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El “cambio de paradigma” que consiguió Uruguay en el Banco Mundial y que determina una “innovación financiera”

El director de la Unidad de Gestión de Deuda del MEF, Herman Kamil, explicó los detalles de la emisión del bono climático y el reciente préstamo aprobado por el Banco Mundial a Uruguay.

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Herman Kamil
El director de la Unidad de Deuda, Herman Kamil habló sobre las finanzas sostenibles y expuso sobre el caso uruguayo.
Foto: Estefania Leal

Redacción El País
El pasado 11 de octubre, el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) informó que el Banco Mundial (BM) había aprobado un préstamo de US$ 350 millones para Uruguay, cuyas condiciones de financiamiento están vinculadas con el cumplimiento de metas ambientales.

Este crédito fue considerado ayer por el director de la Unidad de Gestión de Deuda (UGD) del MEF, Herman Kamil, como un “cambio de paradigma” para el Banco Mundial dado que es el primero de este tipo que este organismo aprueba y que no contempla la posibilidad de penalizar al país con mayor tasa de interés si incumple los compromisos asumidos, pero sí lo beneficia con una baja de tasas si los cumple.

“La innovación que pudimos lograr con el BM es que este mecanismo financiero solo va a tener la posibilidad de una reducción de tasas (si el país cumple con los objetivos). No contempla la posibilidad de una penalidad. Esto, créanme, es un cambio de paradigma para el Banco Mundial, porque países de altos ingresos per cápita como Uruguay, enfrentan un mayor costo de financiamiento, dado que hasta ahora la variable considerada siempre ha sido el Producto Interno Bruto (PIB) per cápita”, explicó Kamil ayer al participar del Foro Latibex, un encuentro entre inversores y empresas, organizado por Bolsas y Mercados Españoles (BME).

En la conferencia, denominada “Construyendo un modelo de financiación sostenible. Caso de éxito: Uruguay”, Kamil explicó que la concientización creciente en los temas de sostenibilidad, da lugar “a un cambio acelerado en el paradigma de las finanzas” internacionales y dijo que en ese contexto, el gobierno uruguayo se planteó “conectar, alinear su estrategia de financiamiento con los compromisos ambientales que el país ya ha asumido bajo el Acuerdo de París”.

En relación al préstamo del BM, Kamil señaló que lo que promueve Uruguay con esto es “que se incentive a los países a proveer bienes públicos globales y que los incentivos sean positivos”.

En este sentido remarcó: “Estamos convencidos de que son los incentivos positivos y no los negativos, los que estimulan los comportamientos virtuosos. Ese es el eje conceptual del desarrollo de estos instrumentos. Estamos convencidos desde Uruguay, de que la innovación financiera, tanto de mercado como en organismos multilaterales, tiene que ser un aliado para la acción y la ambición climática. Y que se tienen que generar los incentivos adecuados para que los países lleven adelantes políticas sostenidas. Y si esos incentivos son financieros y son positivos, mucho mejor”.

Kamil aprovechó la ocasión para explicar las ventajas que implican para el país, el desarrollo de dos instrumentos financieros novedosos, como lo fue el Bono Indexado a Indicadores de Cambio Climático (BIIC) -que el gobierno emitió por primera vez el año pasado y amplió este mes- y el préstamo con el BM.

A su entender, estos desarrollos consolidan “una estrategia de sostenibilidad, hace que tenga consecuencias financieras y por tanto, el compromiso es mucho más concreto”. Asimismo, para el director de la UGD estos instrumentos mejoran las condiciones de acceso al financiamiento del país, amplían la base de inversores de Uruguay y también fortalecen otras iniciativas como la atracción de inversión extranjera directa (IED) o la negociación de acuerdos multilaterales dada la interconexión “cada vez mayor” que tienen la acción climática y las políticas arancelarias.

Por otra parte, Kamil confirmó que “Uruguay va a continuar impulsando esta innovación financiera” porque además está “convencido” de que un “aspecto fundamental” del desarrollo de este tipo de instrumentos es que “refuerza la coordinación entre las agencias del sector público, genera más espacios de articulación y coordinación, genera incentivos para un mejor reporte de la información, empodera y jerarquiza a quienes trabajan en la acción climática de un país”.

“Esfuerzo”

El director de la UGD utilizó gran parte del tiempo de su exposición para explicar los detalles del BIIC, en el cual Uruguay asumió el compromiso de reducir la intensidad de las emisiones de gases de efecto invernadero y de mantener el área de bosque nativo. Ese bono tiene la particularidad de que si el país incumple los compromisos asumidos aumentará la tasa de interés que pagará a los inversores; si cumple, el cupón queda fijo, neutral; pero, la parte innovadora del diseño es que si sobrecumple esos objetivos, la tasa de interés que deberá pagar será menor.

Según explicó Kamil “fue muy difícil convencer a los inversores de que estuviesen dispuestos a comprar un instrumento en el que existiese la posibilidad de una reducción de tasas”.

La forma del MEF de convencerlos fue que “esto no iba en contra del inversor, no eran ellos contra nosotros, no era un juego de suma cero. La forma en que lo planteamos fue: ‘es verdad que eventualmente si el cupón baja, el inversor puede recibir menos ingresos por sus intereses. Sin embargo, eso implicaría que Uruguay sobrecumple sus metas ambientales, con lo que mejoraría su perfil crediticio, porque los factores ESG (medioambientales, sociales y de gobernanza) serían más fuertes y eso haría subir el valor secundario de sus bonos. Por tanto, el retorno total, para el inversor sería mayor’. Eso llevó mucho tiempo pero la demanda al salir del mercado superó nuestras expectativas”, concluyó.

Además

El porqué de “meterse en lío”

El director de la UGD dijo que Uruguay, previo a haber emitido el bono climático, “ya se estaba beneficiando de su posicionamiento en ESG. Había un halo ESG que ya estaba incorporado, entonces la pregunta es: ¿por qué meterse en todo este lío de dos años y medio de trabajo, de crear una nueva infraestructura y de una coordinación muy grande entre ministerios? Decidimos ir para adelante porque creemos que los beneficios son mucho mayores, tanto en términos de posicionamiento del país, como en diversificación de la base inversora y porque ayuda a conseguir otras fuentes de financiamiento climáticas. La hoja de ruta del hidrogeno verde calza muy bien con esto también. La visibilidad de estos instrumentos ha permitido ir a otra velocidad en estos otros acuerdos”, indicó.

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