El martes a las 19 en la Universidad Católica se presenta “Operación Sallustro”, una novela de Pablo Sirvén, secretario de Redacción del diario argentino La Nación, que cuenta el secuestro y asesinato en 1972 de Oberdan Sallustro, un alto ejecutivo de Fiat, a manos del Ejército Revolucionario del Pueblo, un grupo guerrillero de orientación trotskista. De la presentación participarán los expresidentes Luis Lacalle Herrera y Julio María Sanguinetti.
Además de repasar su obra, Sirvén conversó con El País sobre la Argentina de entonces y de ahora así como de la violencia política en el Río de La Plata de hace cinco décadas. “La Argentina en los años 60 tenía un problema que era la proscripción del peronismo y entonces tuvo una sucesión alternada de gobiernos civiles débiles y dictaduras militares no tan feroces como la última, la del 76. Al mismo tiempo era una Argentina con solamente 4% de pobres, con figuras notables de la cultura como Jorge Luis Borges, y María Elena Walsh, artistas como Antonio Berni. Había una cultura bastante igualitaria por la educación pública. No tenía grandes problemas de deuda externa. En ese sentido, es una Argentina que se añora, comparada con el derrape que tuvo en las últimas décadas”, planteó Sirvén.
Sallustro había nacido de padres italianos en Paraguay y estudió y se graduó como abogado en el país de sus ancestros e incluso peleó como partisano contra el fascismo. Se destacó como futbolista al igual que su hermano Attila que brilló en el Nápoles. Profesional, estudioso, se preocupaba del bienestar de los trabajadores industriales de la empresa que dirigía. Estuvo detrás de la popularización de los automóviles en Argentina con modelos emblemáticos como el Fiat 600 -el “fitito”- al dirigir la principal filial fuera de Italia de la automotriz.
“En ese sentido, había muchas contradicciones en el secuestro de este hombre porque creo que apuntan a él porque era el gerente general de la empresa número 1 de Argentina en ese momento. Pero no era tan fácil como secuestrar a un, entre comillas, imperialista yanki porque era como afectivamente más cercano y porque además tenía todos estos resguardos y cuidados en la empresa hacia su personal. Otra cosa muy importante y la que más incomodaba a los guerrilleros del ERP es que el propio Sallustro había sido guerrillero. Entonces se derrumbaba un poco el tema del imperialista explotador”, sostiene el autor.
Como el secuestro y asesinato de Dan Mitrione en Uruguay, el de Sallustro pudo cambiar la percepción que se tenía de las guerrillas en la sociedad, asegura Sirvén.
“Desde luego. Porque yo creo que las organizaciones armadas tanto de Argentina como de Uruguay empezaron con actos que hasta podían caer simpáticos socialmente, a lo ‘Robin Hood’, de ir a repartir alimentos a un barrio carenciado. Luego los asesinatos se vuelven algo mucho más sombrío. Y además caen entre medio personas que no tenían nada que ver, ni siquiera con el objeto buscado a destruir, cae mucha gente de pueblo. En ese sentido, me parece parecido lo ocurrido con los tupamaros. En la trama de ficción yo hago entrar a este muchacho de clase alta argentina, hastiado un poco de su familia, que no encuentra rumbo, que era una cosa que sucedía bastante. Yo imaginé este chico de clase alta que empezaba a entrenarse aquí en el este uruguayo y después me enteré, cuando estaba investigando todo el caso Sallustro, que en realidad el episodio tenía una pata tupamara porque quien había manejado la camioneta Dodge que se le cruzó al auto de Sallustro, era uruguayo y había sido tupamaro, Andrés Alsina. Yo estuve hablando con algún miembro de Tupamaros y me contó que cuando fue desmembrada la organización acá en Uruguay varios de los miembros cruzaron el Río de la Plata y se alistaron en alguna de las organizaciones. Y esto está comprobado en el caso del ERP”, dice Sirvén.
Sirvén quiere que no se deje de considerar el dolor de las familias de las víctimas de la guerrilla. “Cada vez que puedo aclaro que mi libro no es negacionista ni justifica la dictadura militar. A mí parece que el accionar de la dictadura fue tan feroz que ha quedado como muy asordinado el tema de las víctimas de la guerrilla. En Argentina está la teoría de los ‘dos demonios’ que intentaba equiparar la violencia de la guerrilla con la violencia de la dictadura militar. Tengamos bien en claro que una violencia política ejercida desde el aparato del Estado es mucho peor. Lo que no justifica que a las víctimas de la guerrilla se las trate de invisibilizar. Como que las familias que tuvieron ese dolor fueran casi como apestados”, aclara.
El gobierno se dispara en los pies
Sirvén cree que no hay indicios firmes de que Argentina vaya a dejar de ser volátil. El presidente Javier Milei está nuevamente “muy irascible” porque la desaceleración inflacionaria es lenta. Y los sectores económicos que crecen no son intensivos en mano de obra, plantea Sirvén. “El problema del gobierno argentino es que no deja de tirarse tiros en los pies. Tiene errores por su propia torpeza y su propia porfiadez. Me remito al tema del jefe del gabinete (Manuel Adorni) que desde hace dos meses es casi un tema excluyente. Y el gobierno, encaprichado en no correrlo, está pagando costos cuando el jefe de gabinete es una figura que se puso en la reforma constitucional de 1994 para que sea una suerte de fusible del presidente. Pero acá se invierten los roles y el presidente está siendo el fusible de Adorni. Mientras tanto, no puede manejar la agenda política porque todos los días hay alguna novedad sobre este personaje y entonces a la pregunta de qué puede pasar..., la política argentina es una montaña rusa constante sin planicie. Todo es posible”, dice Sirvén.