Entre recuerdos y escuetas referencias hacia sus adversarios, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, oficializó ayer domingo su candidatura para las elecciones de octubre con promesas de “menos paz y amor”, y más inversión en defensa, educación, tierras raras y lucha contra la violencia machista.
Prometió que invertirá más en defensa, si gana las elecciones de octubre para que “nadie invada el país y se lleve al presidente” como hicieron en Venezuela. “Quiero estar preparado para que nadie invada este país para llevarse al presidente, como han invadido. Quiero estar preparado para la paz, no para la guerra”, afirmó durante la convención nacional del Partido de los Trabajadores (PT) que oficializó su candidatura.
El jefe de Estado, en busca de su cuarto mandato no consecutivo, hizo alusión así a la captura de Nicolás Maduro por parte de fuerzas especiales estadounidenses el pasado 3 de enero en Caracas.
En este contexto, pidió a la militancia de izquierdas que deje de pensar en la defensa como una “tontería” de la que “no hay que preocuparse”.
“Quiero estar preparado para que nadie se atreva a tomarnos por tontos. ¿Está claro? Por eso es importante saber que necesitamos invertir en la defensa”, subrayó. Lula, quien ya criticó en el pasado el aumento del gasto en defensa de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), mencionó que países como Inglaterra, Alemania y Japón están fortaleciendo sus industrias militares y que él pretende hacer lo mismo. Reconoció la preocupación de una parte del electorado “por el trauma” vivido en la última dictadura militar (1964-1985), pero al mismo tiempo advirtió que es necesario proteger a los más de 213 millones de brasileños, los 8,5 millones de kilómetros cuadrados de área y los más de 8.000 kilómetros de costa que tiene el país en el actual contexto de inestabilidad internacional.
“Tienen un Gobierno que ha cumplido más de lo prometido y que cumplirá mucho más. Solo depende de ustedes”, afirmó Lula. Antes, la cúpula del Partido de los Trabajadores (PT) proclamó la fórmula liderada por el actual gobernante, con el moderado Geraldo Alckmin como aspirante a la Vicepresidencia.
El proyecto oficialista llegará a las urnas respaldado por una amplia coalición de siete partidos progresistas y de centroizquierda. Esa demostración de cohesión contrasta con el fragmentado panorama de la oposición conservadora, cuyo candidato principal, el senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, es objeto de ataques por parte de los demás aspirantes de la derecha.
Lula adelantó que, si gana en las urnas, “se tomará muy en serio el tema de las tierras raras y los minerales críticos”. Se estima que Brasil tiene las segundas mayores reservas de tierras raras del mundo, la gran mayoría inexploradas, por detrás de China.
A sus 80 años, Lula aseguró sentirse “infinitamente mejor que a los 57 años”, cuando asumió la Presidencia por primera vez, en 2003, una vitalidad que atribuyó a su convicción político.
Lula lidera las encuestas. Su intención de voto para la segunda vuelta es de 48% contra 43% de Flávio Bolsonaro, según Datafolha. Pero el candidato de la derecha no pierde el tranco en la disputa. La campaña del Lula también puede verse afectada por una investigación judicial abierta sobre un hijo suyo.
Lulinha es acusado de tráfico de influencias
Un juez de la Corte Suprema de Brasil autorizó la apertura de una segunda investigación por tráfico de influencias contra Fábio Luís Lula da Silva, conocido como Lulinha e hijo mayor del actual jefe de Estado, Luiz Inácio Lula da Silva, según medios locales. El magistrado André Mendonça permitió a la Policía Federal indagar si el primogénito de Lula usó su influencia en negocios relacionados con la empresa pública Dataprev, responsable de administrar los datos del Instituto Nacional de Seguridad Social (INSS), epicentro de otro escándalo de corrupción. Mendonça ya autorizó una primera investigación contra Lulinha, también por supuesto tráfico de influencias, pero en ese caso se sospecha de gestiones con el Ministerio de Salud para la comercialización de cannabis medicinal. EFE
Con información de EFE y AFP