Análisis

Qué dirá el "pajarito" de Chávez

En la campaña para las elecciones de abril de 2013, Nicolás Maduro apelaba permanentemente a la memoria de Hugo Chávez, que antes de fallecer en marzo de ese año lo había designado su heredero político.

Nicolás Maduro jura como presidente por un segundo mandato. Foto: Reuters.
Nicolás Maduro jura como presidente por un segundo mandato. Foto: Reuters.

La desesperación por contagiarse con la popularidad del líder lo llevó a cosas insólitas, como cuando contó que Chávez se le apareció en forma de "pajarito" para bendecirlo. Según Maduro, Chávez le habló silbando, "un silbido bonito".

Maduro ganó las elecciones, pero no logró evitar la debacle económica en Venezuela, que ya entonces padecía las consecuencias de las políticas iniciadas en la época de Chávez.

El país con las mayores reservas de petróleo del mundo y que en la primera década del siglo prometía inversiones, asistencias y cuanta ayuda se le pidiera por parte de gobiernos "progresistas" que surgían en la región, hoy es un barco que se hunde. Sufre una hiperinflación única —10.000.000% proyecta el FMI para este año—, el mayor éxodo en América Latina —2,3 millones dejaron el país desde 2015—, una fuerte escasez de alimentos y medicamentos, y la producción de petróleo, base de su economía, en mínimos históricos.

Nada de esto, en la visión de Maduro y los jerarcas de su régimen —la mayoría sancionados por Estados Unidos o denunciados por corrupción—, es culpa de la "revolución bolivariana". Por el contrario, ellos son víctimas de un complot orquestado desde Washington. El presidente argentino Mauricio Macri lo dijo clarito ayer: "Su poder no es auténtico, aunque trata de escabullirse en la victimización. Maduro se presenta como el presidente perseguido. Pero él no es la víctima, Maduro es el victimario. #NoTeReconocemos", escribió en Twitter.

Apoyado en las armas de los militares, y con una oposición reprimida y dividida, Maduro siente que puede gobernar los seis años que marcan el período que inició ayer. Es que a un gobernante que habla con "pajaritos" imaginarios, es difícil hacerle entender que él es el problema y no la solución.

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