tal sentido, “UTE está abocada a la instalación de nuevas líneas que unan el centro del país al sur, ya que además los data centers que vienen a instalarse acá, buscan hacerlo cerca de Montevideo”, dijo la presidenta de UTE, Andrea Cabrera.

Otro gran proyecto en macha en el país es la actualización de la represa de Salto Grande, con una inversión que asciende a US$ 1.100 millones en total (de la que la mitad corresponde a Uruguay y la otra mitad a Argentina), que consiste en la renovación de turbinas y generadores, que tienen unos 40 años y funcionan bien, pero no así la correa de distribución en la que “urge un cambio”, según advirtió Gonzalo Casaravilla, presidente de la Comisión Técnica Mixta (CTM) de Salto Grande.

Estos dos proyectos mencionados fueron planteados en el panel “Infraestructura innovadora” en el evento “El futuro de la energía: Oportunidades de colaboración entre EE.UU. y Uruguay”, organizado por la Embajada de EE.UU., el Banco Mundial (BM), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Universidad Católica (UCU), entre otras instituciones. Empresas privadas del sector, Black & Veatch, Teyma, CSI Global y Siemens Energy también participaron en el panel.

El plan de UTE

Cabrera explicó que el desafío, en la segunda transformación energética, está en las líneas de transmisión, y que se está trabajando en conjunto con otros organismos, tanto para la planificación de la generación de energía como para la planificación de extensión de líneas.

“Para el final del quinquenio, deberíamos tener más energía solar fotovoltaica y más eólica, acorde al aumento de la demanda”, afirmó. Aclaró que, según los planes, las energías renovables irán creciendo sobre todo entre 2031 y 2050 y que habrá que invertir en adaptar plantas de energía térmica con nuevas tecnologías.

Concretamente, el año próximo UTE trabajará en la instalación de más generación de energía solar, y en 2030 se incorporará más energía eólica. Si la demanda sigue aumentando, se adelantarán nuevos proyectos basados en eólica, según los planes.

Cabrera hizo especial énfasis en las redes de transmisión de electricidad, que se requieren sobre todo para el sur del país, y también en la necesidad de invertir específicamente en turbinas, algunas de las cuales están trabajando pocas horas para evitar fallas de corta duración asociadas a la intermitencia de las fuentes de energía renovable.

La presidenta de UTE especificó que el plan de expansión de transmisión de energías renovables llevará entre siete y ocho años. Los estudios ya comenzaron y están redondeándose, los pliegos para las licitaciones se publicarán el próximo año; “se requiere financiamiento”, afirmó.

Represa de Salto Grande

Esta represa binacional, que abastece la tercera parte de la demanda de energía de Uruguay y el 3% de la de Argentina, tiene una potencia de 1.890 MW, 14 turbinas Kaplan, 2.000 MVA de interconexión y cuatro subestaciones de 500 kV.

Salto Grande es el principal regulador de frecuencia del sistema interconectado de ambos países, y contribuye a la transición hacia energías renovables al aportar inercia al sistema.

La represa ha atravesado varias fases de actualización tecnológica, en especial desde 2019, con una inversión total de US$ 1.100 millones para un período de 25 años. Actualmente, está entrando en la etapa III, que requiere la renovación de turbinas y generadores.

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Gonzalo Casaravilla, presidente de la CTM de la represa de Salto Grande
El País.

Previamente, en la etapa I, se renovó el sistema de protección y control, compuertas y tableros, mejoró el equipamiento de potencia 500 kV, se reemplazaron reactores, transformadores GSU e interruptores, se arreglaron y compraron grúas, se adelantaron obras de mitigación de erosión de costas, entre otras acciones.

En la etapa II, se renovaron las cuatro estaciones en términos de potencia y equipamiento de maniobra (algunas en proceso), electromecánica industrial y obras civiles, se continuaron obras de mitigación de la erosión de costas en ambas márgenes, se adquirieron repuestos críticos del generador, suministro, montaje y puesta en servicio de transformadores y reactores, etcétera.

Salto Grande es la columna vertebral del sistema eléctrico uruguayo, la capacidad de inercia que tiene es espectacular (…) Bienvenidos a invertir”, dijo Casaravilla en relación a la etapa III, que requiere renovación de la correa de distribución, vital para el sistema, y para lo cual se espera el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y de proveedores privados.

Casaravilla compartió que prevén situaciones de cambio climático más extremas, lo que están considerando en las renovaciones de la represa a futuro.

El sector privado

Christopher Clement, director superior de Asuntos Gubernamentales de Siemens Energy, quien vino de Washington D.C. para participar en el evento, manifestó que la compañía está “muy integrada” con proyectos en América Latina, donde cuenta con ocho fábricas, diez centros de servicios, un hub, y 7.000 empleados en total.

Siemens ha suministrado transformadores al proyecto de expansión de energía en la represa de Salto Grande en Uruguay, participa en el plan de HIF Global en Chile y ha invertido fuerte en proyectos de energías renovables en Brasil, México, República Dominicana, Bahamas y otros países de la región.

Por su parte, Ignacio Morga, gerente de Energía de Teyma, quien ha liderado proyectos de energías renovables en el país (también preside la Asociación de Hidrógeno en Uruguay), explicó cómo la empresa, con una fuerte línea de negocio en construcción, se ha ido diversificando hacia administración de instalaciones, forestal, gestión ambiental y operación y mantenimiento.

Teyma tiene en su haber la construcción de la planta de ALUR (Alcoholes del Uruguay S.A.), entre muchas otras obras de generación y transmisión de energía. Y recientemente firmó un contrato para la construcción de una planta en Melo (Cerro Largo) y Punta del Tigre (San José).

“Uruguay no tiene petróleo ni gas, pero tiene sol, viento y agua, eso es lo que hay que capitalizar”, destacó Morga.

El ejecutivo de Teyma reconoció que los desafíos están en atraer más inversiones y en entrar en las cadenas de valor energéticas de los mercados internacionales.

A su turno, Sebastián Sayas, gerente de Energía de CSI Global —empresa de servicios para el sector energético—, contó su reciente experiencia en Santo Tomé & Príncipe, durante una crisis eléctrica que afectó el crecimiento económico del país.

CSI instaló allí un sistema de energía solar en más de 100 edificios, algunos de infraestructura crítica como sanatorios y hospitales, que, según afirmó, “cambió la realidad del país”.

A entender de Sayas, esa experiencia en Santo Tomé & Príncipe es extrapolable a Uruguay. “En el año 2010, Uruguay lanzó una normativa para la generación distribuida y fuimos pioneros con esa reglamentación, pero no así en el crecimiento exponencial de la generación distribuida”, observó.

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Gonzalo Casaravilla (Salto Grande), Andrea Cabrera (UTE), Christopher Clement (Siemens), Lorena Di Chiara (moderadora), Sebastián Sayas (CSI Global), Ignacio Morga (TeymaI) y Ángela Castillo (Black & Veatch).
El País.

“Se podrían solarizar edificios públicos, descentralizar y darle impulso a la generación, mejorar los costos”, prosiguió a modo de propuesta.

Finalmente, la chilena Ángela Castillo, directora de Desarrollo de Negocios de Black & Veatch —empresa global de ingeniería, adquisiciones, consultoría y construcción con sede en Kansas City— hizo énfasis en las baterías, que serán fundamentales para Uruguay, en especial cuando lleguen más data centers, afirmó.

“Hay que almacenar energía para tenerla disponible cuando se dan picos altos de consumo, o para aprovechar cuando se cotice mejor. También el almacenamiento mejora el perfil de exportación, al hacer a la energía más vendible cuando se necesita o conviene por el precio”, agregó.

“El tema del almacenamiento lleva a un aumento de la rentabilidad cuando está por escrito en los negocios y en las regulaciones, para su uso más óptimo. Tiene que estar en el diseño del mercado, en la ingeniería de proyectos desde un comienzo, y a largo plazo”, señaló.

Otra de sus propuestas fue que los países comiencen a pensar más en la combinación de energías renovables, para los consumidores finales en la región.

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