Francisca Cadenas fue asesinada de manera violenta. Los restos óseos de esta vecina de Hornachos (Badajoz, España), de 59 años, hallados en el patio trasero de dos vecinos de la misma calle, por la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, destaparon la brutalidad de un crimen que ha comenzado a conocerse nueve años después de su desaparición, el 9 de mayo de 2017.
Tenía, según confirmaron fuentes de la investigación a El País de Madrid, traumatismos en el cráneo, cuello, el hueso hioides roto (signo de estrangulamiento) y además las costillas fracturadas. Además, Cadenas fue descuartizada y enterrada semidesnuda en un hoyo en el suelo. Encima habían echado cemento, habían colocado azulejos, macetas y puesto una lavadora.
Los dos investigados por asesinato y privación de la libertad son Julián, de 52 años, y Lolo, de 57, vecinos de toda la vida de Francisca y su familia, que vivían a dos casas de distancia. Han transcurrido nueve años de búsqueda en montañas, pantanos, ríos y pozos. De manifestaciones cada mes, cada año en este pequeño pueblo de jornaleros y carboneros. De empapelar el pueblo con su rostro, stickers en las fachadas, en las puertas, en los autos. Después de todo este tiempo, la Guardia Civil encontró los restos óseos de Francisca en el mismo rincón donde desapareció esa noche: a menos de 30 metros de su casa.
La investigación por la desaparición de Francisca Cadenas
La investigación sobre la desaparición de Francisca había entrado en punto muerto. Pero en noviembre de 2024 el grupo de élite de la Guardia Civil, la UCO, retomó la investigación que ha logrado localizar en un año y medio no solo el cuerpo de la víctima sino también a los principales sospechosos. La principal pista que terminó acorralándolos fueron las conversaciones que mantuvieron entre ellos en su casa y en su auto, pues la Guardia Civil había colocado micrófonos y llevaba meses siguiéndolos, según adelantó El Periódico y confirmó El País de Madrid.
La principal motivación del crimen, según el informe de la Guardia Civil, fue sexual. Apuntan a una obsesión de uno de los hermanos, Julián, con Francisca y en sus conversaciones mencionan partes de su cuerpo y aspectos íntimos de su vecina, según han señalado a este diario fuentes del caso. Sin embargo, las mismas fuentes reconocen que esa motivación sexual a la que hacen referencia los investigadores no era tan evidente para el entorno de Francisca, ni de su familia ni sus amigos más cercanos. Hasta que no se han conocido algunos detalles del sumario y pese a que los dos hermanos ya se encontraban detenidos, nadie se explicaba qué había podido pasar para que hubieran asesinado a Francisca, con quien mantenían una “relación normal, cordial, de vecinos”, agregan las mismas fuentes.
Siempre fueron sospechosos, contaban vecinos y familiares. Su hijo menor, José Antonio, siempre tuvo el “pálpito” de que su madre estaba ahí. “Pero nunca tuvo ninguna certeza clara”, contaba un vecino de la calle. Todos coinciden en que si hubieran conocido una rencilla previa, algún encontronazo, esos dos hermanos no hubieran podido seguir haciendo vida normal en esa calle como si nada. Las últimas tres personas que la habían visto esa noche —el matrimonio de la niña que Francisca estaba cuidando y otro vecino que se la cruzó cuando volvía a su casa— acabaron yéndose del pueblo.
La relación de Francisca con ellos, según los amigos de la familia, era tan normal como la que tenía con cualquier otro de la calle. “Se llevaban bien. Yo creo que esa noche ella pudo haber entrado a preguntar por el padre enfermo”, decía una de sus mejores amigas, Isa, vecina también. “La noche en que desapareció, Lolo llegó a su casa alrededor de las 12 de la noche y salió a los cinco minutos y se puso con nosotros a buscarla”, apuntaba otro amigo de la familia, Jorge Márquez. “Si hubiera habido algo raro entre ellos, lo hubiéramos sabido todos. Aquí todo se sabe. Y hubieran sido más sospechosos aún desde el primer día. No habrían podido estar ahí viviendo como si nada”, señalaba una vecina, Maite Benítez, y lo corroboraba el alcalde, sentado a su lado en el antiguo casino del pueblo.
Pese a que el crimen se pudo cometer a unos metros de la casa donde vivía Francisca con sus tres hijos, su marido y su madre, “nadie la escuchó gritar”, explica la abogada de la familia, Verónica Guerrero. Francisca desapareció en un trayecto de 50 metros en cuestión de unos 15 minutos, según la declaración de su hijo, con el que habló antes de salir (iba a despedirse de unos amigos y entregarles a su hija pequeña).
Elena Reina, El País de Madrid