Muqtada, ungido por negligencia de Trump

Por negligencia, Trump ayudó a Muqtada Jamenei a convertirse en el nuevo líder supremo de Irán. Aunque ser el hijo del ayatola que murió el sábado generaba la impresión que era el seguro ganador de ese trono, eso precisamente le jugada en contra, porque heredar el poder es lo que ocurría en la monarquía derrocada en 1979.

Además, con sus estudios teológicos del chiismo duodecimano, Muqtada no había alcanzado el grado de Marjá al-taqlid (fuente de emulación) ni era un jurisconsulto experto en sharía. Dos limitaciones que, a pesar de sus fuertes lazos con los pasdaran (cuerpos militares de los Guardianes de la Revolución) vuelven cuestionable su elección.

Pero si el líder occidental con el que están en guerra les dice que ni se les ocurra elegir a Muqtada, el régimen se siente obligado a hacerlo, porque elegir a otro implicaría ceder ante el enemigo.

Sonó ridículo Trump reclamando al régimen elegir él al nuevo jefe supremo. Que en medio de una guerra, una de las potencias beligerantes reclame a sus enemigos poder elegir a quien los gobernará, resulta descabellado. Sin embargo, lo descabellado que hizo Trump fue hacerlo de manera pública cuando la guerra sigue y el régimen aún no se ha rendido ni derrumbado.
Que lo plantee por canales secretos por los que las partes siempre están sondeando posibles ceses del fuego, tiene lógica. Lo absurdo es pretender que, públicamente, el régimen acepte eso.

En el mismo pronunciamiento, Trump advirtió a la teocracia persa que no aceptará a Muqtad Jamenei como nuevo líder, porque él no quiere que el “halcón” caído sea sucedido por otro halcón.

Por cierto, sería alentador para la parte racional del mundo que un régimen fanático como el iraní encumbre un moderado como, por ejemplo, los ex presidentes Mohamed Jatami y Hassan Rohani, quien acordó con Obama en el 2015 el acuerdo nuclear. No son los únicos. También hay figuras, como el quinto y último primer ministro, Mir-Hosein Mousaví, quien enfrentó en las urnas del 2009 al ultraislamista Mahmud Ahmadinejad.

Pero eso que a simple vista parece lo más útil para moderar un régimen extremista, podría ser lo menos indicado para alcanzar ese fin.
El escritor Amos Oz, un pacifista que luchó por Israel en las guerras de 1967 y de 1973, dijo que hay dos tipos de líderes, “los que aspiran a estadistas y los que aspiran a héroes mitológicos”. Los primeros son dialoguistas y partidarios de poner fin a la guerra en una mesa de negociación, lo que implica estar dispuesto a hacer concesiones en pos de la paz. En cambio los aspirantes a héroes mitológicos rechazan conceder algo en una mesa de negociación porque, como las figuras heroicas de la mitología, prefieren la victoria total en el campo de batalla.

En la guerra que oscurece Medio Oriente hay unos y otros en las dos veredas enfrentadas. Pero no siempre, como sugería el lúcido pacifista, las “palomas” son más eficaces negociando la paz que los “halcones”.

Para que un régimen como el iraní pueda cambiar el rumbo que le marcó Alí Jamenei, difícilmente al timón pueda sujetarlo alguien moderado y negociador, porque los sectores radicalizados conspirarían para derrocarlo o matarlo.

En cambio un líder que tenga el respeto de las facciones duras y belicosas puede tener más músculo para hacer girar ese timón y virar la proa en una dirección diferente. Los halcones tienen lo que, para una negociación que implique duras concesiones, le suele faltar a las palomas. Un socialdemócrata como Mitterrand o un liberal como Giscard D’Estein no habría podido conceder la independencia a Argelia. Pudo hacerlo el general De Gaulle, prócer del nacionalismo francés.

El general Rabin, quien junto a Moshé Dayan condujo Israel a la victoria en la guerra de 1967, pudo hacer las negociaciones secretas en Oslo y firmar la paz con la OLP. Acuerdo que pagaría con su vida y sería luego desvencijado por Hamas y Netanyahu.

No fue una paloma dialoguista, sino Alfredo Cristiani, presidente de El Salvador por el partido ultraderechista que lideraba Roberto Daubisson (impulsor de los escuadrones de la muerte que asesinaron a monseñor Arnulfo Romero) quien firmó con el FMLN otro de los grandes acuerdos de paz del siglo 20.

La historia sugiere que los halcones tienen más chances de cambiar el rumbo de un régimen, porque no serán sospechados de blandos o traidores. Por eso es probable que alguien como Muqtada, aún con su conocido fanatismo, estaría en mejores condiciones que un moderado para virar la proa hacia un acuerdo de coexistencia con Israel que pacifique la región.
La cuestión es que quiera hacerlo.

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