Brasil y EE.UU., una relación que oscila entre amor y odio

O GLOBLO | GDA

Donde había amor, y muchas veces subordinación, hay ahora una ambivalencia de amor y odio en la relación entre Brasil y Estados Unidos, lo que puede generar una serie de malentendidos o peor todavía, una eventual crisis diplomática.

El presidente Luiz Inácio Lula da Silva pretende desempeñar el papel de líder de América del Sur y se ofrece como representante de la región ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. En ese marco, Lula salió hace un mes en defensa del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, ante las críticas del secretario de Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld, de que 100.000 fusiles adquiridos por Venezuela pudieran terminar en la guerrilla colombiana. "Brasil no acepta difamaciones contra compañeros", dijo el mandatario brasileño.

Rumsfeld había hecho sus declaraciones justamente en Brasil, país que visitaba en el marco de una gira que incluyó también Argentina y Nicaragua. Y en verdad, Rumsfeld quiso enviar un mensaje directo al Palacio de Planalto (sede de la presidencia brasileña) para que Brasil contenga al populismo de Chávez.

El ascenso de la izquierda en América del Sur preocupa a Washington, que está utilizando la presión política para intentar desunir a los líderes de la región. Al presionar públicamente a Lula, éste, para mantener el prestigio entre los suyos, tuvo que responder públicamente.

Estados Unidos se molestó con esa respuesta, pero enseguida agendó la visita de Rice. Washington necesita de Brasil como garantía de tranquilidad en la región pero a la vez Lula no puede liderar una América Latina dominada por la izquierda sin algún que otro encontranazo, al menos en el plano declarativo, con EE.UU.

Según el diario inglés "Financial Times", el liderazgo brasileño es el único camino diplomático viable para la estabilidad política de la región.

CABEZAS. Estados Unidos se entromete cada vez más en América de Sur porque está perdiendo sus posiciones políticas en la región. Y su primer movimiento es conseguir para sí el apoyo completo del gobierno brasileño, que también necesita de EE.UU. para proyectarse mundialmente.

Una prueba que confirma este escenario es que tanto EE.UU. como Brasil están intentando entenderse mejor uno al otro. Figuras clave de cada uno de los gobiernos vienen haciendo gestiones para ello.

La secretaria de Estado, Condoleezza Rice, que llega hoy a Brasilia, está leyendo últimamente libros sobre Lula, su trayectoria política y biográfica. Del lado brasileño, el jefe de la Casa Civil, José Dirceu, leyó dos biografías de Rice antes de encontrarse con ella en Washington a principios de marzo.

El gobierno brasileño anunció, con la aprobación personal del presidente Lula, una serie de visitas de autoridades brasileñas a Estados Unidos, especialmente para iniciar contactos académicos, entre ONG o agrupaciones sindicales. No por casualidad Dirceu almorzó en Washigton con la dirección del diario Washington Post y con periodistas de la cadena televisiva NBC, que proyecta hacer un programa documental sobre Brasil.

Asimismo, el gobierno brasileño pretende invitar a su país a intelectuales y formadores de opinión estadounidenses.

Con esos contactos, el gobierno brasileño quiere mostrar el potencial de su liderazgo en la región y cambiar la imagen de algunos sectores que temen a la izquierda en America del Sur.

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