El rey Harald V de Noruega, fallecido ayer viernes a los 89 años, se mantuvo hasta el último momento como una figura unificadora en su país, un pilar en medio de una sucesión de escándalos familiares que empañaron los últimos años de su reinado. En el trono desde 1991, el hasta ahora monarca reinante de mayor edad de Europa sufrió crecientes problemas de salud, pero se negó tajantemente a abdicar.
El 17 de agosto, el soberano volvió a ser hospitalizado en Oslo debido a complicaciones en su tratamiento contra una anemia hemolítica, una enfermedad sanguínea. Su estado de salud empeoró con los días. El jueves, el Palacio real avisó que se encontraba “extremadamente grave”.
Pese a sus poderes limitados como jefe de Estado, el rey inspiró unidad en Noruega, encontrando siempre las palabras adecuadas en los momentos difíciles.
Uno de esos momentos fue después de que el neonazi Anders Behring Breivik matara a 77 personas en dos atentados el 22 de julio de 2011, la peor masacre ocurrida en Noruega desde la Segunda Guerra Mundial.
“Creo firmemente que la libertad es más fuerte que el miedo. Creo firmemente en una democracia y una sociedad noruega abiertas”, declaró. El rey también hizo suyos los valores progresistas del país escandinavo, algo que subrayó en un discurso con motivo de sus 25 años como monarca, en 2016.
“Los noruegos son chicas que aman a chicas, chicos que aman a chicos, y chicas y chicos que se aman entre sí”, dijo, y añadió: “Los noruegos creen en Dios, Alá, el Universo y en nada”.
A diferencia de otros monarcas europeos, como Juan Carlos I en España, Alberto II en Bélgica, Beatriz en Países Bajos y su prima lejana Margarita II en Dinamarca, quienes abdicaron, el rey Harald dejó claro que pensaba reinar hasta su último aliento. “El juramento que he prestado ante el Parlamento dura tanto como mi vida, así de sencillo”, repetía.
Como muchos de sus súbditos, el rey Harald amaba la naturaleza y era aficionado a la pesca, la caza y el esquí.
Deportista consumado -representó a Noruega en vela en tres ediciones de los Juegos Olímpicos-, era alto y robusto, y su aspecto austero escondía un mordaz sentido del humor. Sin embargo, tuvo que lidiar con problemas de salud cada vez mayores a lo largo de los años.
Fue operado de un cáncer de vejiga en 2003 y del corazón dos años después; en sus últimos años caminaba con muletas, se le implantó un marcapasos en 2024.
Harald nació en 1937. Tres años más tarde, los nazis invadieron Noruega y, en abril de 1940, el futuro rey fue evacuado, primero a Suecia y luego a Estados Unidos. Durante el resto de la Segunda Guerra Mundial vivió en Washington con su madre, la princesa Marta, mientras su padre, el príncipe Olaf, residía en Londres junto al rey Haakon.
Regresó a Noruega cuando llegó la paz, llevando una vida lo más normal posible para alguien de sangre real.
El final de su reinado se vio empañado por una serie de escándalos que, para su gran disgusto, dañaron la reputación de la monarquía.
En 2024, su hija Marta Luisa, aficionada a las terapias alternativas, acaparó titulares cuando se casó con un autoproclamado chamán estadounidense.
En enero de 2026, la publicación de un conjunto de archivos del delincuente sexual Jeffrey Epstein destapó la amistad con la princesa Mette-Marit, esposa del heredero al trono, el príncipe Haakon. Meses después, Marius Borg Hoiby, un hijo que Mette-Marit tuvo durante un matrimonio anterior, fue condenado por un tribunal de Oslo a cuatro años de prisión por violación y agresión, sentencia que ha apelado.
El soberano siempre buscó mantenerse sereno en medio de las turbulencias familiares.
“En el núcleo de lo que significa ser humano reside el hecho de que ninguno de nosotros se libra del dolor y la adversidad”, dijo el rey Harald en su discurso de Año Nuevo de 2025.
Si bien él mantuvo su popularidad intacta hasta el final -era muy apreciado por su estilo de vida sencillo y modesto-, los escándalos dañaron la fama de la monarquía.
Según una encuesta de opinión publicada en febrero de 2026 por la cadena NRK, solo el 60% de los noruegos apoyaba la institución, un nivel que “nunca había sido tan bajo”.
Al igual que sus hijos, Harald se casó con una plebeya, Sonja Haraldsen. Pero hasta que pudieron anunciar su compromiso, en 1968, tuvieron que enfrentar la oposición del entorno de Harald, hasta que lograron la aprobación del rey Olaf y parte de la clase dirigente.
Con el fallecimiento de su padre Harald V, Haakon, reconocible por su silueta estilizada y su cuidada barba, asciende al trono a los 53 años. “Tomaré el nombre de Haakon VIII, y conservaré la misma divisa que eligieron mi padre, mi abuelo y mi bisabuelo: ‘Todo por Noruega’”, dijo, citado en un comunicado del gobierno.
El nuevo monarca está emparentado con las familias reales de España e Inglaterra. Nacido el 20 de julio de 1973, Haakon cursó parte de sus estudios en el sector público, siguiendo el deseo de sus padres.
Tras un paso por la Armada, se licenció en Ciencias Políticas en la universidad californiana de Berkeley, y luego obtuvo un máster en Desarrollo en la London School of Economics. Pierre-Henry DESHAYES (AFP)
Haakon y Mette-Marit, la nueva pareja real
El nuevo rey de Noruega, Haakon VIII está casado con Mette-Marit Tjessem, hija de un padre periodista alcohólico y una madre empleada de banca, que tenía ya un hijo, Marius Marius Borg Høiby, cuando conoció al príncipe heredero. La pareja principesca tiene en enero de 2004 a Ingrid Alexandra, la siguiente en el orden de sucesión al trono, y a Sverre Magnus en diciembre de 2005.