El rey Carlos III inició ayer lunes una visita a Estados Unidos destinada a reforzar los lazos con Donald Trump. El viaje está destinado a conmemorar el 250º aniversario de la independencia de Estados Unidos del imperio británico. Pero las tensiones en torno a la guerra con Irán han sacudido la llamada “relación especial” entre ambos países.
Carlos y la reina Camila aprovecharán ahora su visita de cuatro días -su primera vez en suelo estadounidense desde que asumió el trono en 2022 tras la muerte de la reina Isabel II- para desplegar una ofensiva diplomática a mejorar esa relación.
La visita “honrará la relación especial y de larga data entre Estados Unidos y el Reino Unido”, dijo ayer lunes la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt. Trump y su esposa Melania recibieron a Carlos y a Camila en la Casa Blanca, antes de invitarlos a tomar el té.
Tras la reunión, Trump guió a los monarcas en un recorrido por la recién renovada colmena de la Casa Blanca, ubicada en el Jardín Sur, una instalación que, según el Gobierno, es parte de sus esfuerzos por promover iniciativas medioambientales dentro del complejo.
Hoy martes, los Trump se reunirán con Carlos y Camila en el Despacho Oval y ofrecerán una cena de Estado.
Carlos se convertirá además en el primer monarca británico en dirigirse al Congreso de Estados Unidos desde que lo hiciera su madre, la difunta reina Isabel II, en 1991.
Los reyes llegarán a Nueva York el miércoles, donde recorrerán el monumento conmemorativo del 11-S, antes de partir el jueves hacia Bermudas, en la primera visita de Carlos III a un territorio británico de ultramar como monarca.
En la visita al monumento del 11-S los reyes estarán acompañados por el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, en una ofrenda floral en el monumento para las víctimas de los atentados de 2001, en el que murieron 67 británicos.
La sombra de la guerra
El Palacio de Buckingham dijo que la visita a Estados Unidos se llevaría a cabo a pesar del tiroteo en la cena anual de corresponsales de la Casa Blanca, a la que asistió Trump, el sábado en Washington. Carlos se mostró “enormemente aliviado” de que Trump y otros invitados salieran ilesos, añadió el palacio.
Christian Turner, embajador británico en Estados Unidos, señaló en una rueda de prensa en Washington el domingo por la noche que, tras amplios debates, “estamos todos muy seguros de que se han adoptado todas las medidas de seguridad apropiadas” para la visita de Estado.
Sin embargo, la ofensiva del presidente estadounidense contra Irán abrió una inusual grieta entre Londres y Washington, y la visita ha desatado una fuerte polémica.
Trump ha fustigado muchas veces al primer ministro británico, Keir Starmer, por su oposición a la guerra, así como por las políticas de inmigración y energía de su gobierno.
El presidente estadounidense ha subrayado que Starmer “no es Churchill”, en referencia al primer ministro en tiempos desde la Segunda Guerra Mundial, Winston Churchill, quien acuñó la expresión “relación especial” entre el Reino Unido y Estados Unidos.
Starmer ha criticado públicamente la guerra, pero ha defendido la visita de Estado.
Para Trump, la visita del rey Carlos podría ayudar a reparar las relaciones transatlánticas. “Es amigo mío desde hace mucho tiempo, así que viene y lo vamos a pasar muy bien”, declaró el domingo a Fox News el mandatario, que visitó a su vez el Reino Unido en septiembre pasado.
Craig Prescott, experto en monarquía de la Universidad Royal Holloway de Londres, señaló que es probable que Carlos aborde la guerra -“el gran elefante en la sala”- de forma velada hoy martes ante el Congreso de Estados Unidos.
El viaje supone una prueba personal para Carlos, de 77 años, que ha luchado contra el cáncer en los últimos años.
Mientras tanto, el escándalo en torno al delincuente sexual estadounidense Jeffrey Epstein amenaza con enturbiar la gira.
Carlos se ha enfrentado a una grave crisis por la amistad que su hermano, el expríncipe Andrés, mantenía con el multimillonario, que murió en prisión en 2019.
AFP, EFE