Incluso antes de que helicópteros estadounidenses avanzaran sobre Caracas en la madrugada del ataque del sábado 3 de enero de 2026, que culminó con la captura del líder venezolano Nicolás Maduro, Estados Unidos puso en acción aeronaves de “guerra electrónica” capaces de “cegar” sistemas de defensa, comunicaciones e incluso la red eléctrica de la capital venezolana. Se trata de los aviones EA-18G Growler, diseñados para ataques electrónicos y cibernéticos.
Según la prensa estadounidense, la ofensiva se inició con una combinación de operaciones cibernéticas orientadas a desarticular las defensas venezolanas. Vecinos de Caracas reportaron apagones en varios barrios en el momento exacto de la incursión, algo que luego confirmó el propio presidente Donald Trump, al señalar que las luces de la capital “en gran medida fueron apagadas” gracias a la “experiencia” estadounidense.
El EA-18G Growler es una versión modificada del caza F/A-18 Super Hornet, desarrollada específicamente para misiones de interferencia electrónica. A diferencia del combate aéreo tradicional, el Growler está equipado con sensores avanzados y sistemas capaces de detectar, bloquear y engañar radares enemigos, redes de comunicación y defensas aéreas. Su función principal es despejar el camino para otras aeronaves, neutralizando amenazas antes de que el adversario siquiera advierta que está siendo atacado.
De acuerdo con el general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, la misión aérea también tuvo como objetivo inutilizar los sistemas de defensa aérea de Venezuela, garantizando el paso seguro de los helicópteros que trasladaron fuerzas especiales a puntos clave de la operación, entre ellos el Fuerte Tiuna, donde Maduro fue hallado junto a su esposa, Cilia Flores.
Para ello, según informó el diario estadounidense The Wall Street Journal, los Growler operaron en coordinación con cazas F-18, F-22 y F-35, aeronaves de comando y control E-2 Hawkeye, bombarderos B-1 —cada uno con capacidad para lanzar hasta 24 misiles de crucero— y drones pilotados de forma remota.
Uno de los objetivos del ataque estadounidense fue el cerro El Volcán, uno de los puntos más altos en las cercanías de Caracas y considerado estratégico para las comunicaciones del país. Según David Smolansky, portavoz de la líder opositora venezolana María Corina Machado, en ese lugar se encuentra la principal antena de transmisión de señales de la capital, además de infraestructura de comunicaciones satelitales.
La ofensiva involucró a más de 150 aeronaves militares, que despegaron desde unas 20 bases y buques de la Armada de Estados Unidos distribuidos en el Caribe y otras regiones. A medida que los aviones se aproximaban a Caracas, el factor sorpresa, según Caine, se mantuvo intacto.
De acuerdo con el jefe del Estado Mayor Conjunto, la operación fue el resultado de meses de planificación minuciosa y de décadas de experiencia en la integración de operaciones conjuntas marítimas, terrestres, aéreas y espaciales.
En su balance final, Caine calificó la misión como “una demostración contundente de la fuerza conjunta de Estados Unidos” y aseguró que las fuerzas estadounidenses permanecen desplegadas en la región en un alto nivel de alerta.
"Pensamos, entrenamos, ensayamos y volvemos a ensayar no para que las cosas salgan bien, sino para asegurarnos de que nada pueda salir mal. Cuando recibimos la orden, podemos actuar con una fuerza abrumadora, en el momento y el lugar que elijamos, contra cualquier adversario", afirmó.
O Globo/GDA
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