Entre alivio y ansiedad. Opinión de Vladimiro Mujica

“El conflicto en Venezuela no es sobre diferencias políticas o ideológicas, sino sobre la destrucción y la posibilidad de renacimiento de un país en libertad y democracia”

La gente celebra en la plaza Bolívar de Caracas el 3 de enero de 2026.
La gente celebra en la plaza Bolívar de Caracas el 3 de enero de 2026.
Foto: AFP

Redacción El País
Los sucesos del 3 de enero en Venezuela, un par de días después de las celebraciones de Año Nuevo en el mundo cristiano, no pueden ser adecuadamente apreciados desde un punto de vista puramente intelectual y de análisis fáctico y político, sino que es necesario recurrir a la perspectiva y visión humana sobre estos hechos.

La razón fundamental es que los mismos están conectados con más de 20 años de destrucción de un país, hogar de más de 30 millones de personas, por un régimen que comenzó siendo un gobierno electo por el pueblo, con Hugo Chávez, y terminó degenerando en una alianza sincrónica del mal, con Nicolás Maduro y un grupo de su entorno político a la cabeza, encarnado por una red de control social, y de división de la nación en feudos de sectores cívico-militares vinculados al narcotráfico, a la guerrilla, y a potencias extranjeras enemigas de las democracias occidentales.

El desgobierno y la corrupción asociados a esta alianza de la perversión, condujeron a la salida de más de 8 millones de venezolanos, al empobrecimiento sistemático de la población, y a convertir a Venezuela en un foco de inestabilidad regional.

A pesar de los esfuerzos de los venezolanos por restaurar la democracia, cuya manifestación cumbre fue la elección presidencial de 2024 que enfrentó a Maduro con Edmundo González Urrutia, un acto fundamental de soberanía popular que dio como ganador indisputable a este último, y que fue desconocido por el régimen en un acto abominable que lo enfrentó hasta a sus propios aliados del izquierdismo autoritario. De hecho, cabe afirmar que a pesar de los intentos de sus aliados por construir una narrativa de izquierdas y derechas alrededor del liderazgo de María Corina Machado y González Urrutia, los hechos han demostrado que el apoyo popular al binomio, como se lo conoce popularmente, ha transcendido cualquier frontera ideológica convencional. El conflicto de Venezuela no es sobre diferencias políticas o ideológicas, sino sobre la destrucción y la posibilidad de renacimiento de un país en libertad y democracia.

Nicolás Maduro capturado por EE.UU.
Una persona viste una camiseta con la imagen del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, con la frase "Capturado".
Foto: EFE

Que la democracia y la paz son inseparables, como lo reconoció el discurso histórico de entrega del Premio Nobel de la Paz a María Corina Machado, está en la raíz de los acontecimientos de hoy. Desplazar al régimen de Maduro era una tarea que excedía las fuerzas de la sociedad venezolana, porque se habían cerrado todas las puertas de solución puramente democrática, con la usurpación del poder y el asalto a la soberanía popular.

Ello determinó la inevitabilidad de recurrir al apoyo de aliados internacionales, especialmente los Estados Unidos con Donald Trump a la cabeza. El gobierno de esa nación encontró una ruta astuta y poderosa para enfrentar al régimen de Maduro, sin que se lo interpretara de manera sencilla, a pesar de los esfuerzos de ciertos factores de los medios sociales y del propio mundo político norteamericano, como un ataque contra la nación Venezuela, sino contra un cartel del narcotráfico. Eso le permitió invocar reglas y escenarios que, a pesar de las lamentables pérdidas humanas, generaron espacios para aumentar la presión naval y militar creíble sobre el régimen, que culminó en los eventos de hoy.

Es difícil condenar los actos norteamericanos y al mismo tiempo olvidarse de los abusos, torturas, violaciones y detenciones arbitrarias del régimen contra sus adversarios. En la práctica, el conjunto de las acciones del gobierno del mal, constituía un acto de guerra no convencional contra su propio pueblo. Y los escenarios de guerra de exterminio, declaradas o no, involucran pérdidas humanas.

Manifestación Maduro
Un retrato del derrocado Maduro se ve en manifestación chavista de baja intensidad ayer, un día después de su captura.
Foto: AFP

El alivio del título de esta columna es la constatación de que Maduro no es invulnerable, y hoy está en manos de la justicia norteamericana. La ansiedad la genera la incertidumbre sobre cómo seguirá los hechos en Venezuela y cómo evitar el desorden civil.

Cualquier intento por reconocer a un vicepresidente que está envenenado de la misma ilegitimidad de Maduro, es un importante error histórico. Saliendo de la dictadura, los venezolanos con su liderazgo legítimo podemos reconstruir nuestra nación bajo la conducción de sus líderes reales, algo que ha sido reconocido en una declaración del presidente francés Macron, que respaldamos en todo su contenido.

(*) Investigador científico venezolano. Presidente de VenAmérica. Vicepresidente del movimiento Ciudadano Venezolanos en el Mundo.

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