VENEZUELA
Una vez amenazó tomar la Casa Blanca si Estados Unidos invadía Venezuela; hoy quiere dialogar con el líder opositor Juan Guaidó.

El próximo domingo en Venezuela se realizarán elecciones legislativa para renovar la Asamblea Nacional, el único organismo bajo control de la oposición pero que el régimen de Nicolás Maduro ha desconocido en los últimos cuatro años. La oposición boicoteó estas elecciones, así que los grandes protagonistas de la campaña electoral son casi todos oficialistas.
Entre ellos está Nicolás Maduro Guerra (30), “Nicolasito”, el hijo del presidente. El pasado domingo cientos de personas desafiaron la cuarentena y se agolparon en una angosta calle del centro de La Guaira, un estado costero cercano a Caracas por el que “Nicolasito” quiere ser elegido diputado por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), la agrupación que fundó el fallecido presidente Hugo Chávez en 2007.
“Yo no les voy a decir que el 7 de diciembre vamos a sacar una varita mágica y vamos a resolver los problemas de Venezuela”, señala, antes de matizar que el chavismo tiene “un plan” para sacar al país del atolladero económico en el que entró hace más de un lustro.
En Ciudad Chávez, una comunidad en la que casi 4.000 familias luchan para llegar a fin de mes, pone, “en el nombre del Gobierno” -pese a que no es funcionario público- la primera piedra de un monumento en honor a José Gregorio Hernández, próximo beato de la Iglesia católica.
Allí ve la tarde caer, mientras decenas de personas se acercan para entregarle cartas con peticiones, conocidas como “papelitos” en la política venezolana.
Más tarde, Maduro Guerra conversa con EFE y dice que no le molesta que le llamen “Nicolasito” o “Madurito”, y que nunca pensó que terminaría convertido en político.
“La política se interesó por mí, la vida me llevó a hacer política (porque) yo siempre estuve pegado a mi papá, adonde él iba, yo iba a con él”, asevera.
Antes de entrar en la arena política, “Nicolasito” obtuvo un grado como “economista social”, una carrera cuyo plan de estudios fue diseñado por el mismísimo Hugo Chávez en un intento por poner a la gente y no a los números en el centro de estudio. Con esta visión, “Nicolasito” estima que el Gobierno de su padre ha tenido “un manejo extraordinario de la economía”, si se tiene en cuenta la pandemia y las sanciones de Estados Unidos.
Sin embargo, Venezuela viene arrastrando su crisis desde hace mucho. Según los datos del Parlamento, el país deja noviembre con 36 meses de hiperinflación a cuestas.
Mientras que a finales de septiembre pasado, el propio presidente Maduro reconoció que el país perdió el 99% de sus ingresos en los últimos 6 años, una caída que puede ser atribuible al esquema rentista de la economía venezolana y a la caída de la producción petrolera de la estatal PDVSA.
Muchos recuerdan que, en 2017, “Nicolasito” amenazó a Estados Unidos con tomar la Casa Blanca si Venezuela llegara a ser invadida por la Administración de Donald Trump.
“Ese día estaba muy indignado y dije lo que dije”, señala ahora a EFE. “Tal vez un poco ofuscado por el momento, tal vez con inmadurez en el momento, tenía solamente 24-25 años, uno ha madurado más, ve las cosas de otra manera”, añade, antes de aseverar que el diálogo es su apuesta actual.
Diálogo incluso con el líder opositor Juan Guaidó, un diputado por La Guaira, a quien medio centenar de países reconocen como presidente interino de Venezuela. (Con información de EFE)