INVASIÓN A UCRANIA
Sin información ni imágenes de refugiados; vedan hablar de guerra e invasión.
En una reunión televisada con mujeres pilotos y miembros de la tripulación de Aeroflot, la aerolínea emblemática de Rusia, una de las participantes hizo al presidente Vladimir Putin una pregunta perfectamente elaborada para ajustarse a las nuevas normas gubernamentales que se deben seguir para informar sobre su invasión de Ucrania.
“Todos apoyamos sus acciones, la operación militar especial que se está llevando a cabo allí”, dijo un piloto, sentado entre casi veinte mujeres con uniformes de Aeroflot en una mesa larga, cada una con su propia tetera de cristal transparente. “Sabemos que los civiles no sufren pero, por favor, díganos qué hay al final de este camino”.
Putin respondió con una letanía de sus agravios contra Ucrania, pero ni su respuesta ni ninguna de las preguntas mencionaron la realidad de Ucrania: la violenta destrucción de ciudades y pueblos a manos del ejército ruso, las muertes de civiles, el éxodo desesperado de millones de refugiados. Prácticamente con todos los medios de comunicación bajo el control del Estado, todo eso ha desaparecido de las pantallas de televisión nacionales y de los titulares de los diarios y semanarios.
Pasar varios días viendo los programas de noticias de los principales canales estatales, así como examinar los diarios controlados por el Estado, es igual a ser testigo del alcance de los esfuerzos del Kremlin para maquillar su guerra con el término orwelliano “operación militar especial”, y hacer que toda la cobertura noticiosa se ajuste a ese mensaje.

Palabras como “guerra” o “invasión” para describir las acciones de los militares rusos están prohibidas por una nueva ley que Putin firmó el viernes. La ley impone hasta quince años de prisión para cualquier cobertura que el Estado considere “información falsa” sobre la campaña militar.
“No es una guerra en la televisión rusa”, comentó Stanislav Kucher, un presentador veterano de la televisión rusa y exmiembro del Consejo Presidencial para la Sociedad Civil y los Derechos Humanos.
Kucher se trasladó a Estados Unidos después de que sus programas fueron clausurados en repetidas ocasiones. “No verás explosiones, no verás ataques a barrios donde viven civiles, no verás mucho sobre las tropas, los soldados, los vehículos blindados pesados ni nada por el estilo”, indicó.
Acciones heroicas.
Putin, de 69 años, lleva mucho tiempo tratando de enfundar a su gobierno con las acciones heroicas y los terribles sacrificios realizados por la Unión Soviética para derrotar a la Alemania nazi. Su anexión de Crimea en 2014 y la desestabilización de Ucrania al alimentar una guerra separatista en el este de ese país ese mismo año no fueron una excepción.
El Kremlin retrató aquella guerra interminable como una continuación de la lucha del ejército soviético contra los nazis invasores y sus simpatizantes locales en la Segunda Guerra Mundial. Con su última invasión de Ucrania, el 24 de febrero, Putin redobló la apuesta, describiéndola en repetidas ocasiones como un intento de desnazificación y desmilitarización de Ucrania.
Esa es la consigna de los medios de comunicación estatales, la principal fuente de noticias para la mayoría de los rusos, sobre todo los de mayor edad. Putin se refirió a los miembros del gobierno de Kiev como nazis casi diez veces durante su reunión con el personal de vuelo, y la palabra se repite sin cesar en cada emisión. Para reforzar la idea, los canales de noticias muestran con frecuencia imágenes en blanco y negro de nazis reales.
Los noticieros son bastante homogéneos de un canal de televisión a otro. Las “operaciones” en Ucrania se describen básicamente como una misión para mantener la paz y que la misma es emprendida por los militares con el objetivo de rescatar a los residentes de habla rusa de las regiones separatistas de Donetsk y Lugansk, donde según ellos ocurren terribles crímenes de guerra perpetrados por el gobierno ucraniano. Occidente es descrito como una región completamente indiferente ante la situación.

Extremistas.
La vasta destrucción de la ciudad de Járkov y de muchas ciudades más pequeñas situadas el noreste suele merecer, en el mejor de los casos, una referencia rápida, o se culpa a las fuerzas ucranianas por ello.
El domingo 6, “Vesti Nedeli”, un programa muy visto en Rossiya-1, pareció utilizar un informe con el fin de preparar a los rusos para la batalla que se avecina en Kiev. El informe señaló que las fuerzas rusas habían aislado la capital ucraniana por el norte y el oeste, y que los combates continuaban en los suburbios. A continuación, acusó al ejército ucraniano de impedir la salida de los civiles para utilizarlos como escudos humanos. No se mostraron las decenas de miles de refugiados que huyen hacia el oeste lejos de las fuerzas rusas en caravanas de miedo y miseria.
El noticiero de las 14:00 horas del sábado en el Canal Uno, uno de los dos canales más populares junto con Rossiya-1, transmitió el contenido usual en esta historia de dos guerras.
Comenzó con el presentador citando a Putin, diciendo que la “operación especial’’ se estaba llevando a cabo según el plan. La destrucción de la infraestructura militar se completará pronto, añadió. El informe culpó a las fuerzas extremistas ucranianas de dinamitar un edificio en la ciudad portuaria de Mariúpol, en cuyo sótano se encontraban 200 personas refugiadas, pero no hubo imágenes.
Antes los ciudadanos podían leer y ver lo que quisieran; todo cambió
Una de las cosas paradójicas del gobierno de Vladimir Putin en Rusia era lo relativamente abierta que la sociedad se mantuvo siempre. Pese al control estatal de los medios, las personas podían leer o mirar lo que quisieran, incluidos noticieros extranjeros como los de la BBC y CNN. En internet, en gran medida, no había restricciones y era un portal hacia el resto del mundo.
Hasta ahora.
Varios de los principales medios de noticias occidentales han retirado a sus corresponsales o han dejado de informar en Rusia, luego de que Putin promulgara el viernes 4 de marzo una ley para sancionar a cualquiera que difunda “información falsa” con penas de hasta 15 años de prisión.
BBC, las radios y televisoras de Italia, Francia y Alemania, CNN, y las agencias noticiosas Bloomberg y Efe, optaron por cesar sus actividades.
“Putin está tratando de convertir a Rusia en una dictadura totalitaria de la era pre-Gorbachov”, dijo Michael McFaul, quien fue embajador de Estados Unidos en Rusia y director del Instituto Freeman Spogli de Estudios Internacionales en la Universidad de Stanford. “Al final fracasará, pero le hará un daño enorme a la sociedad rusa al intentarlo”.
Entre videos obligatorios y noticias en Telegram
El Kremlin ha llevado a cabo un extenso asalto a los medios de comunicación independientes durante la última década, y algunos de los últimos que quedaban cerraron la semana pasada tras la promulgación de la nueva ley. Entre ellos se encuentran dos incondicionales: Eco de Moscú (Echo Moskwy en ruso), una emisora de radio independiente, y TV Rain, unatelevisora que había emitido valientemente segmentos como una entrevista con el padre de un joven soldado que apareció capturado en Ucrania.
Para la generación más joven que no ve las noticias de la televisión, Telegram se ha convertido en la aplicación preferida por ambos bandos, comentó Kevin Rothrock, editor en jefe de la edición inglesa de Meduza, una agencia de noticias independiente que sigue operando desde fuera de Rusia.
Los videos del presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski hablando en Kiev, por ejemplo, se publican allí primero. Las escenas de ucranianos enfadados gritando “¡Ocupantes!” a los soldados rusos en Jerson o en cualquier otro lugar son fáciles de ver, pero no se mencionan en Rusia.
Para intentar llegar a las generaciones más jóvenes, el Ministerio de Ilustración y el Ministerio de Educación de Rusia han producido videos en los que se detalla la explicación oficial de la guerra; es obligatorio verlos en las escuelas y liceos.
Novaya Gazeta, un diario independiente cuyo director, Dmitry Muratov, compartió el Premio Nobel de la Paz el año pasado, ha intentado seguir las nuevas directrices. En las historias en las que las personas entrevistadas dijeron “guerra”, por ejemplo, hay elipsis y la frase “palabra prohibida por las autoridades rusas”.
Algunas noticias circularon fuera del filtro oficial. Leonid Ragozin, un periodista independiente, contó que un familiar en un ómnibus de Moscú hablaba con un amigo asustado en Járkov, con sirenas que sonaban de fondo. Puso la llamada en el altavoz y los pasajeros se quedaron en silencio para escuchar. Nadie se quejó.
Aun así, la embestida de la versión oficial del Estado parece tener el efecto deseado.
Varias encuestas rusa muestran un considerable apoyo a la guerra -alrededor de dos tercios de los ciudadanos rusos-, aunque los expertos dicen que hay que tener en cuenta la presión ejercida para repetir la línea oficial. (The New York Times)