EN PRIMERA PERSONA

Pedro Bordaberry relata cómo vive el proceso tras dar positivo de coronavirus

"Los orientales somos solidarios y es en estas circunstancias que aflora lo mejor de nosotros. En los momentos duros sale todo lo bueno que tenemos".

Pedro Bordaberry. Foto: Gerardo Pérez
Pedro Bordaberry. Foto: Gerardo Pérez

Lo primero que sentí fue cansancio. Pesadez en las piernas, un poco de malestar general. Calculé que era por el día de calor intenso y no le presté mucha atención. A los tres días volvió y me tomé la temperatura. Tenía un poco de fiebre. No me planteé que pudiera ser coronavirus

No había estado en Milán, ni en China, ni en Madrid, ni en el famoso casamiento.

Hacía 10 días había estado en Asunción. Viajamos 18 personas a un acontecimiento familiar. Ninguna de ellas, salvo yo, tuvo síntomas ni los ha tenido hasta el día de hoy.

Una sola diferencia: con mi señora nos volvimos un día antes y en otro vuelo, pero mi esposa no tuvo ni tiene síntomas.

“Debe ser dengue”, pensé.

En la duda seguí las indicaciones que ya eran conocidas, me recluí en casa y llamé médico a domicilio.

Descartaron el dengue. También la influenza. Seguí en autoaislamiento.

“¿Será neumonía otra vez?”, pensé.

Llevo cuatro episodios de neumonía en mi vida y el cansancio es uno de los síntomas. Pero no me sentía tan mal.

La doctora Criscuolo, seria, profesional y muy humana, fue clara: “Aislate que son todos los síntomas del coronavirus; voy a pelear para que te hagan el estudio rápido aunque no hayas estado nunca en las zonas y países complicados”.

A los dos días llegó el anuncio que no quería escuchar: “Dio positivo, yo misma me tengo que poner en cuarentena, te vamos a internar”.

El oxígeno me daba mal, los antecedentes de neumonías me jugaban en contra y ponían en peligro, la fiebre no se iba.

Apenas el tiempo para unas llamadas a los seres queridos para avisarles que tenía eso y me internaba.

“Quédense tranquilos que me siento bien, le voy a meter con todo”, les dije.

La llamada más complicada: “Vieja, tengo coronavirus, me internan, estoy bien, beso”, le dije a la voz que me atendió desde Durazno.

Se lo sospechaba, como sospechan todo las madres.

Son 90 años. Y no dijo más nada.

Mi hermana me dijo que agarró a las dos hermanas (88 y 85) para rezar a la Virgen. Con esa ayuda no me puede ir mal. Tiene línea directa arriba.

Mientras subían los enfermeros me acordé que hasta hace poco yo era una persona pública. “Esto se va a saber y más vale, en tiempos de redes sociales, que se sepa por mí, que vean que estoy bien y no generar incertidumbre”, pensé.

Grabé un mensaje antes de salir de casa mientras ya sonaba el timbre. Eran los de la ambulancia.

Mascarilla, silla de rueda, sirena, hospital.

En el camino le pasé la filmación por whatsapp al grupo de la familia, al de mis amigos y al de los compañeros de liceo (88 miembros tiene el grupo). Más eficaz que ponerlo en CNN.

Habitación a solas.

Entran dos veces por día enfermeros con tapabocas y una vez el médico (gracias de nuevo). “Tomate tú la temperatura y el oxígeno y nos lo pasás por teléfono”.

Quedás solo.

Ya no te interesa la tele. Te marea la pantalla. Querés leer y te cansa.

“Empezá a hacer algo o la cabeza te va a estallar”, me digo.

Pensar en los demás ayuda a aportar. Le agradecés a los enfermeros y enfermeras que entran a ver cómo estás. Al que te trae la comida, al médico.

Aprovechás cada minuto con ellos para agradecerles.

Esos son los héroes. Los que te cuidan cuando estás mal, a riesgo de su salud.

Mirás los noticieros y lees lo que dicen en las redes. Algún mal intencionado hace circular la fake news de que estoy en el CTI.

¿No tienen nada que hacer? Los desmiento rápido.

Uno ve lo que están haciendo desde el gobierno, la enorme crisis que enfrentan y cómo la están sacando adelante. A calidad, garra y corazón. Con temple y serenidad.

A la uruguaya.

Está claro: no podemos enfermarnos todos los uruguayos a la vez porque no hay lugar para todos al mismo tiempo en los hospitales.

Por eso tenemos que parar la curva de crecimiento.

Si vamos a caer con el virus vamos a caer de a poco, no todos juntos.

Por eso, lavate las manos. Si podés, quedate en tu casa. Cuidate tú, pero cuidanos a todos. A tu familia, a tus viejos, a tus hijos, a tus amigos, a tus vecinos, a todos los uruguayos. Esto va a pasar y la tenemos que sacar adelante entre todos.

Es lo mejor que tiene: solo salimos juntos, con solidaridad y trabajo conjunto.

Los orientales somos solidarios y es en estas circunstancias que aflora lo mejor de nosotros. Es en los momentos duros que sale de adentro todo lo bueno que tenemos. Así ha sido siempre y vuelve a serlo ahora.

Llegan los mensajes.

De la familia, de los amigos, los compañeros de trabajo, los compañeros de liceo, de los que te quieren y querés.

Solo, en la habitación, me emociono con cada uno de ellos y eso me da más fuerza.

“Vamos nosotros”, me escribe mi ídolo futbolístico.

“Vamos nosotros”, repito tres días después cuando me dicen que ya no está la fiebre, que mejoró el oxígeno y me mandan a casa.

Vamos nosotros que la sacamos juntos.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados