Presidente electo en Bulgaria cumplirá un rol similar en la UE al del húngaro Viktor Orbán, según prevé la UE

Rumen Radev tiene posiciones cercanas a Rusia, cuestiona el Pacto Verde Europeo y la adopción del euro. No logró una mayoría absoluta en el Parlamento, por lo que necesitará pactar con otros partidos.

El líder de la coalición "Bulgaria Progresista" y expresidente Rumen Radev habla con la prensa en la sede de su partido tras el cierre de las urnas en las elecciones parlamentarias de Bulgaria celebradas en Sofía el 19 de abril de 2026.
El líder de la coalición "Bulgaria Progresista" y expresidente Rumen Radev habla con la prensa en la sede de su partido.
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El expresidente búlgaro Rumen Radev, antiguo general crítico con las élites políticas y con posiciones cercanas a Rusia, venció ayer domingo con claridad en las elecciones legislativas de Bulgaria con un discurso anticorrupción y sin ocultar su admiración por el ultranacionalista húngaro Viktor Orbán.

Todas las encuestas a pie de urna lo dan como claro ganador, con hasta el 39 % de los votos y una diferencia de más de 20 puntos sobre la segunda formación, el partido conservador Ciudadanos para el Desarrollo Europeo de Bulgaria (GERB), liderado por el tres veces primer ministro Boiko Borisov.

A pesar de su ventaja en las urnas, las proyecciones indican que Radev no logrará una mayoría absoluta en el Parlamento de 240 escaños, por lo que necesitará pactar con otros partidos.

“Para mí, lo más importante es formar un Gobierno estable y sostenible que pueda resolver los problemas de los ciudadanos búlgaros. Volver a convocar elecciones en otoño no es una opción”, aseguró Radev.

Su renuncia como jefe del Estado para concurrir a los comicios, según explicó, respondió a la necesidad de “escuchar a los ciudadanos” en un momento de profunda crisis política, marcada por protestas contra la corrupción y la inestabilidad institucional.

Antiguo comandante en jefe de las Fuerzas Aéreas, Radev, hoy de 62 años de edad, inició su carrera militar en 1987, todavía bajo el régimen comunista, y se consolidó como uno de los militares más destacados del país.

Graduado en Bulgaria con honores y más tarde, cuando llegó la democracia, en Estados Unidos, donde fue el mejor estudiante extranjero en la institución militar Air Command and Staff College, construyó una reputación de gran profesional antes de dar el salto a la política.

En 2016 fue elegido presidente como candidato independiente con el respaldo del Partido Socialista, y en 2021 revalidó el cargo.

Durante sus años en la jefatura del Estado (2017-2026), Radev mantuvo una relación tensa con el líder populista conservador Boiko Borisov, el político más destacado del país en los últimos 15 años, a quien acusó de forma repetida de tolerar la corrupción.

Su enfrentamiento con los políticos tradicionales le granjeó apoyo popular, especialmente al respaldar varias protestas ciudadanas, entre ellas la movilización contra la corrupción y el encarecimiento de la vida ciudadana que llevó el pasado diciembre a la caída del Gobierno de coalición liderado por el conservador Rosen Zhelyazkov.

Ahora, con un mensaje nacionalista centrado en la regeneración del Estado, la seguridad nacional y la rendición de cuentas, Radev ha logrado capitalizar el descontento ciudadano.

Su objetivo declarado es “transformar Bulgaria”, aunque sus críticos advierten que su estilo personalista y sus planteamientos podrían deteriorar la democracia.

Otros partidos

Necesitará establecer alianzas

Según la encuesta de Alpha Research, Bulgaria Progresista, la formación creada por Radev después de dimitir como jefe de Estado en enero, habría obtenido el 37,5 % de los votos, mientras que la empresa demoscópica Trend le da incluso el 39,2 %.

“Esperábamos ganar, era lo normal y natural. Teníamos grandes esperanzas y grandes expectativas, por lo que la responsabilidad es grande”, declaró Radev. En segundo lugar quedó, a cierta distancia, el partido conservador Ciudadanos para el Desarrollo Europeo de Bulgaria (GERB), liderado por el tres veces primer ministro Boiko Borisov, con alrededor del 16 % de los votos. La coalición europeísta de corte liberal Continuemos el Cambio- Bulgaria Democrática (PP-DB) lograría hasta el 14,3 %, mientras que la formación DPS-Nuevo Comienzo, liderada por un empresario sancionado por EEUU y Reino Unido por corrupción, sumaría hasta el 8,4%. También entraría en el Parlamento la formación ultranacionalista y prorrusa Resurrección, con hasta el 5 %.

En caso de que Radev logre hasta el 39 % de los votos, eso se traduciría en hasta 111 diputados de los 240 del Parlamento búlgaro. EFE

En este sentido, Radev no oculta su admiración por Orbán, a quien considera un modelo a seguir, aunque se le considera más pragmático y nunca ha puesto en duda la pertenencia del país a la UE ni a la OTAN.

En su campaña, se ha centrado en la lucha contra la inflación y en priorizar la economía “por encima de ideologías”, defendiendo reabrir el diálogo con Rusia para aprovechar sus recursos energéticos, cuestionando el Pacto Verde Europeo y mostrando una postura crítica con principios liberales, incluidas las políticas hacia la minoría LGBTI.

Ayer mismo había asegurado, después de votar, que buscará en el poder unas relaciones “prácticas y de respeto mutuo” con Moscú y volvió a subrayar que era necesaria una cooperación entre la UE y Rusia.

En política exterior, Radev defiende que se puede combinar la pertenencia a la Unión Europea y la OTAN con una postura crítica hacia las sanciones contra Rusia. También aboga por mantener el diálogo con Moscú y se opone al envío de ayuda militar a Ucrania, argumentando que prolonga el conflicto.

En 2025 promovió, sin éxito, un referéndum sobre la adopción del euro en 2026, subrayando que una decisión de ese calibre debía contar con un amplio consenso social, especialmente en un país donde un tercio de la población vive en riesgo de pobreza.

Su discurso combina elementos euroescépticos con una crítica frontal a las élites políticas y económicas, a las que acusa de beneficiarse del sistema en detrimento de la ciudadanía.

En este sentido, denuncia la influencia de figuras como Borisov y el empresario Delyan Peevski, sancionado por EE.UU. y el Reino Unido por corrupción, y a quienes responsabiliza de distorsionar la vida política del país.

Con información de EFE y AFP

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