Anestesióloga imputada por el escándalo de la "Propofest" rompió el silencio

"Me equivoqué más que nunca y aprendí en su misma medida; me volví a enamorar; abracé muchos perros y les hice mimos a todos los gatos que encontré", contó en un extenso descargo en redes.

Anestesióloga Chantal "Tati" Leclercq junto a Delfina "Fini" Lanusse.
Anestesióloga Chantal "Tati" Leclercq junto a Delfina "Fini" Lanusse.
Foto: La Nación/GDA.

La anestesióloga argentina Chantal "Tati" Leclercq, involucrada meses atrás en un caso de desvío de anestésicos hospitalarios para uso recreativo que terminó con la muerte del médico Alejandro Zalazar —también conocido como el escándalo del propofol—, apuntó este martes contra las acusaciones que surgieron en su contra y relató cómo vivió los últimos seis meses tras su imputación.

"Este año pasé días enteros con psicólogos, psiquiatras y abogados. Días en los que mi vida parecía haber sido repartida entre consultorios y expedientes. Días en los que otras personas hablaban de mí mientras apenas conseguía levantarme de la cama", comenzó la publicación realizada en Instagram. Durante las primeras horas después de publicado el descargo, el perfil de Leclercq permaneció abierto y público. Más tarde, cuando el posteo se volvió viral, la joven decidió ponerlo en privado.

En el texto, que estaba acompañado de fotografías suyas con amigos y familiares, añadió: "También me hice más creyente, más artista, escribí a lo loco, pensé mucho, aunque no siempre pensé bien. Me equivoqué más que nunca y aprendí en su misma medida; me volví a enamorar; abracé muchos perros y les hice mimos a todos los gatos que encontré; perdí amistades, pero las que quedaron hoy valen mucho más que cualquier otra cosa. Extrañé a una persona y la soñé todas las noches y, después de darle tantas vueltas a lo mismo, sigo sin terminar de entender cómo pudo pasar eso que pasó".

Descargo de la anestesióloga argentina Leclercq.
Descargo de la anestesióloga argentina Leclercq.
Foto: Instagram.

"Me obsesioné con el yoga, me vino bárbaro para tener una excusa para llamar a mi abuela más seguido y contarle todas las posturas que fui aprendiendo y que ella me cuente una vez más sobre su viaje a la India y su vida como monje budista”, siguió y señaló: “Pensé en seguir sus pasos, en buscar la felicidad muchos kilómetros para allá, tal vez bien bien lejos podría, por fin, estar en paz, pero me negué a aceptar que el peor relato que alguien hubiera construido sobre mí fuera también el último”.

Joven era residente y cursaba su tercer año en el Hospital General de Agudos Bernardino Rivadavia

La joven anestesista era residente y cursaba el tercer año en el Hospital General de Agudos Bernardino Rivadavia del sistema de salud porteño. En su momento, la Justicia la señaló como un punto de conexión entre Zalazar, la víctima, y Hernán Boveri y Delfina “Fini” Lanusse —íntima amiga de Leclercq—, ambos vinculados al servicio de Anestesiología del Hospital Italiano.

El nombre de Delfina "Fini" Lanusse aparece en una causa que busca determinar cómo fármacos de uso estrictamente hospitalario, como el propofol y el fentanilo, habrían salido del circuito interno y terminado en ámbitos privados para uso recreativo.
El nombre de Delfina "Fini" Lanusse aparece en una causa que busca determinar cómo fármacos de uso estrictamente hospitalario, como el propofol y el fentanilo, habrían salido del circuito interno y terminado en ámbitos privados para uso recreativo.
Foto: La Nación/GDA.

A partir de la muerte del joven, se supo que participaba junto a otros colegas de las Propofest, fiestas clandestinas donde los participantes consumían fuertes drogas sedantes. Según testimonios de médicos y residentes consultados por el medio argentino La Nación, en estos eventos privados, organizados por un grupo reducido de profesionales de distintos hospitales porteños, los participantes consumían propofol y fentanilo con fines recreativos.

“Me llamaron tantas cosas que, por momentos, incluso mi nombre dejó de pertenecerme. Antes, Chantal Leclercq aparecía escrito en guardapolvos, exámenes, historias clínicas. Estudié durante años para aprender ese extraño oficio de mantener a otro ser humano de este lado de la vida”, continuó en su posteo.

Y cerró la publicación con una ironía: “Pero, de la nada, la peligrosa era yo. Qué risa. Y me río de eso porque hubo un momento en que reírme fue una de las pocas cosas que no pudieron sacarme”.

La Nación/GDA

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