Es diputado nacional por La Libertad Avanza. Integró el PRO antes de su salto al partido fundado por el presidente Javier Milei. Abogado y posgraduado en derecho, economía y ciencia política, es uno de los principales referentes técnicos y directores del think tank Fundación Libertad. En entrevista con El País. repasó el estado de la economía en Argentina y se mostró optimista con un segundo mandato de Milei. Fue invitado por el Centro de Estudios para el Desarrollo (CED) y la Fundación Konrad Adenauer al conversatorio “La Argentina de Javier Milei. Coyuntura económica y política”, junto al economista Iván Carrino.
-Hablemos de su trayectoria, de su salto del PRO a la Libertad de Avanza. ¿Qué encontró en este espacio que no había encontrado en el otro?
-En el PRO casi no hice vida partidaria. La que me convocó a la política partidaria fue Patricia Bullrich, cuando ella decide competir contra Horacio Rodríguez Larreta. Yo venía de la Fundación Libertad de Rosario, y la política partidaria la veía medio de reojo, como un vehículo. Pero nunca había militado, más que fiscalizar elecciones. Como liberal, siempre la discusión que teníamos era si había que liberalizar un partido popular o popularizar un partido liberal. Lo segundo para mí, y lo digo hasta el día de hoy, era impensado. Y fue lo que terminó pasando (con Javier Milei). En materia de política partidaria, mi esperanza era que el PRO mejorara. El PRO era un partido de medio-centro, tradicional, más de la socialdemocracia europea, en un país que no había mucho margen para eso. Pero era un vehículo, y era un vehículo mejorador. Yo tengo muchas críticas al gobierno de (Mauricio) Macri, pero fue un gobierno mejorador de la situación. Entonces, cuando Patricia Bullrich dice “yo voy a competir en la interna contra Horacio”, pensé “esta es la nuestra, hay que ayudar a Patricia”. Ella me dijo que le gustaría que fuera candidato a diputado de Santa Fe y así entré al Congreso. Y el PRO residual que quedó, no quedó como un partido nacional. Es un partido que gobierna la Ciudad de Buenos Aires, que tiene una parte en la provincia de Buenos Aires, En mi provincia, por ejemplo, no existe más.
-¿Cómo evalúa el liderazgo de Mauricio Macri? ¿Cree que puede ir a elecciones con un proyecto propio?
-Trato de ser prudente en esto. No lo veo a él haciendo nada que tenga que ver con ser candidato, y me parece muy difícil en la política de hoy ser el líder de un espacio si no sos candidato o potencial candidato. Al mismo tiempo, el PRO, si bien se mantiene y gobierna la Ciudad de Buenos Aires con buenas armas y es lógico que la quiera mantener, todavía no tiene candidatos a presidente. No le veo proyección nacional. Es un aliado estratégico de este gobierno; sin el PRO un montón de leyes no hubieran podido salir. Me parece que también hay una agenda común, y hay muchos referentes comunes, (Federico) Sturzenegger, Patricia Bullrich, todo el equipo económico, (Luis “Toto”) Caputo, Lavinia, Bosilli. El deseo no cumplido del PRO, por diversas razones, hoy se está completando en mayor grado Milei.
-Hay un descenso de la inflación, mejora de las cuentas fiscales, un escenario macroeconómico más estable, pero en los hogares y las pymes el alivio no se ve reflejado. ¿Cuándo cree que se van a decantar esos resultados? ¿Cuánto puede esperar el argentino?
-Yo creo que lo vamos a ver en la segunda mitad del año, ojalá sea cuanto antes. Se empiezan a ver algunas cosas. Hubo un estrés financiero muy complicado en el segundo semestre del año pasado por las elecciones, no se sabía qué iba a pasar. Nosotros pensábamos que nos iba a ir bien, pero acordate de la primaria (las PASO de setiembre de 2025), los 13 puntos de distancia con (Axel) Kicillof. Se pagó con un primer semestre que fue discreto, en algunos casos malo. Ahora, en la segunda mitad del año vamos a ver una recuperación de moderada a buena que nos va a permitir llegar con otro plafón a las elecciones de 2027. Al mismo tiempo digo que todo lo que se está haciendo está bien. ¿La transición cuesta? Sí. Pero desde mi humilde sapiencia miro para atrás y digo “esto que se hizo no está bien, podríamos haber hecho otra cosa”. Pero es doloroso porque el estado en el que se reciben las cuentas de este país es calamitoso. Macro y micro son la misma cosa, la buena macro es buena micro, pero hay tiempo en las transiciones. El nivel de aprobación de Milei se mantiene bastante alto porque creo que el argentino entiende que el camino es el correcto.
-En caso de que no llegaran estos resultados en el segundo semestre, por ejemplo, ¿considerarías igualmente exitoso el plan económico? ¿Cuál es el parámetro para medir el éxito del plan de este gobierno?
-Depende de dónde lo enfoques, ya hay éxitos muy rotundos. Y hay cosas que para mí van a ser éxitos, igualmente rotundos, pero que todavía están en proceso. Se logró bajar la inflación fuertemente. Que alguien me venga a decir que la inflación no es microeconomía. Estábamos en una inflación del 30% mensual, pero estamos teniendo esa inflación anual. Sigue siendo altísima igual. El riesgo país, de irse a 2.400 a estar a punto de perforar 400 hoy. Las exportaciones son récord y empiezan a serlo en motores que todavía teníamos medio apagados, como la minería y la energía. Todo eso va a redundar en lo que todavía no logramos que se vean del todo: empleo de calidad, por ejemplo. También es verdad que tratamos de hacer una reforma laboral y encontramos resistencia; después la sacamos y la Justicia la frena. Queremos bajar impuestos. Como liberal, uno de mis parámetros sería ver cuántos impuestos bajaron y cuánto bajó la presión fiscal cuando termine este primer mandato, pero yo aspiro que vayan a ser dos mandatos y que vayan por ese sendero.
-Entonces sería necesario un segundo mandato para ver esos resultados.
-Totalmente necesario. Primero: revertir 70 años requiere de, por lo menos, ocho. Segundo: Milei va a ser el primer presidente en mucho tiempo, y me tendría que poner a pensar cuál fue el otro, que va a entregar un país mejor que el que recibió. Néstor (Kirchner) no lo hizo, le hicieron el trabajo sucio antes. Cristina (Kirchner) tampoco. Mauricio (Macri) tampoco. Alberto Fernández tampoco. Milei sí, en estos términos que estamos hablando de la macroeconomía.
-¿Qué lectura hace de que no haya prosperado el proyecto para flexibilizar la ley de tierras? ¿Cree que haberlo frenado antes del Senado fue por pragmatismo, para evitar la derrota, o fue un mensaje político?
-Mi viejo me enseñó que siempre que pasa algo malo, un poquito de la culpa te tenés que echar. Lo que creo que tuvimos no fue culpa, pero sí pudimos haber hecho las cosas mejor. Nos faltó explicar. Estamos yendo a muchos temas y me encanta que lo estemos haciendo. Por ejemplo, estamos trabajando fuerte en la reforma a la Carta Orgánica, que es un muy buen tema, muy importante, probablemente no tan popular. Estábamos todos compenetrados en eso que por ahí la ley de inviolabilidad de la propiedad se nos pasó un poco. También quedó en un momento raro, posmundial, se tiñó de un nacionalismo medio populistón. Ahora, no retiramos la ley. Vamos a boxes, a trabajar un poco más en comisión, la vamos a volver a presentar y tengo fe en que va a salir.
-¿Qué faltó explicar? Se hablaba mucho de la inversión, de cómo crecería el país con todo esto. Pero mismo en 2024, cuando se quiso directamente derogar esta ley, la Justicia dijo que el proyecto no explicaba de qué manera se iba a traducir la modificación en un beneficio económico y social.
-Primero nos faltó explicar una noción que en la ley de glaciares lo explicamos bien; en este caso es tierra, pero no se olviden de que este es un país federal. La tierra es pública o privada, pero los recursos naturales son federales. Este es uno de los aspectos que hace darle potestad a las provincias. También nos faltó explicar casos concretos, narrar historias de inversiones que hay por lo menos proyectadas. También lo agarraron los lobbies típicos de Amnistía Internacional, Greenpeace, y nos hicieron el desastre que nos hacen siempre. Con la ley de glaciares lo hicimos muy bien. Por eso me pone un poco mal que hayamos perdido esta oportunidad. Pero es una batalla, no es la guerra. La vamos a sacar.