En pleno Caribe de Colombia, a unas dos horas de viaje en barco desde la ciudad de Cartagena de Indias o a una hora desde Tolú, se encuentra Santa Cruz del Islote. Esta masa de tierra artificial de poco más de una hectárea (0,01 km²) de extensión ostenta el récord de ser la isla más densamente poblada del mundo, un rincón donde conviven entre 800 y 1.200 personas en medio de aguas cristalinas y complejas carencias de servicios básicos.
La historia y la vida cotidiana en el territorio insular
Los orígenes de este asentamiento marino se remontan a finales del siglo XIX, según El Confidencial, cuando un grupo de pescadores locales decidió fijar su residencia sobre un arrecife de coral. Utilizando piedras, escombros y diversos materiales, ganaron terreno al mar progresivamente para levantar sus primeras viviendas. Desde aquel entonces, la comunidad no ha parado de crecer generación tras generación en el Archipiélago de San Bernardo.
La vida en la isla más densamente poblada del mundo transcurre a un ritmo muy particular. El territorio carece de playas, manglares, autos o motos, organizándose únicamente en torno a cuatro calles principales abarrotadas de viviendas y rodeadas por botes anclados a sus orillas, relata El Tiempo de Colombia. Con más de 150 familias residiendo en el lugar, el 60 % de los pobladores son niños y adolescentes que pasan sus días entre la pesca, el boxeo, el fútbol y el nado en el mar.
El desafío de los recursos y el turismo comunitario
A pesar del atractivo visual de sus aguas y la práctica de actividades como el esnórquel nocturno para apreciar el plancton luminoso, la subsistencia diaria implica constantes desafíos para los isleños, según el mismo medio. La escasez de recursos vitales es la principal preocupación de sus residentes.
Para abastecerse de agua potable, la población recurre a una cisterna comunitaria y a la recolección en bidones. Cuando el suministro se agota, deben solicitar ayuda a Cartagena de Indias para que un buque de la Armada traslade el líquido, una travesía que puede demorar hasta tres días.
En cuanto a la energía eléctrica, el suministro proviene de una planta a combustible durante las horas de la noche y de paneles solares donados por el gobierno de Japón que otorgan cuatro horas de servicio por la tarde, según El Tiempo. Otro obstáculo que tiene la isla es la gestión de residuos, que se ha convertido en un problema más recurrente con el crecimiento del turismo. Ante ello, los isleños han comenzado a adoptar medidas como empezar a reciclar.
Para mantener el espacio, los guías locales cobran un recorrido turístico, por pocos dólares, destinados de forma íntegra a la conservación del terreno.
El turismo ha pasado a cobrar un rol cada vez más protagónico en la economía de la isla, según El Confidencial, aunque su principal sustento sigue siendo la pesca.
Con información de El Tiempo/GDA
Este contenido fue hecho con la asistencia de inteligencia artificial y verificado por un periodista de El País.