CONFLICTO
Estados Unidos y la Unión Europea dicen que evitan afectar a ciudadanos, y buscan exponer a Vladimir Putin y otros futuros agresores.
A medida que impone sanciones históricas a Rusia, el gobierno que preside Joe Biden y los gobiernos de la Unión Europea (UE) se han fijado nuevas metas: devastar la economía rusa en un castigo que tiene al mundo como testigo, y generar presión interna al presidente Vladimir Putin para que ponga fin a su guerra en Ucrania, estiman actuales y anteriores autoridades de Estados Unidos.
Las duras sanciones -han golpeado al rublo, cerrado la Bolsa de Valores de Rusia y suscitado corridas bancarias- contradicen declaraciones anteriores de altos funcionarios de Estados Unidos de que evitarían infligir dolor a los ciudadanos rusos. “Aplicamos las sanciones con precisión para evitar con cuidado hasta la apariencia de que tenemos como blanco al ciudadano medio ruso”, dijo el segundo asesor de Seguridad Nacional para Economía Internacional, Daleep Singh, el mes pasado, en la Casa Blanca.
La escalada de sanciones ocurre con mayor celeridad de lo que estimaron muchos funcionarios, en gran medida, debido a que los líderes europeos han abrazado las medidas más agresivas propuestas por Washington, indicaron altos funcionarios de Estados Unidos.
Al desmoronarse la economía de Rusia, grandes empresas como Apple, Boeing y Shell, entre otras, suspenden sus operaciones o se retiran totalmente del país.
Advertencia.
El pensamiento entre algunos jerarcas de Estados Unidos y la UE es que Putin puede poner fin a la guerra si suficiente número de rusos protesta en las calles y suficientes magnates le dan la espalda. Otros altos funcionarios de Estados Unidos ponen énfasis en que los golpes a la economía rusa servirán de consecuencia visible de las acciones de Putin y de advertencia a otros eventuales agresores.
La economía rusa de US$ 1,5 billones es la 11ª del mundo. Hasta ahora, ningún grupo de países había intentado empujar al borde del colapso a una economía de esa magnitud, con consecuencias desconocidas para el mundo.
Las acciones también suscitan interrogantes en Washington y en las capitales de la UE respecto de si la cascada de hechos en Rusia podría derivar en “en un cambio de régimen”, lo que el presidente Biden y los líderes europeos evitan mencionar.
“Esta no es la guerra del pueblo de Rusia”, puntualizó el secretario de Estado, Antony Blinken, en una conferencia de prensa el miércoles. Pero, agregó que “el pueblo ruso sufrirá las consecuencias de las opciones de sus líderes”.
“Los costos económicos que nos hemos visto obligados a imponer a Rusia no apuntan al pueblo”, dijo. “Apuntan a convencer a su gobierno que frene sus acciones, que termine con su agresión”.
Las sanciones más duras hasta ahora son las que impiden que el Banco Central de Rusia pueda usar gran parte de sus reservas de moneda extranjera de US$ 643.000 millones, lo que ha derivado en una aguda caída del valor del rublo. Hay pánico a lo largo de Rusia. Los ciudadanos se apresuran a retirar dinero de los bancos, de manera preferente en dólares, y algunos huyen del país.
Las pruebas de estupor y furia entre los rusos -en su mayoría anecdóticas en un país con limitaciones a la libertad de expresión y donde se realizan muy pocas encuestas de opinión pública- han suscitado el espectro de una disidencia política masiva, que si fuera suficientemente fuerte, podría amenazar el poder de Putin.
Estados Unidos y la UE se abstienen de aplicar sanciones al sector energético, debido a la dependencia europea del gas ruso y por el riesgo de que los precios del petróleo lleguen a niveles aún más altos.