El parador durante muchos años tuvo un enorme cartel publicitario en el techo a dos aguas que decía Nevada, e incluso era conocido por el nombre de esa marca de cigarrillos. Otrora fue el Club Playa Hermosa y más recientemente, hasta hace cuatro años, se dictó allí la Licenciatura en Lenguajes y Medios Audiovisuales de la Universidad de la República. En 2022 fue la última clase, ya que el curso se trasladó a la sede central del Centro Universitario Regional Este (Cure) en Maldonado. El debate ahora pasa por resolver si el edificio toma otro rol o, ante el deterioro, se demuele.
La polémica llegó al seno del Municipio de Piriápolis, que abarca también a esta zona del departamento. Días atrás concurrió el intendente nacionalista Miguel Abella al Concejo Municipal y planteó la idea de la demolición, que ya se había sugerido semanas antes y por eso un grupo de vecinos había empezado a movilizarse. El pasado martes, en una sesión extraordinaria del Concejo, a iniciativa del alcalde también blanco René Graña se votó a favor de la propuesta de demolición del parador, así como también se aprobó otra propuesta que se había planteado: quitar las aerosillas que unen el puerto de Piriápolis con la cima del cerro San Antonio.
Según reconstruyó El País, horas más tarde, en la sesión ordinaria del Concejo que se realizó el jueves de mañana con una concentración de vecinos contrarios a ambas propuestas en las afueras, cambiaron las mayorías. Las actas de la sesión anterior no se aprobaron y por tanto la demolición, al menos en la visión de este órgano, quedó en suspenso a la espera de recibir a distintas delegaciones que quieran opinar sobre el tema. El Concejo es consultivo y no decisor, y por tanto la Intendencia de Maldonado podría de todas formas continuar con sus planes de demolición si así lo determinara.
El País intentó contactarse con la Intendencia de Maldonado y con el alcalde Graña, pero no tuvo una versión oficial. Tiempo atrás fuentes de la comuna habían confirmado la intención de la demolición, pero no está claro qué se hará ahora que el Concejo puso en suspenso su decisión final.
Riegos de desprendimiento y las posturas sobre el histórico parador
Las fuentes consultadas para esta nota indicaron que los argumentos que ha planteado la comuna van en dos líneas: por un lado la recuperación de las dunas —el parador se encuentra entre la ruta costanera y la playa— y, por otro, que el edificio tiene riesgos como la caída del revoque. Sobre este segundo punto, cuando la Facultad de Artes ya manejaba la posibilidad de abandonar el lugar, una arquitecta de la Udelar elaboró un informe a pedido del coordinador de la licenciatura sobre la situación del techo de uno de los salones porque tenía desprendimientos.
La arquitecta dijo que, tras una inspección ocular de un ingeniero, la situación revestía "mayor gravedad" que la que había motivado la consulta porque "el estado de conservación general es malo, existiendo riesgo de desprendimiento de revoque y de bovedillas (parte constitutiva de la cubierta), tanto en el interior como en espacios exteriores del edificio (debajo de los aleros)".
Se sugirió clausurar la habitación que había motivado la consulta y también los "sectores afectados" por desprendimientos, y se indicó que la continuidad de la facultad allí debía implicar la contratación de una empresa para realizar un control de riesgo, es decir, hacer caer todo el material flojo.
Los vecinos que reclaman que el edificio quede en pie afirman que ni en este ni en ningún otro informe de especialistas se habla de un peligro de derrumbe, y que por tanto el edificio es reparable. Cuenta en sus alrededores con dos canchas de pádel y una de básquetbol, las tres a cielo abierto, y un área que habitualmente se usa como estacionamiento. Se trata de una zona con gran afluencia de autos en verano por personas que buscan acceder a esta playa, una de las más populares en la zona de Piriápolis.
La propuesta de los vecinos para salvar el edificio y frenar la demolición
Olga Rivero, una de las concejalas frenteamplistas que se opone a la demolición, aseguró a El País que ninguno de los argumentos de la intendencia para demoler el edificio tienen asidero: "El parador no tiene un deterioro tan grande como para que se destruya" y, por otro lado, "en lo que menos piensan es en la recuperación dunar de la costa, porque si no no estarían construyendo como construyen en Punta del Este sobre la costa". En su opinión, detrás de estos argumentos "tienen la idea de venderle a un privado" el predio en el que se levantó el parador.
"Es un edificio recuperable, Piriápolis ha crecido mucho y necesita espacios. Sirve no solo para un restaurante porque es muy grande el espacio, la idea de los vecinos es bastante más ambiciosa", dijo y aseguró que podría haber inversores privados dispuestos a poner dinero.
Precisamente, hay una comisión de vecinos presidida por Ángel Ramírez, quien recordó a El País que si bien el predio pertenece a la intendencia el edificio fue construido con dinero de habitantes de la zona. Se trata de un parador levantado en la década de 1970 y que cuenta en total con 1.700 metros cuadrados, explicó. A entender del grupo que lidera, que haya desprendimientos de revoque no significa que no pueda recuperarse.
Para Ramírez, el intendente Abella concurrió al Concejo Municipal buscando una mayoría que le "quitara responsabilidad" a él por la demolición, aunque parezca ser "una decisión que ya tiene tomada".
El presidente de la asociación vecinal elaboró un proyecto alternativo en el que participó un arquitecto. La idea, dijo, tomó aportes de otros habitantes y finalmente la intención es elevarlo al intendente, a quien se le envió una carta que aún no tuvo respuesta. El objetivo es recuperar el edificio y las canchas aledañas, dejar una parte en concesión para un restaurante y otras para eventos y fiestas.
"Queremos involucrar a la intendencia porque tiene un valor comunitario pero si no quiere proporcionar los recursos ya sabemos qué puertas tocar para hacer la reestructuración inicial", explicó.