Los astronautas estadounidenses Reid Wiseman, Christina Koch y Victor Glover, junto con su compañero canadiense Jeremy Hansen, amerizaron frente a la costa de California el viernes tras un viaje de ida y vuelta de diez días alrededor de la Luna. Su nave espacial Orion atravesó la atmósfera terrestre a más de 38.000 km/h, con temperaturas superiores a los 2.700 grados Celsius generadas por la fricción, y amerizó sin problemas en el océano Pacífico, gracias a grandes paracaídas.
Los cuatro astronautas pasaron el desafío más grande y batieron un récord: se convirtieron en las personas que más rápido viajaron en la historia de la humanidad a casi 40.000 kilómetros por hora.
El amerizaje se desarrolló en varias fases, comenzando con el reingreso de la cápsula Orión a la atmósfera terrestre. Se trata de uno de los momentos más delicados de toda la misión: la enorme velocidad, al interactuar con las capas densas de la atmósfera, produce una fricción intensa que envuelve a la nave en una suerte de “bola de fuego”.
El ingreso a la atmósfera estuvo marcado por un apagón de comunicaciones de unos seis minutos, tal como había anticipado la NASA, que mantuvo en suspenso a quienes seguían la misión.
Superado ese tramo crítico, la tensión dio paso a los aplausos y celebraciones del equipo en el Centro Espacial Johnson. A partir de allí, el sistema de paracaídas comenzó a desplegarse para reducir la velocidad desde unos 40.000 kilómetros por hora hasta cerca de 480 km/h.
Minutos más tarde, la cápsula impactó contra el agua y la emoción se extendió por todo el centro de control de la NASA, donde hubo abrazos, aplausos y celebraciones al grito de “¡Splashdown!”, el término en inglés para amerizaje.
“Iremos montados en una bola de fuego que atraviesa la atmósfera”, había anticipado Glover en una rueda de prensa desde el espacio, antes del amerizaje. El oficial de la Marina, piloto de pruebas y astronauta de 49 años, contó que llevaba pensando en ese instante —la caída en el Pacífico— desde abril de 2023, cuando fue seleccionado para la misión. “Es algo profundo”, resumió.
Unos 35 minutos antes del regreso a la Tierra, la cápsula se separó del Módulo Europeo de Servicio. Este componente, desarrollado por un consorcio de empresas europeas, fue clave durante toda la travesía: suministró aire, agua, control térmico y propulsión tanto en el viaje hacia la Luna como en el trayecto de vuelta.
En ese tramo final, toda la atención se concentró en el escudo térmico de la nave Orion.