Qué es la “lluvia negra” que cae sobre Teherán y por qué preocupa a los científicos

Tras los ataques a instalaciones petroleras, incendios masivos liberaron contaminantes que la lluvia arrastra desde la atmósfera.

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Fenómeno de lluvia negra en Teherán

Teherán enfrenta una crisis ambiental y sanitaria sin precedentes. Tras los ataques de Estados Unidos e Israel a varias instalaciones petroleras en la capital y sus alrededores, los incendios desataron enormes columnas de humo negro que, al mezclarse con la lluvia, generaron lo que se llama “lluvia negra”. El fenómeno ha teñido calles, autos y balcones, y ha dejado a millones de habitantes expuestos a riesgos graves para la salud.

Entre la noche del 7 y el 8 de marzo, los bombardeos destruyeron cuatro depósitos de petróleo, entre otras infraestructuras. Las imágenes muestran incendios masivos y nubes de humo que cubren la ciudad durante horas, mientras los residentes reportan dificultad para respirar, irritación en ojos y garganta, dolores de cabeza y malestar general.

Según la Sociedad de la Media Luna Roja de Irán, la lluvia posterior a los ataques podría ser “altamente peligrosa y ácida”.

¿De qué se trata? El fenómeno de la “lluvia negra” ocurre cuando las gotas de lluvia arrastran partículas presentes en el aire, como hollín, hidrocarburos y otros contaminantes liberados por la combustión incompleta del petróleo y los materiales de los edificios alcanzados por las explosiones. Anna Hansell, profesora de epidemiología ambiental de la Universidad de Leicester, explicó a New Scientist: “Las gotas de lluvia están recogiendo lo que hay en el aire, por lo que estamos hablando de una humedad tóxica, con compuestos potencialmente cancerígenos y ácidos que irritan la piel, los ojos y la garganta”.

Además de estos compuestos, los incendios liberan óxidos de azufre y nitrógeno, que pueden formar ácidos sulfúrico y nítrico, responsables de la corrosividad de la lluvia.

Gabriel da Silva, profesor de ingeniería química de la University of Melbourne, señaló en The Conversation: “La lluvia negra indica contaminantes tóxicos como hidrocarburos, partículas ultrafinas conocidas como PM2.5, y compuestos cancerígenos llamados hidrocarburos aromáticos policíclicos (PAHs), además de metales pesados e inorgánicos liberados por las explosiones y los incendios”.

Fenómeno de lluvia negra en Teherán
Fenómeno de lluvia negra en Teherán

Los efectos sobre la salud son inmediatos y preocupantes. La exposición a partículas finas en el aire puede causar problemas respiratorios, cardiovasculares y neurológicos, y aumentar el riesgo de cáncer. Hansell advirtió que “simplemente inhalar partículas muy finas puede penetrar profundamente en los pulmones e incluso llegar al torrente sanguíneo, con impactos serios en la salud a corto y largo plazo”. La ingestión de agua contaminada o el contacto con superficies afectadas también representa un riesgo, especialmente para niños, personas mayores y quienes tienen afecciones preexistentes.

El impacto ambiental también es grave. Las partículas más pequeñas presentes en el humo pueden viajar cientos o incluso miles de kilómetros, y los contaminantes depositados en el suelo, edificios y vías pueden re-suspenderse con el viento. Doug Weir, director del Observatorio de Conflictos y Medio Ambiente, explicó a BBC que “la gente de Teherán está expuesta a una gran variedad de sustancias en esta lluvia negra, no solo al petróleo. Es un escenario inusual porque estos ataques normalmente ocurren en zonas rurales, no en ciudades densamente pobladas”.

Las imágenes satelitales muestran columnas de humo que se extienden por la ciudad y los alrededores, confirmando la magnitud de los incendios y la densidad del smog generado. Según la profesora Eloise Marais, de University College London, este tipo de contaminación “solo se observa en accidentes industriales muy graves, donde una refinería entera explota”.

Trasciende el conflicto.

La contaminación generada por conflictos armados ha sido documentada en otras guerras recientes. Tras la quema masiva de pozos petroleros en Kuwait en 1991, por ejemplo, enormes columnas de humo oscurecieron el cielo durante meses y dejaron secuelas ambientales duraderas. Investigaciones posteriores mostraron que los contaminantes liberados en esos episodios pueden persistir durante años en el aire, el suelo y el agua, afectando ecosistemas y fuentes de agua potable.

Frente a esta emergencia, los expertos recomiendan minimizar la exposición: permanecer en interiores, usar mascarillas, proteger los ojos y limpiar superficies contaminadas. También se aconseja evitar el consumo de agua contaminada.

La lluvia negra que cae sobre Teherán es más que un fenómeno visual dramático. Es un indicador de que los efectos ambientales de la guerra pueden extenderse mucho más allá del campo de batalla, con consecuencias para la salud pública y los ecosistemas que podrían perdurar durante años.

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